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 El Despertar

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calvo

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MensajeTema: El Despertar   Lun Oct 13, 2008 1:46 pm

A modo de primicia (bueno y por animar un poco la sección), dejo los tres primeros capítulos de la precuela de “El Camino de la Cabra” (unas 12 páginas) para que podáis ir viendo por donde van los tiros (nunca mejor dicho) y de paso opinar/criticar/poner a parir el artefacto.


El Despertar

I Esta, es la última vez

Calor. Mientras el vehículo todo terreno, se dirige a respetable velocidad, por una pista con más piedras que el riñón de mi primo Walter, lo único que se me pasa por la cabeza, es que hace demasiado calor para esta mierda. De echo, ¡ que cojones !. Hace demasiado calor para cualquier tipo de mierda.

- Lo juro – digo más para mí que para mi chofer -. Esta, es la última vez.

El sudoroso nativo, ignora mi comentario y continua realizando su tarea, de un modo que me hace dudar, entre si pretende joder el vehículo, batir algún tipo de record sobre número de baches pillados o simple y llanamente, tocarme las pelotas. En cualquier caso, aunque sólo sea para oír algo aparte del traqueteo de los motores, agrego:

- Bueno… o la penúltima.

Pero diga lo que diga, la única verdad, es que ya van demasiadas últimas veces. De echo, la última vez, fue casi verdad. Después de un trabajo especialmente húmedo en Irak, decidí recoger mis fichas y retirarme del juego. Pero hace apenas cuatro meses, me encontré con Iván en uno de esos garitos que no acostumbran a aparecer con buena puntuación en las guías del ocio.

A pesar de su aspecto de oso depilado, Iván no es mal tipo. No creo que ese sea realmente su verdadero nombre, pero le pega. Supongo que procede de algún país donde hace frío, se destila licor casero y las mujeres no se depilan el bigote ni las piernas. Le conocí en Bosnia y me cayó bien al instante. Desde entonces, coincidimos de vez en cuando aquí y allá. No siempre en el mismo bando. Los dos hemos estado alguna que otra vez en el punto de mira del otro y ambos hemos fallado el disparo que nos hubiera sacado del juego, lo cual, es casi como si hubiéramos intercambiado fluidos corporales. En realidad, dudo que mi ex mujer hubiera fallado el disparo en idénticas circunstancias. Después de unas cuantas copas y ponernos al día, la conversación fue degenerando hacia los temas de siempre. Poco después, de que el hombretón me soltara su alegato contra los pubis depilados y exaltara convenientemente, las virtudes de una entrepierna femenina, que pareciera la cabeza de un actor de blaxpotation, fue cuando me habló de “un trabajo fácil, relativamente seguro y bien pagado”.

A pesar de que me mostré adecuadamente escéptico al respecto, debo reconocer que la cosa no pintaba del todo mal. El tinglado, no lo manejaba Executive Outcomes, ni ninguna de las empresas habituales en ese ramo. Tampoco se trataba de proteger algo a priori demasiado jugoso como una mina de diamantes, sino una excavación arqueológica de medio pelo. Por lo que pude entender, unas prospecciones en busca de uraninita, descubrieron lo que podían ser restos arqueológicos de cierto interés y inscripciones en sanscrito o alguna lengua muerta del año de cascorro. La zona era tradicionalmente evitada por los locales, ya que según ellos, el mal, vampiros africanos, el hombre del saco, el monstruo rococó y puede que hasta una panda de paletos endogámicos caníbales, se encargara de asesinar atrozmente a todo el que se aventurase allí. Lo que por un lado, dificulta la contratación de personal local. Pero por otro, facilita las labores de protección de la instalación.

Resumiendo, el trabajo se limita a proteger el trasero de un grupo de arqueólogos, lingüistas y frikis con gafas de pasta. El gobierno local, convenientemente lubricado con dinero, les ha dado permiso para llevar a cabo sus investigaciones y actividades, pero también fueron claros respecto a que no podían garantizar su seguridad en esa zona, situado en uno de los rincones más purulentos del culo del mundo. Lo que en ese rincón del planeta significa más o menos: “buscaos la vida como Orzoguei”. El presupuesto, no da para pagar a una de las empresas que generalmente se encargan de dar seguridad en este tipo de situaciones, pero aquí es donde entra el primo de Iván, un tipo emprendedor, al que una mina antipersonal retiró del negocio familiar y decidió reciclarse en empresario. Para él no hay negocio pequeño y con sus lemas “somos una empresa familiar” y “si ellos cobran cuatro, nosotros lo hacemos por tres”, el tipo aspiraba a arañar unas migajas del gran pastel, que llevaba alimentando a su familia desde generaciones.

¿Qué puedo decir?. Lo malo del dinero, es su desagradable tendencia a evaporarse y aun recuerdo como si fuera ayer las palabras de Iván cuando me dijo: “tal como yo lo veo, puedes escoger entre quedarte aquí o venirte con tu camarada Iván al paraíso de los chochos peludos. Puedo entender que escojas dejar a tu camarada en la estacada si tienes a una ninfómana de tupido bello púbico rojizo esperándote en el catre, pero de no ser así, los dos sabemos que lo mejor que puedes hacer, es venirte conmigo. ¡Buen sueldo!, buenos amigos, buena comida y buen clima ¿Qué más se puede pedir?.

Y aquí estoy una vez más. En algún rincón de África, el continente donde un condón roto, puede ser más letal y doloroso que una bala, con un clima de casi cuarenta grados y sospecho que perdido en una zona, que sería totalmente incapaz de situar siquiera de un modo general, en un mapa de la zona.

No es que Iván no dijera la verdad. A pesar de que no contamos con los medios que contaríamos de estar trabajando para Black Water o Executive Outcomes, el sueldo es casi igual de bueno y por el momento, el ambiente de trabajo es bastante distendido.

Al principio, durante un par de cálidas y sudorosas semanas, en las que, armados y equipados hasta los dientes, patrullamos la zona arriba y abajo montados en los destartalados todo terreno, que algún pariente inconcreto del primo de Iván nos había conseguido, supongo que nos lo tomamos bastante en serio.

Yo mismo, sentía que me derretía como un helado en un solarium, mientras los cuatro arqueólogos británicos, más excitados que un pajillero ante un ejemplar de Private, descubrían unas piedras verdosas y ligeramente radioactivas, llenas de extraños gravados, que definieron como anteriores a la escritura cuneiforme. Lo que para mi no significa absolutamente nada, pero hizo que las dos lingüistas, se devanaran los sesos durante semanas estudiándolas. Después de eso, empezamos por quitarnos las placas de los chalecos antibalas… poco después, empecemos a prescindir de los chalecos y actualmente, tengo más aspecto de actor de serie Z, disfrazado para protagonizar una imitación barata de “Cocodrilo Dundee” que otra cosa. Pero precisamente hoy, ha tenido que joderse lo que en palabras de Iván es: “la mejor radio del mundo, dura y fiable no como esas mierdas ultra tecnológicas de los yankis”. Es decir: una radio del ejército ruso, que no me extrañaría que procediera del mismísimo acorazado Potemkin.

Lo cierto, es que para sus años y aspecto, el cacharro se ha portado. Pero justamente hoy, que hace un calor de mil demonios y que a mi me toca encargarme de “dar apoyo a incidencias” (lo que significa, tumbarme a beber cerveza fría a no ser que ocurra algún imprevisto del que tenga que ocuparme), se ha perdido el contacto radio entre el campamento (situado a unos cuarenta quilómetros) y la zona de la excavación. Es una auténtica jodienda, el tener que “montar el chiringuito” tan lejos de la zona, pero los indígenas, evitan ancestralmente ese lugar como la peste. No es que me sorprenda, teniendo en cuenta la cantidad de leyendas a cual más oscura e inquietante, que circulan sobre esa zona. Si la cosa se prolonga (y tiene pintas de que así va a ser) y si los que han contratado este tinglado, obtienen una subvención para estirar su presupuesto, se montará un campamento en condiciones allí, pero hasta entonces, ese pueblecito de nombre impronunciable donde nos hemos instalado, es el lugar más próximo en contar con servicios básicos.

El encontrar mano de obra en la zona, fue otro de los problemas. Aunque no suele ser cara de contratar, por más que dinero que les ofrecieran, los habitantes del pueblo eran absolutamente reticentes a internarse en la zona. Así que empezaron a buscarlos a cientos de quilómetros de distancia, hasta que finalmente, a base de turbias empresas de trabajo temporal, reclutaron a un heterogéneo grupo de conductores, porteadores y peones de diverso origen. Desde egipcios y marroquíes a turcos.

- Estamos llegando efendi.

La voz del silencioso conductor, me devuelve al presente. En efecto, en un horizonte borroso por el calor, se perfilan ya las inconfundibles siluetas de las grandes tiendas modulares, y de los altos focos destinados a iluminar el perímetro. A medida que avanzamos, me va quedando cada vez más claro, que algo anda mal.

- Parece que hay un herido.

Aunque tengo mis dudas sobre si mi conductor ha entendido mis palabras, se dirige hacia el grupo de siluetas, que se encuentran agachadas alrededor de un cuerpo tendido. La distancia, es por el momento demasiado grande como para poder distinguir de quien se trata o de que es lo que ha sucedido. Insolación, picaduras de bichos ponzoñosos, disentería… la lista de posibilidades no es precisamente pequeña.

- ¡Joder!.


Última edición por calvo el Mar Dic 02, 2008 4:04 pm, editado 2 veces
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MensajeTema: Re: El Despertar   Lun Oct 13, 2008 1:47 pm

II Riesgos laborales


El vehículo frena en seco, cuando el conductor ve lo mismo que yo. Por los restos de ropa y las botas, sé que lo que queda del cuerpo que se encuentra tendido en el suelo, pertenece al tipo al que llamábamos “Chinchulines”, desde que una vez insistió en cocinarnos una “delicia local de su tierra” a base de intestino sin limpiar. Aparte de eso, era un buen tipo. No se merecía acabar así. A su alrededor, un nutrido grupo de trabajadores, se alimentan de su cuerpo, como si de una enloquecida manada de hienas se tratara.

- No me lo puedo creer... – murmuro.

Los enloquecidos trabajadores, parecen demasiado ocupados en su pitanza como para prestarnos atención, pero no me atrevo a salir del vehículo. ¿Qué se supone que debe hacer uno ante una enloquecida horda de trabajadores mal pagados?.

Me dispongo a informar por radio de la situación, cuando el chofer, que se ha quedado más blanco que el papel, señala hacia una de las cabinas de plástico que se utilizan como cagadero. Asomada a su puerta, Julie, una de las expertas en lenguas muertas, mueve los brazos tratando de llamar nuestra atención.

Puede que ella sepa que diablos ha sucedido aquí. La canibalesca horda, no parece demasiado interesada en otra cosa que no sea comer, pero eso puede cambiar en cualquier momento.

- Ve hacia ella muy despacio – ordeno al conductor.

El tipo, me mira como si acabara de sugerirle que se diera un atracón de excrementos y parece igual de dispuesto a obedecerme. Mientras el tipo niega con la cabeza, agarro fusil de asalto y introduzco ruidosamente una bala en la recámara.

- Haz lo que te digo o baja del vehículo – le invito.

El tipo farfulla una rápida retahíla de palabras en su idioma, mientras introduce la primera marcha y pisa suavemente el acelerador. Si el todo terreno se cala, estaremos muy jodidos. No me cabe duda, de que el grupo de tarados, es muy capaz de hacernos volcar y si eso ocurre, tendremos muchas posibilidades de convertirnos en el segundo plato de esa panda de zampatripas.

Empiezo a pensar que pasaremos junto al dantesco espectáculo, cuando uno de los comensales, se incorpora violentamente y se arroja prácticamente contra el todo terreno, al más puro estilo kamikaze. Su cabeza se estrella contra la ventanilla de mi lado, rompiendo el durísimo cristal. Eso es demasiado para los nervios del conductor, que acciona el cambio de marchas y acelera violentamente.

Gritamos obscenidades en nuestros respectivos idiomas, mientras el vehículo, se avanza hacia la cabina cagadero. Unos gritos que no parecen surgidos de seres humanos, hacen que dirija la mirada hacia el retrovisor lateral, que me confirma, que la horda de dementes caníbales, ha abandonado los restos de Chinchulines, para interesarse por nosotros. Por desgracia, el conductor ha debido hacer lo mismo, apartando la vista del frente. Algo revienta la rueda derecha y nuestro vehículo, se empotra contra la cabina-cagadero. Al no llevar abrochado el cinturón de seguridad, soy empujado hacia delante por la inercia y mi cabeza se estrella contra el parabrisas. Aunque la velocidad tampoco era demasiado alta, me llevo un buen golpe. La lingüista, golpea desesperadamente contra la puerta suplicando que la dejemos entrar. El golpe no me duele demasiado, pero me siento algo aturdido y una herida sobre mi ceja izquierda, necesitará unos puntos de sutura. Nada grabe al lado de lo que necesitaremos si no nos largamos pronto de aquí.

Quito el seguro de la puerta a tiempo de ver como Mr. Warred, el eminente arqueólogo, que debía encontrarse dentro de alguna tienda modular, agarra a la muchacha por detrás y le propina un tremendo mordisco en el hombro.

- ¡Pero que cojones ! – exclamo sorprendido.

Golpeo con la culata del fusil de asalto, en la cara del “gentleman”, mientras la lingüista, entra en el vehículo totalmente histérica.

- ¡Arranca! – le grito al conductor.

El tipo hace verdaderos por obedecer, pero como si de una mala película de terror se tratara, el motor no parece estar por la labor.

Soy bañado por una llovizna de fragmentos de cristal, cuando varias manos desnudas, lo atraviesan. Julie, grita aterrada.

- ¡ A la mierda!.

Disparo con el arma a ráfaga a través del boquete de la ventanilla. Los ardientes casquillos, rebotan contra el parabrisas y alguno me golpea la cara, pero veo como varios cuerpos se desploman al ser acribillados por las balas, aunque son inmediatamente substituidos por otros. Esta gente está definitivamente majareta y carece del menor instinto de autoconservación.

Por fin, el conductor consigue poner en marcha el motor. La marcha rasca de un modo horrible, cuando introduce la marcha atrás. Pero la cuestión, es que nos movemos. Separándonos del cagadero.

Mientras nos separamos, Tengo que golpear con la culata el agrietado parabrisas, para hacer un boquete a través del cual podamos ver algo. Aparte de los restos de la apestosa cabina de plástico, veo a media docena de cuerpos tendidos en el suelo y al resto de los trabajadores y al eminente arqueólogo, dirigirse hacia el vehículo profiriendo escalofriantes gritos.

- ¡¿Pero que cojones les pasa?!.

Pero en lugar de obtener una respuesta, la lingüista se limita a gritar aterrorizada, lo que no me es de demasiada ayuda. El conductor, que ya ha conseguido separarse lo suficiente, frena para cambiar de marcha y entonces veo a Malik, el enorme capataz caminando como si tal cosa, con una expresión triunfal en el rostro. Julie también le ve y me grita señalando en su dirección.

- ¡ Mátale!.

Pero el conductor, que ya ha tenido suficiente por hoy y ya ha cambiado de marcha, acelera y el vehículo a pesar de la rueda pinchada, se aleja del lugar.

Recorremos no menos de media docena de quilómetros, antes de atrevernos a parar con la llanta de la rueda derecha, totalmente destrozada. Mientras el alterado conductor, se encarga de cambiar la rueda, cojo el botiquín y me dispongo a tratar la mordedura de la lingüista y de paso, intentar descubrir que es lo que ha ocurrido. Porque, aunque tendría que estar informando a la base del incidente… no tengo ni la menor idea de que decirles. Así que, mientras empiezo a regar la mordedura con agua oxigenada, aprovecho para preguntarle a la muchacha, que aun parece en estado de shock:

- ¿Qué es lo que ha ocurrido?.

Ella niega con vagos movimientos de cabeza.
Tomo la pequeña botella de sulfamidas y las espolvoreo sobre la herida, antes de volver a preguntar:

- ¿Les incitó Malik a -… vacilo unos segundos en busca de la palabra adecuada – revelarse?.

- ¡Ese no era Malik!.

La violenta respuesta me sobresalta ligeramente y recuerdo una vieja conversación con uno de los presuntos primos de Iván, en la que ante una semi vacía botella de rakia (el lo pronuncia “rakija”) se quejaba amargamente, de que la guapa lingüista, despreciara sus insinuaciones sexuales, para según sus palabras textuales “contribuir a la degradación de la raza follándose a un moro”. Malik debía ser su “cuchi cuchi” y debe haber cientos de mejores maneras de terminar con una relación o con un rollete, pero ahora necesito respuestas.

- ¿Cómo empezó esta locura ?.

- Los trabajadores debieron liberarlo – responde con un tembloroso hilo de voz.

- ¿Liberar?.

Ella termina de derrumbarse y se limita a cubrirse la cara con las manos, mientras llora más que una quinceañera ante el final de Titanic. Es obvio, que no obtendré respuestas aquí. Por lo menos, no a corto plazo. Así que coloco una gasa estéril sobre la herida y la sujeto lo mejor que puedo con un vendaje antes de volver a centrar mi atención en la radio.

Vacilo unos segundos antes de establecer comunicación con el campamento base. “Chinchulines” está muerto sin lugar a dudas pero que les habrá pasado a ¿los otros tres hombres del turno de vigilancia?. Supongo que no es imposible que por lo menos alguno de ellos, haya podido refugiarse o escapar, aunque lo lógico, es que hubieran aprovechado mi llegada como hizo Julie. ¿Qué es lo que hizo que los trabajadores enloquecieran?. Lo que sea que les ocurrió, también ha afectado al profesor Warred, el más eminente de los arqueólogos de la expedición.

- La rueda está cambiada efendi – me comunica el ahora enfermizamente pálido conductor.

Asiento con la cabeza y pulso el botón de transmisión.

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MensajeTema: Re: El Despertar   Lun Oct 13, 2008 1:48 pm

III Verdades y versiones


Finalmente, opto por dar los mínimos detalles necesarios. Comunico el código, que indica que la zona de trabajo ha sufrido un ataque grabe. También informo mediante las claves establecidas, de que hemos sufrido bajas y por supuesto, de que la situación esta por completo fuera de control.

La respuesta, no se hace esperar. El propio Iván en persona, me impone el silencio radio antes de ordenarme que regrese inmediatamente a la base.

Julie, permanece en silencio durante el viaje de regreso. A mi llegada al campamento, veo que Iván ya ha movilizado a todo el personal de reserva y descanso, que se encuentran equipándose con todo lo equipable a pesar del calor. No queda en el ambiente, ni rastro de la laxitud que esta mañana se respiraba en el ambiente.

Mientras dos enfermeros, se hacen cargo de la afligida lingüista, uno de los familiares de Iván, invita al conductor a tomar algo. Aunque el tipo no parece muy entusiasmado ante la invitación, le acompaña en silencio. Los dos sabemos, que el jefe no quiere filtraciones de información, especialmente, cuando ni él mismo sabe aun que es lo que ha ocurrido. Así que para enterarse, el propio Iván, equipado con un sudado blindaje antibalas, al que ya ha enganchado varias granadas antipersonal, viene directamente a mi encuentro.

Los dos guardamos silencio, hasta encontrarnos sentados frente a una botella de rakia, en el interior del edificio, que ejerce las funciones de puesto de mando. Durante un par de minutos, le digo a Iván lo que sé, mientras mueve afirmativamente la cabeza. Al terminar pregunta:

- ¿Qué hay de los otros muchachos?. ¿Estaban entre los atacantes?.

Con “muchachos” Iván se refiere a nuestros hombres. Los trabajadores para él, son los “negros” (independientemente del color de su piel) y los “paquetes” son los arqueólogos y lingüistas.

Niego con la cabeza.

- No, salvo el profesor, todos eran trabajadores. A excepción del pobre “chinchulines”, no vi a ninguno “de los nuestros” ni vivo ni muerto. Supongo, que no es imposible que alguno consiguiera escapar… - dejo la frase en suspenso en lugar de añadir que lo dudo.

- ¿Viste los vehículos?.

Hago memoria. Recuerdo vagamente, que tanto los dos vehículos todo terreno, como el camión, seguían aparcados en su lugar habitual.

- Creo que estaban todos aparcados.

Mi interlocutor se frota la barbilla pensativamente. Da un largo trago a la botella antes de ofrecérmela. El licor me quema en la garganta, pero me las apaño para no inmutarme mientras deposito de nuevo la botella sobre la mesa.


- Entonces – prosigue Iván -, los muchachos han muerto.

No añado nada más. Si no se dejaron ver, ni escaparon a bordo de algún vehículo, lo más probable es que también ellos hayan sido asesinados.
- Así que la única superviviente no afectada, es esa zorrita – su acento deforma la palabra que casi suena como “zoguita” -, curioso.

Los dos guardamos silencio. ¿Por qué es Julie la única superviviente?. ¿Qué ocurrió con el resto de los vigilantes?. Si están muertos como todo parece indicar, significa que al igual que la lingüista, no fueron afectados por lo que sea que enloqueció al arqueólogo y los trabajadores. La conclusión es casi obvia: sea lo que sea lo que les enloqueció, se encontraba o fue arrojado a la excavación. Nuestros “muchachos” se encontrarían patrullando el perímetro y la lingüista estudiando las inscripciones en el exterior y eso les libró de los efectos, directos, aunque luego fueron asesinados por la horda de enloquecidos trabajadores. Por eliminación, Malik debió ser el responsable, pero aunque utilizara una máscara anti gas, ¿Por qué motivo él no fue atacado por los enloquecidos trabajadores?.

Estoy a punto de aventurar mis conclusiones en voz alta, pero mi interlocutor es más rápido:


- ¿Una epidemia de rabia? – pregunta Iván con escasa convicción -. Todo es más virulento y infeccioso en este puerco continente.

Niego con la cabeza.

- No soy médico, pero hasta yo sé que el periodo de incubación de…

- ¡Tú lo has dicho! – me corta el hombre -, no eres médico y yo tampoco. Así que solucionaremos esta mierda con discreción y nuestra versión de los hechos, será la de un incidente producido por una infección de rabia.

Probablemente es mi mirada de desconcierto, la que hace que Iván añada en tono conciliador:

- Mira, los dos sabemos que los virus y esas mierdas mutan. Además, este es el primer trabajo de esta empresa y no podemos joderla.

¡Así que se trata de eso!. No queremos publicidad negativa. Pero al fin y al cabo, todos estamos en esto por dinero así que asiento afirmativamente.

- Me parece bien que esa sea la versión oficial, pero entre nosotros… había algo rematadamente raro allí.

Mi interlocutor, da otro más que generoso trago del fuerte licor antes de responder:

- Los dos hemos visto ya muchas cosas raras. Pero mi primo Andrei ha invertido todo su dinero en esta empresa y …

- ¡ Tu primo Andrei no está aquí! – le corto -. ¡ No vio como se comían las tripas de “chinchulines”!, ningún puto tarado atravesó el cristal de su vehículo con el melón.

La pequeña habitación queda en completo durante un par de segundos.

- No existe ningún primo Andrei – dice Iván ahora con voz lo suficientemente baja, como para que sólo nosotros dos podamos oírlo.

La revelación me sorprende.

- ¿De donde sacaste el dinero para montar todo este tinglado?.

- Se lo pedí prestado a la mafia. Esperan recuperarlo con intereses.

- ¡ Mierda!.

Tomo la botella de rakia y hago que el licor baje ardiente por mi garganta en dirección hacia mi estómago. Los dos sabemos demasiado bien, lo que le pasará a Iván si no puede devolver el préstamo, con los intereses (sin duda draconianos) que hayan acordado.

- No me importa el motivo por el que el bastardo de Malik nos ha jodido. Puede que sea un integrista o que trabaje para otro museo o para traficantes de antigüedades. Sea lo que sea lo que encontraran hoy en esas ruinas, debe ser lo bastante valioso, como empujarle a cometer esas atrocidades. Así que – continua el hombre tomando aire -, iremos allí, recuperaremos el botín y solucionaremos el asunto.

- ¡No tan rápido!. Me parece bien que de cara a la patronal le echemos la culpa de todo este desaguisado a la rabia, hasta que sepamos que es lo que está ocurriendo exactamente. Pero esto apesta a utilización de algún tipo de arma química. Incluso puede que su estado sea reversible.

- ¿Algo como el LSD?.

- Puede ser. Pero sea un virus, una substancia alucinógena o un agente nervioso, deberíamos utilizar protección NBQ.

No es que la idea de volver a la zona equipado con el incómodo traje y máscara de protección contra elementos nucleares, biológicos y químicos, me parezca demasiado atractiva y mucho menos, con este calor asfixiante. Pero si Malik está empleando algún tipo de bastardez química contra nosotros, no quiero terminar como Mr. Warred.

- Está bien – acepta mi interlocutor con voz cansada -, utilizaremos los jodidos “enebecú”.

A pesar de sus palabras, algo en su mirada, me hace sospechar que habrá pegas con los trajes de protección.

- Mientras organizo el tema – continua Iván -, podrías hablar con la zorrita. La muy perra se estaba tirando a Malik. No me sorprendería que estuvieran compinchados.

- Lo dudo – digo casi más para mi mismo que para mi interlocutor, mientras medito esa última posibilidad -, salvo el pellejo por los pelos.

- Si bueno. Tú habla con ella y averigua lo que puedas.

Asiento sin decir nada más, mientras me pongo en pie para dejar la habitación. De camino a la enfermería, me encuentro con “marbellita”, un ex miembro de la legión española, al que conocimos en la ciudad de Mostar hace más de una década y que terminó por unirse a nuestro “gremio”.

- ¿Qué es eso de que nos han atacado con armas químicas?.

- No lo sabemos exactamente.

Mientras se sacude el rojizo polvo acumulado en la ropa, después de horas de patrulla, pregunta:

- ¿Y que es lo que sabéis exactamente?.

- “Chinchulines” está muerto – empiezo -, otros tres hombres probablemente también, los trabajadores aparentemente han enloquecido y son extremadamente peligrosos. Oficialmente se trata de una infección de rabia especialmente virulenta.

- ¿Rabia?, eso no se lo traga nadie.

- Servirá hasta que sepamos que es lo que ha ocurrido. Pero sospechamos que Malik ha podido utilizar algún tipo de mierda química, que enloqueció a los trabajadores. Tendrías que haber visto a ese puto estirado de mister Warred.

“Marbellita” silva.

- Nuestro plan de protección, se basaba en patrullas para interceptar a los intrusos antes de que estos llegaran al objetivo, pero no teníamos previsto un ataque desde dentro y con toda la chusma que hemos subcontratado a bajo precio…

Omito decir nada sobre los mafiosos y lo que le ocurrirá a Iván, si los directivos de los museos que dirigen este cotarro, deciden prescindir de nuestros servicios o cancelar las investigaciones antes de lo previsto.

- Solucionaremos esta mierda – digo con una convicción no del todo genuina – será mejor que vayas a equiparte. Salimos en un par de minutos… antes de que Malik pueda alejarse demasiado.

El pequeño edificio que hace las funciones de clínica, parece un cruce entre clínica veterinaria y laboratorio del doctor loco de alguna película de serie B. Las paredes de un sucio color que décadas atrás debió ser blanco, se encuentran cubiertas por esos cuadros de anatomía, que siempre me han parecido de lo más macabro, estanterías con viales, otras abarrotadas de medicamentos, con los que hemos abastecido a la clínica y lo que me resulta más inquietante, un feto humano con dos cabezas unidas por el costado, conservado en un líquido que supongo será formol. Ignorando el “atrezzo”, me dirijo hasta la camilla, en la que una guapa enfermera que siempre me ha recordado a una joven Halle Berry con problemas de anorexia, termina de inyectarle algo. El frágil aspecto de la muchacha, contrasta con el sólido y pesado aspecto del doctor Eric, uno de los escasos médicos africanos, que no ha emigrado para ejercer en Europa.

El doctor masculla algo en un idioma que soy incapaz de comprender, pero parece seriamente preocupado. Un simple vistazo a su paciente, es suficiente para comprender el motivo. El rostro de Julie, se encuentra pálido y sudoroso.

- ¿Cómo se encuentra? – pregunto sin dirigirme a nadie en particular.

Es el doctor quien se vuelve para responderme.

- Padece una sepsis en la zona de la mordedura – el hombre me mira ahora directamente a los ojos -, tenemos que evacuarla a un hospital ahora mismo.

- ¿Sepsis?.

- Una grave infección inflamatoria… - me aclara antes de añadir -, nunca había visto algo así.

No puede ser. No han transcurrido ni dos horas desde el… incidente. La herida del mordisco, fue relativamente superficial y la limpie y desinfecté antes de vendarla. El doctor debe estar equivocado y debe tratarse de algún tipo de reacción a lo que sea que utilizaron para enloquecer a los trabajadores.

- ¿Puedo hablar con ella? – pregunto con escasa convicción.

El doctor está a punto de responder, cuando la voz de la lingüista, nos sobresalta a ambos al gritar:

- ¡ Le hemos despertado !– contrastando con el fuerte grito, Julie añade con apenas un débil hilo de voz -, estaba encerrado y ahora… lo consumirá todo.

El gigantesco médico mueve la cabeza negativamente.

- Delira – me explica.

Eso, significa que no obtendré respuestas. Durante un par de segundos, medito en la posibilidad de mencionarle al doctor Eric, la posibilidad de que la muchacha haya estado expuesta a algún tipo de arma biológica, pero finalmente pregunto sin terminar de saber muy bien el motivo.

Doctor, ¿es posible que se trate de un caso de rabia especialmente virulento?.

- ¡Eso es absurdo!, el periodo de incubación…

- Sí, eso pensé – le corto.

Me doy la vuelta y abandono la clínica y me dispongo a reequiparme. Cinco minutos más tarde, descubro entre sorprendido e indignado, que aunque tenemos máscaras y filtros de sobras, no hay trajes NBQ para todos. Lo que hace que su utilización se convierta en optativa. El calor termina siendo el elemento determinante y aunque todo el mundo pilla una máscara y un filtro por si acaso, la mayor parte de los trajes quedan abandonados.


- Que coño.
Después de todo, hace demasiado calor. Así que, aunque cojo el macuto que contiene el traje protector, me limito a dejarlo en el vehículo… sólo por si acaso. Luego, mientras Iván termina de coordinar a los hombres para la operación de rescate, me equipo con un pesado chaleco antibalas dotado de placa de protección frontal y posterior, tomo tres cargadores extras para mi fusil de asalto y dos granadas de fragmentación. También aprovecho para tomarme una coca-cola, mientras veo como varios indígenas, abandonan el pueblo cargando con sus bártulos apresuradamente. Supongo que algún rumor se habrá filtrado entre la población. Dos trabajadores, se dirigen hacia la improvisada pista de aterrizaje de helicópteros con botes de humo en la mano. Eso, sólo puede significar que van a evacuar a la lingüista a un hospital.



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MensajeTema: Re: El Despertar   Lun Dic 01, 2008 12:12 pm

IV Rabia


El convoy de vehículos, se detiene cuando un par de tambaleantes siluetas, se recortan en el horizonte a apenas medio quilómetro del lugar del “incidente”.

Iván maldice en la que supongo es su lengua natal y eso, nunca ha significado nada bueno.

Uno de los francotiradores, que después de apearse de su vehículo, a apuntado en dirección a los cuerpos, a través de su mira telescópica de su arma, palidece.

- ¡Joder! – exclama asqueado bajando el arma -, que hijos de puta.

La distancia es demasiado grande como para que yo pueda distinguir lo que ambos ven, así que busco los prismáticos, que encuentro dentro de su funda. Al mirar a través de los mismos, me centro en uno de los cuerpos que avanza lentamente en nuestra dirección. Sin duda, se trata de uno de nuestros “muchachos”, pero el hecho de que parezcan haberle arrancado el rostro, hace casi imposible estar seguro de su identidad. De todos modos, aunque desagradable, no es eso lo más sorprendente del asunto, sino el ver como a pesar de faltarle el rostro y el brazo derecho, continua caminando maquinalmente, mientras arrastra la mayor parte de sus intestinos por el pedregoso suelo. Con semejante heridas y bajo este calor, ese pobre cabrón, no debería estar siquiera consciente.

- ¡Que nadie se acerque! – grita Iván -, es una de las trampas más viejas del mundo.

Algunos miran al veterano mercenario como si le faltara un tornillo, pero la mayoría sabemos perfectamente a lo que se refiere. Ya hace tiempo, que los francotiradores, no efectúan disparos mortales a sus víctimas, sino que les dejan malheridos y desangrándose, para poder disparar a sus compañeros, cuando estos traten de ir en su ayuda. A lo largo de los años, he visto variantes de todo tipo de ese tipo de prácticas, como dejar cargas explosivas junto a cuerpos mancillados, que detonan cuando alguien trata de darle sepultura, o poner una mina de proximidad junto a prisioneros a los que dejan ciegos y malheridos.

La única forma que se me ocurre, de que esos cuerpos sigan moviéndose, es que les hayan cortado la hemorragia para evitar que se desangren y saturado de estimulantes… pero dudo que alguien se tomara tantas molestias sin un propósito, puede que les hayan colocado algún tipo de explosivo.

El pulso, no le vacila a Frank, un ex marine que también es perro viejo en estas lides, cuando Iván le ordena que acabe con el sufrimiento de los dos hombres. Pero no es el disparo de su arma de calibre siete sesenta y dos, lo que me sobresalta. Sino el reconocer en el segundo cuerpo, al que no le han arrancado la cara, a “chinchulines”, antes de que gran parte de su masa encefálica, salga formando una neblina rosácea por su nuca. Ignoro el estado anterior del otro tipo, pero “chinchulines”, estaba muerto hace un par de horas y no se me ocurre una puta cosa, capaz de conseguir que aquel cuerpo roto, volviera a levantarse.

Casi nos sorprendemos, cuando los cuerpos no explotan al derrumbarse en el suelo.

Iván da la orden de avance y todos volvemos al interior de los vehículos. Mientras disminuye la distancia que nos separa de nuestro objetivo, soy vagamente consciente, de que debería preocuparme por lo que me espera algo más adelante o incluso por como afectará este incidente a nuestro contrato. Pero lo único que da vueltas en mi cabeza, es el inexpresivo rostro de “chinchulines”.

En un par de minutos, llegamos sin incidentes hasta la zona de la excavación. Después del dantesco espectáculo que hemos dejado tras nosotros pudriéndose al sol, no nos andamos con tonterías. El enloquecido grupo, se arroja de un modo totalmente suicida contra los vehículos. Algunos resultan brutalmente atropellados antes de que los conductores puedan siquiera pensar en reducir la velocidad. Otros, son acribillados sin miramientos. El radiador y parabrisas de uno de nuestros todoterreno, son las únicas bajas que sufrimos durante el fugaz enfrentamiento. Pero esto aun está lejos de acabar. Los hombres bajan de los vehículos y empezamos a barrer la zona en busca de supervivientes. El primero al que encuentran, es a Bozidar, un servio enorme, al que ahora me cuesta reconocer en el destrozado cuerpo que encontramos en la zona próxima a la excavación. De alguna forma, el tipo aun se mantiene consciente… o algo parecido, mientras trata de arrastrarse por el suelo en nuestra dirección.

- ¿Pero como coño puede seguir con vida? – pregunta el incrédulo sanitario sin dirigirse a nadie en concreto, mientras se inclina a su lado -, nunca había visto nada así… ni siquiera sangran.

Sé perfectamente a lo que se refiere. El cuerpo está totalmente cubierto de heridas, como si una horda de animales carroñeros, se hubiera estando alimentando de él. Pero un oscuro agujero, es todo lo que vemos en el lugar donde debería encontrarse la mayor parte de la garganta, casi como si hubieran intentado decapitarle a mordiscos. Esa brutal herida, debería haberle desangrado en cuestión de segundos, pero no está goteando, es casi, como si el cuerpo hubiera decidido seguir moviéndose después de desangrarse. Pero eso es.

- ¡ Cuidado!.

Todos nos sobresaltamos, cuando Bozidar, apresa con su mano izquierda (la única que conserva relativamente intacta), el antebrazo del sanitario que le estaba reconociendo.

- Tranquilo – intenta tranquilizarle el sanitario, mientras tira tratando de liberar su extremidad.

Sorprendentemente, el tipo que debería encontrarse agonizante en el mejor de los casos, se debate con furia y el sanitario consigue liberar su mano, a tiempo de evitar el contacto con sus dientes.

- ¡ Tranquilo ! – repite el hombre mientras prepara un chute de morfina.

Un disparo de la pistola de Iván, convierte en redundante el inyectable, mientras una generosa ración, del contenido de la cabeza del pobre tipo, queda expuesta al público.

- ¿Aun dudas que se trate de la rabia? – me pregunta con el arma aun en la mano.

Por supuesto que lo dudo. Pero me limito a negar con lentos movimientos de cabeza, mientras intento asimilar toda esta mierda.

- El vudú de estos cabrones es realmente chungo – comenta una voz a mis espaldas.

Somos varios, los que nos volvemos en su dirección entre sorprendidos y disgustados. Si el tipo pretende hacerse el gracioso, ha escogido el lugar, momento y compañía más inapropiado que pueda encontrarse.

- Terminad de asegurar el perímetro – ordena Iván rompiendo el breve pero tenso silencio -, si dais con el bastardo pomposo de Mr. Warred, recordad que le queremos con vida – añade -. Las muertes de los trabajadores no llaman la atención, pero la de ese bastardo pretencioso, no pasaría desapercibida y eso, no nos conviene - y tú – añade subiendo repentinamente la voz, mientras dedica una gélida mirada al ocurrente tipo que soltó lo de la gracia del “vudú-. Encárgate de los cuerpos.

Obedecemos. No encontramos supervivientes, pero lo más raro del caso, es que tampoco encontramos ni rastro de cadáveres.
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MensajeTema: Re: El Despertar   Lun Dic 01, 2008 12:15 pm

V Preguntas


No tiene nada de raro, el que Malik no se encuentre aquí. Si como sospechamos, está detrás de todo este despropósito, lo lógico es que se haya dado a la fuga. Pero lo raro, es que no parece haberlo hecho montado a bordo de un vehículo. Puede que el pobre cabrón, se crea el puto Lawrence de Arabia, pero aparte del pueblecito donde hemos instalado nuestra base, el núcleo habitado más próximo, se encuentra a casi a ochenta millas. Con el lamentable estado del terreno, y con las suficientes ruedas de repuesto, se puede recorrer esa distancia en unas cuantas horas. Pero a pie y bajo este calor… de tener que hacerlo, yo me enterraría preferentemente a la sombra y lo intentaría de noche. Claro que, de haber tenido que intentarlo, yo no hubiera dejado abandonados los vehículos.

- Puede que el pobre cabrón no sepa conducir – dice a mi espalda la voz de Iván.

Desvío mi atención del camión en el que llegaron los trabajadores al lugar, antes de volverme y responder.

- Eso no tiene mucho sentido.

- Puede que encontraran algo gordo… algo que pudiera valer mucho en el mercado negro o para otro museo.

Me encojo de hombros. Supongo que aquí todo es posible.

- Lo sabremos cuando le encuentren – prosigue Iván -. No llegarán muy lejos a pie y cargando con heridos.

Ese es otro de los misterios. Disparé contra varios de los atacantes. Encontramos restos de sangre en el suelo, pero ni un solo cuerpo. A no ser que se levantaran y salieran andando por su propio pie, la única explicación, es que alguien se llevó a los heridos.

- Nadie en su sano juicio – murmuro casi más para mi mismo que para Iván -, emprende una marcha de más de cien quilómetros a pie y bajo este calor, cargando con heridos.

Iván, se sobresalta y exclama muy alterado:

- ¡ La radio!. Pudo recibir unas coordenadas de extracción. Los que le proporcionaron lo que fuera que utilizó para enloquecer a la gente, debe estar de camino para recogerles en algún lado.

Bueno. Si los somalíes secuestran barcos con lanchas equipadas mediante dispositivos GPS, supongo que no es algo imposible de orquestar. Pero de todos modos, siguen habiendo demasiados elementos que no me cuadran en esta extraña y sangrienta ecuación. Por suerte, soy un hombre de “comos” y no de “por ques”. Así que lo que me preocupa ahora mismo, es como solucionar este embrollo, más que descubrir el motivo que lo provocó.

El eco lejano e inconfundible de varios disparos, provocan una sonrisa en el rostro de Iván, que me es muy familiar.

- Parece que pronto obtendremos respuestas.

Asiento con la cabeza. Pero tal como están marchando las cosas, no me sorprendería lo más mínimo, que lo que obtengamos, sean más preguntas. La sonrisa se esfuma del rostro del mercenario, cuando oímos el inconfundible tableteo de un arma disparando en fuego automático. Iván toma el walkie-talkie, que es todo lo que tenemos para comunicarnos, al no haber podido conseguir teléfonos satelitales.

- Aquí Oso – dice Iván mientras mantiene pulsada la tecla de transmisión -, ¿se ha establecido contacto con elementos hostiles?.

Transcurren unos cuantos segundos, hasta que por el aparato, suena una metálica voz entrecortada, con un mensaje totalmente ininteligible.

- ¡Aquí oso ¡ - insiste Iván algo más alterado -. ¡ Repita el jodido mensaje !. ¿¡Que cojones está pasando!?.

La voz metálica suelta otra entrecortada retahíla de palabras, de la que sólo podemos entender la palabra Warred.

- ¡ Mierda ! – grita el frustrado mercenario -, si le han matado, estaremos jodidos. Ese es un cabrón importante. No podemos hacerle desaparecer sin más. Me pedirán explicaciones y …

- Tranquilo – le corto -, seguramente serían disparos de aviso.

Si ese bastardo sigue en el mismo estado que cuando se abalanzó contra mi vehículo, los disparos de aviso, serán tan útiles, como un libro de álgebra para un macaco, pero reducir a ese hombrecillo, tampoco debería ser tan complicado para un par de fornidos y curtidos soldados de fortuna.

- Más nos vale – murmura por lo bajo.

El hombre se dirige, sin dejar de farfullar lo que supongo son maldiciones, hacia donde le espera su conductor. No creo que el “gentelmen” de marras esté muerto. Pero si vuelve a recordar la cordura, probablemente se pasé un par de meses alimentándose a través de una pajita.
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MensajeTema: Re: El Despertar   Lun Dic 01, 2008 12:17 pm

VI El agujero

No me equivoqué en mucho, al imaginar el estado en el que nos trajeron a Mr. Warred. Después de negarse a rendirse y ignorando a las armas que le apuntaban, el tipo ataco con furia homicida a dos mercenarios con muchas armas y poca paciencia, ecuación que terminó de ponerse en su contra, después de que uno de ellos, se llevara un doloroso mordisco en un antebrazo.

- ¡El muy cabrón me ha mordido!.

Se lamenta Valimir (otro de los presuntos familiares de Iván), mostrando un mordisco aparentemente más doloroso que grave.

- Cuidado no se te salgan las tripas por la herida – bromea “marbellita” -. Ya lo decía mi madre, ¡hombre quejica, medio marica!.

Valimir escupe algún tipo de lindeza en algún idioma del este que ni “marbellita” ni yo somos capaz de comprender, lo que probablemente.

Mientras el sanitario, se afana en desinfectar la herida, Iván se acerca al maltrecho prisionero, que no deja de debatirse en el suelo, a pesar de la monumental paliza recibida, tener un pie doblado en un ángulo extraño y de las bridas que le inmovilizan.

- No le habéis dejado un puto diente sano al pobre cabrón –comenta nuestro enorme jefe bastante contrariado -, esto no ha sido nada profesional.

Ignorando esas palabras, el mordido mercenario, le pregunta al sanitario que le atiende si su atacante está rabioso o sólo como una chota. Pero el sanitario se limita a encogerse de hombros, mientras dice:

- No te sabría decir. En el caso de ser la rabia, sería muy raro que hubiera entrado en la segunda fase de un modo tan rápido y repentino y en tantas personas a la vez, pero desde luego, parece tener frita la sesera.

- ¿Pero tendré que ponerme las puercas inyecciones o no?.

El sanitario niega con la cabeza.

- El mordisco no ha sido cerca de la cabeza. Aun en el caso de que esté rabioso, faltaría mucho para que entrases en la segunda fase. Puedes esperar hasta ver los resultados.

Me consta que en circunstancias normales sería así. Pero no puedo quitarme de la cabeza, lo rápido que se deterioró el estado de Julie. Estoy a punto de mencionarlo, cuando Iván, a grandes voces, nos recuerda que Malik aun sigue suelto. “Malaguita” niega con la cabeza, mientras señala hacia poniente.

- Se aproxima una tormenta de arena – con su inconfundible acento - y parece una de las grandes.

Iván maldice entre dientes. Eso no sólo abortará las operaciones de búsqueda, también borrará hasta el último rastro que haya podido dejar Malik tras de sí.

- Yo no me preocuparía mucho – continua “malaguita” -, si ese puto Lawrence de Arabia, ha escapado a pie, no llegará muy lejos.

Nos guste o no, esto es lo que hay. Una vez más, la naturaleza impone su ley y lo único que podemos hacer, es ponernos a cubierto y esperar a que pase.

Como no será posible regresar al poblado, hasta que pase la tormenta, nos limitamos a cargar los cuerpos destrozados en el camión que ha llegado, con los trabajadores que se encontraban de turno de descanso, acompañados por el doctor Eric y por John, otro de los “gafapastosos” aprendices de Indiana Jones, de origen escocés, cuya insistencia en corregir la pronunciación de su apellido, le ha llevado a ser conocido como “Johnnosecuantos”.

Mientras los trabajadores se encargan de la macabra carga de cuerpos y Iván intenta comunicarse a gritos con un teléfono vía satélite, el doctor Eric examina con una expresión que mezcla el temor y la incredulidad a partes iguales, al ser atado y amordazado, que no hace mucho, era un pomposo y eminente arqueólogo.

Pero no puedo quedarme para conocer las conclusiones del doctor, ya que Iván insiste, en que acompañe a “Johnnosecuantos” a la zona de la excavación, antes de que arrecie la tormenta, para ver si Malik ha robado algo.

Después de recorrer las escasas decenas de metros, que separan el refugio de la zona de excavación, me interno en la excavación, que tiene más aspecto de guarida de bestia mitológica, que de túnel, lo que no es raro en absoluto, ya que al parecer, se trata de una gruta natural, que fue bloqueada y enterrada hace siglos. El tipo de apellido impronunciable, avanza con decisión iluminando el angosto camino con una pequeña pero potente luz blanca, que revela un suelo plagado de pequeños roedores, que están utilizando la excavación como refugio.

- Es extraño – comenta John -, es la primera vez que lo hacen.

- ¿El que? – respondo más por cortesía que por genuino interés.

- Entrar aquí. En todo este tiempo, nunca encontramos la menor presencia animal, como si incluso los insectos, se mantuvieran alejados de este lugar… pensé que sería por la radioactividad.

Me encojo de hombros, mientras continuamos avanzando. No tardamos demasiado en llegar hasta el final, donde mi acompañante, confirma que aparentemente, todo está en su sitio.

Me basta un simple vistazo, para descubrir que no hay gran cosa que robar. Unas paredes atestadas de lo que a mi me parecen indescifrables garabatos, enmarcan los restos de un esqueleto, de frágil aspecto.

- ¿Esto es todo? – pregunto lleno de escepticismo - ¿es posible que descubrieran algún objeto o artefacto?.

Mi interlocutor niega moviendo la cabeza, mientras parece estudiar las inscripciones.

- El esqueleto permanece intacto y no veo que se haya excavado nada… - el hombre parece meditar mientras barre el suelo nuevamente con la luz -, lo único que falta, son las grandes rocas que estaban cerca de la entrada.

- ¿Tenían algún tipo de inscripción o particularidad?.

- Lo único raro en ellas, era que eran radioactivas por su alto contenido en uraninita, en un lugar, en el que no parece encontrarse ese mineral, lo que nos hizo pensar, que alguien se había tomado la molestia de traer esas rocas hasta aquí, pero después de estudiarlas durante días y no encontrar nada particular en ellas, decidimos sacarlas para poder trabajar en el esqueleto y las inscripciones, con mayor comodidad.

Aunque supongo que las noticias deberían aliviar a Iván, a mi me generan más preguntas de las que responden. ¿Por qué orquestaría nadie semejante desaguisado?. Pero como ahora mismo, mi principal interés, es volver al refugio, me limito a preguntar:

- ¿Han podido descifrar las inscripciones?.

“Johnnosecuantos” niega con la cabeza.

- Dudo que nadie pueda descifrar nunca su significado exacto, pero estamos relativamente seguros, de que se trata de algún tipo de aviso. Probablemente, amenazas destinadas a disuadir a los saqueadores de tumbas.

Supongo que eso tendría cierta lógica… si en la tumba o lo que sea, hubiera algo que mereciera la pena robar.

- Será mejor que regresemos – sugiero mientras me vuelvo y empiezo a caminar en dirección a la salida -, este sitio pone los pelos de punta.
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MensajeTema: Re: El Despertar   Lun Dic 01, 2008 12:18 pm

VII El visitante

La tormenta de arena, es con diferencia, la más violenta que he sufrido desde que llegué a este continente, lo que significa, que podemos irnos olvidando de encontrar el cuerpo de Malik o el de cualquier otro cabrón que no haya conseguido ponerse a cubierto. La tienda modular que nos alberga, está resistiendo relativamente bien y aunque se supone que la radio ya es capaz de funcionar con normalidad, hemos tenido que desmontar la alta antena exterior, para evitar perderla, pero aun contamos por lo menos en teoría, con el teléfono vía satélite de Iván… aunque algo me dice, al menos por el momento, nadie va a comunicarse con el exterior.

Valimir, no se queja, pero tiene un aspecto pálido y febril, que no me gusta un pelo, aunque es posible, que se deba en gran medida, a las luces alógenas que utilizamos para alumbrar el interior. El apaleado Mr. Warred, se encuentra tendido y esposado a un camastro, donde no para de gritar y debatirse con la boca llena de espumarajos. Marbellita juega a las cartas con algunos de los “muchachos” y conductores. Pero mi atención, está centrada en Iván, que parece mantener una charla en voz baja, con “Johnnosecuantos” y otro de los arqueólogos, un tipo estirado, con el que no he cruzado una sola palabra y que tampoco recuerdo, ni a decir verdad, me importa un pimiento como pueda llamarse. Entre los ruidos del rabioso prisionero y las risas de los jugadores, me es imposible oír con claridad su discusión, pero el ambiente entre ellos parece tenso y no me hace falta ser clarividente, para deducir que los dos tipos andan lanzando una buena cantidad de quejas y reproches y en parte lo entiendo. A pesar de las limitaciones de equipo y material, el despliegue de seguridad, era más que suficiente para proteger a apenas media docena de investigadores, en una zona en la que no había a priori, nada de valor. Ni recursos energéticos, ni diamantes ni desde luego, tesoros antiguos. El único riesgo potencial, era un secuestro de personal para solicitar rescate.

Por otro lado y a pesar de que las circunstancias del… ataque, no han sido para nada convencionales, nos las hemos apañado para no perder a ninguno de los vips.
¿Qué pasará después de esto?. ¿Los de arriba consideraran que el riesgo es excesivo y cancelaran la investigación?, ¿enviarán más fondos y personal ?. Lo más probable, teniendo en cuenta la naturaleza de lo que aquí se está investigando, es que en el mejor de los casos, tengamos que apañárnoslas para seguir trabajando con lo que tenemos y en el peor, que los de arriba cierren el grifo y tengamos que cerrar el negocio y regresar con la reputación de la empresa más que empañada. No es que eso me preocupe, ya que en cualquier caso, este va a ser mi último trabajo en este negocio.

¿A que me dedicaré en cuanto salga de esta?. Quien sabe. La opción obvia sería en seguridad, podría hacer uno de esos cursos de protección y trabajar como escolta de alguna personalidad… pero tengo escasa tolerancia a las gilipolleces ajenas… por lo que terminaré despedido, el dinero se me acabará… y volveré a terminar en otro puerco agujero como este, para ganar el suficiente dinero como para mantenerme a flote otra temporada.

- ¡Joder! – exclamo lleno de frustración.

Nadie hace caso de mi exclamación. Pero hasta el último de nosotros se sobresalta, cuando algo grande y pesado, se estrella contra una de las paredes de la tienda. Todas las conversaciones y discusiones, parecen congelarse. Sea lo que sea, lo que acaba de chocar, empieza a desplazarse golpeando, las paredes… como si se tratara de alguien buscando la entrada a tientas y eso significa, que alguien tendrá que salir a ver de quien o que se trata. Aunque no es que la idea me apasiones, siento cierta curiosidad, así que me pongo en pie, mientras introduzco una bala en la recámara de mi fusil de asalto. “Marbellita” no dice nada, pero al hacer lo mismo, veo que se dispone a acompañarme. Mientras me coloco unas gafas protectoras, que por su aspecto parecen más apropiadas para pintar que otra cosa, otros dos “muchachos” se levantan encaminándose hacia la entrada. Mientras, trasteo con las correas que mantienen asegurada la gruesa puerta de lona, mi rostro es azotado por la arena. “Marbellita” me ayuda mientras el resto, trastean con las potentes linternas, que dudo mucho que vayan a servir de gran cosa.
Salgo al exterior. La noche y la tormenta de arena, se combinan para reducir la visibilidad de un modo que me eriza el bello del cuerpo. La cosa mejora algo con la potente luz de las linternas y no tardamos en encontrar al visitante. La luz de las linternas nos descubre a un maltrecho sujeto, cubierto de ropajes. Como está el horno para bollos, “marbellita” le proporciona un sedante con la culata de su arma y entre todos, nos las apañamos para arrastrarle hasta el interior de la tienda.

El tipo parece un beduino. Aunque sus ropas se encuentran manchadas de sangre, no tiene ninguna herida visible, por lo que suponemos que no es suya. Tampoco parece portar ningún tipo de arma, aunque cuelga de su cinturón lo que parece la funda de algún tipo de cuchillo de filo curvo.

- Yo creía que estos cabrones sólo existían en las películas – dice Frank -, parece un puto Tuareg. No se como no se fríe con tanta ropa.

- Los tuaregs visten de azul – responde “marbellita” -, el tema es mantenerse fresco con el sudor o algo así… mira – añade con una sonrisa -, vas a poder preguntárselo tu mismo.
El beduino abre los ojos alarmado y el encontrarse rodeado de tipos armados de facineroso aspecto, no creo que vaya a contribuir a tranquilizarle. Empieza a chapurrear en lo que a mi me parece, algún tipo de jerga totalmente incomprensible. Uno de los conductores, de origen argelino, dice que se trata de badawi, el idioma de los beduinos, que por desgracia, aunque reconoce, es incapaz de hablar, por suerte, ambos hombres son capaces de entenderse en bereber.

Por lo que dice, su caravana fue atacada hace unas cuantas horas, poco antes de que se iniciara la tormenta, por un grupo de demonios liderados por un Ifrit.

- ¿Qué demonios es un Ifrit? – pregunta Iván - ¿algún tipo de terrorista?.

Por lo que nos cuenta el conductor, se trata de una especie de “genio” monstruoso resentido con la especie humana, por alguna ofensa ancestral o algo así. Luego, el beduino, empieza a farfullar una retahíla que por lo que nos traduce el conductor, narra actos de canibalismo, de seres que no mueren al ser acuchillados y de una enloquecida huida a través de la tormenta de arena.

La respuesta, no parece satisfacer a Iván, pero cuando la descripción del Ifrit, nos convence de que sé trata de Malik. Todos sabemos hacia donde nos dirigiremos en cuanto amaine.
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MensajeTema: Re: El Despertar   Mar Dic 02, 2008 3:38 pm

VIII Negocios


La tormenta remite de madrugada y toca organizarnos. El estado de Valimir ha empeorado rápidamente y ahora se encuentra febril, por lo que Iván le envía al campamento base, junto al camión que transporta a los muertos, al sanitario y al inmovilizado Mr. Warred. El lingüista y el arqueólogo, insisten en quedarse a trabajar, por lo que Iván tiene que dejar a algunos “muchachos” escoltándoles y a otros para la protección del pequeño convoy. Así que Iván hace un cambio de conductores, para que Benyusef, el argelino que habla bereber, se encargue de llevarnos a la zona donde se produjo el ataque de la caravana. El beduino, sube no muy convencido en la parte posterior del vehículo, donde “marbellita”, Frank y yo mismo, nos las apañamos para entrar, pero por más que nos apiñamos, Leonid, otro de los “primos” de Iván, con la constitución de un oso, que carga con una ametralladora media, es incapaz de entrar en el vehículo, por lo que a pesar de haber sido escogido para “venirse de excursión” hasta la zona del ataque, le toca quedarse a hacer de niñera de los investigadores, no nos hace gracia tener que renunciar a su potencia de fuego y incluso nos planteamos renunciar a parte de la carga de la parte posterior, donde teóricamente deberían caber seis personas. Pero sabemos por experiencia, que el renunciar al agua, provisiones y herramientas en un lugar tan desolado, no es una buena idea, así que el dejamos atrás al fornido mercenario.

No es un viaje largo. No tardamos ni media hora en encontrar el harapiento grupo. Una docena larga de personas, caminan de un modo tambaleante, como si de una horda de apaleados borrachos se tratara. A excepción del beduino, todos reconocemos esos andares y podemos hacernos una idea de lo que vamos a encontrar. Sólo que esta vez, el estado de alguno de los cuerpos, está tan deteriorado por haber caminado durante horas entre la tormenta de arena, que es evidente que no pueden estar vivos. Mientras el conductor vomita el desayuno por la ventanilla del Land Rover, el bereber parece enloquecer y salta del vehículo llevándose las manos a la cabeza y gritando como un loco en dirección a los fiambres ambulantes, antes siquiera, de que podamos pensar en detenerle.

- ¡ Parad a ese loco joder ! – nos grita Iván –. ¡Maldito idiota!.

Salto a tierra y rodeo el vehículo, para tener un buen ángulo de tiro. El vociferante bastardo, se interna en medio del pesadillesco grupo de cuerpos rotos y rebozados de arena. No me molesto en intentar sonreír, al pensar que estoy apuntando a la cabeza de una croqueta con patas, soy consciente de que se trata de una idea macabra, pero no por ello, la situación deja de parecerme perversamente divertida.

Presiono el disparador con suavidad y la cabeza del crujiente tipo que acababa de cerrar sus dedos alrededor del cuello de nuestro visitante nocturno, desaloja por la posta, gran parte de su esponjoso contenido. El sonido de mi arma, hace que la atención de los seres, que se encontraba centrada en el bereber, se desvié hacia mi persona. Unos ojos carentes por completo de expresión, se fijan en mi, mientras sus dueños cojean en mi dirección, pero para entonces “marbellita” y Frank ya han tomado posiciones de tiro. El bastardo que probablemente acaba de salvar el pellejo por los pelos, grita impotente, mientras abatimos de un modo tan efectivo como implacable a los mutilados seres. El bereber, se aproxima chapurreando él sabrá que en su jerga, lo que no contribuye a mejorar su pésimo humor, así que le agarra por el cuello y le dice algo en algún idioma que ninguno de los presentes entiende, pero a juzgar por la palidez del tipejo, creo que debe haber pillado la idea.

“Marbellita” y yo mismo, nos acercamos a los cuerpos cuyas seseras riegan el arenoso suelo. La mayor parte de las heridas, parecen desgarros y algunos realmente atroces, producidos por lo que parecen garras y dientes. Algún cuerpo, también presenta heridas de arma blanca.

- Estos también estaban cojos – dice “marbellita”.

- Ese era el menor de sus males – respondo.

“Marbellita” mueve negativamente con la cabeza. Todos los tipos que hemos pillado, tanto los rabiosos como ese cabezamierda de Warred o los fiambres andantes, tenían dificultades para desplazarse o no podían hacerlo en absoluto.

- Es obvio – respondo mientras observo como una húmeda macha de fluidos, toma una curiosa forma sobre la arena -, que los rezagados sean los primeros que hemos encontrado.

- Más que encontrado – responde “marbellita” -, les han dejado atrás. Esto se encuentra a unos doce quilómetros de la zona donde empezó esta mierda.

Me encojo de hombros en lo que espero sea un claro gesto de ¿y que?. Pero es Frank el que responde:

- Quiere decir, que esto se contagia con jodida rapidez – Frank siempre se las apaña para introducir el adjetivo “jodido” un mínimo de una vez por frase –, significa que por lo menos algunos de ellos, se mueven podidamente deprisa.

No hace falta que añada más. Si llegan a algún núcleo habitado… sea lo que sea, podrá propagarse de un modo epidémico. No es probable desde luego. Aparte del pueblecito donde nos establecimos, el núcleo poblado más o menos importante, se encuentra a unos 120 quilómetros de distancia a través de este desierto. Lo malo, es que si la tormenta de arena, no ha sido capaz ni de detener a este grupo de despojos, no habrá detenido a los que pueden moverse con agilidad y por el contrario, habrá borrado hasta el último rastro de ellos.

Para cuando conseguimos que el beduino deje de gritar y lloriquear, el conductor ya ha terminado de echar hasta la primera papilla, así que sobre un precario mapa de la zona y teniendo como referencia la hora aproximada del ataque de la caravana y la distancia desde la zona de investigación, deducimos que el grupo de infectados y eso suponiendo que se muevan juntos, avanza a una velocidad aproximada de unos tres quilómetros hora. El beduino calcula que caminó entre cinco y seis horas a través de la tormenta de arena hasta encontrarnos. Así que, teniendo en cuenta que han pasado otras cinco horas desde su llegada al campamento y suponiendo que no se hayan detenido más de una hora durante el ataque a la caravana y que hayan podido mantener su velocidad incluso a través de la tormenta de arena, no deberían encontrarse a más de treinta quilómetros de donde nos encontramos y en el peor de los casos, a unos noventa del núcleo habitado más próximo.

- Podemos suponer que se dirigen hacia la ciudad – aventuro – si se mueven a ese ritmo, aun tardaran más de un día en llegar. La tormenta de arena debe haber borrado cualquier rastro por tierra… pero si movilizamos a todos los vehículos y tenemos algo de suerte quizás…

Iván mueve la cabeza negativamente.

- No estamos aquí para eso – me recuerda -, tenemos una zona que proteger. Además, sin agua no durarán mucho.

Todos le miramos con incredulidad.

- ¡Esos cabrones siguen andando incluso con las tripas fuera ! – le recuerdo -, si no se les detiene, llegaran a la ciudad.

A lo que Frank añade:

- Podríamos avisar a las autoridades. Con un par de jodidos helicópteros, podríamos tener solucionada esta mierda para la hora de la cena.

- ¡¿Las autoridades?! – Iván parece tan indignado como irritado -. ¡No pueden enterarse de esto!.

La sensación de que estamos hundiéndonos en una mierda realmente profunda se acentúa.

- ¿Tenemos los permisos en orden? – pregunto.

- ¡Esto es África! – grita Iván como si no lo supiéramos -. ¡No podía sobornarlos a todos!, así que soborné a los que importa. Estamos en territorio de la guerrilla

- ¡ Joder !.

- Esta zona – continua Iván-, se encuentra bajo control de la guerrilla.

Todos maldecimos. Aunque oficialmente los combates entre las guerrillas islamistas y el gobierno, habían terminado hace años, cuando el gobierno aplastó a estas últimas. Movimientos guerrilleros, aun mantienen una fuerte presencia en zonas rurales o desérticas como esta.

- Este asunto apesta cada vez más.– digo mientras escupo en el suelo.

- Aunque tuviéramos todos los permisos gubernamentales en regla – dice Iván con una turbia sonrisa -. ¿Qué ibas a decirles?. ¿A quien crees que iban a culpar?.

- Si esta mierda se descubre – responde“marbellita” -, nos culparán a nosotros.

No hace falta que diga más. Si eso llega a ocurrir, nuestras posibilidades de supervivencia, serán directamente proporcionales, a lo rápido que podamos salir del país.

- Pero eso no sucederá – dice Iván con una aparente seguridad, que no creo que yo pudiera sentir de estar en su pellejo -, porque nadie va a relacionarlo con nosotros.

De un rápido movimiento fruto de la práctica, empuña su pistola y le dispara entre los ojos al beduino, ante nuestra atónita mirada.

- Pero – empiezo a decir - ¿Qué cojones?.

El siguiente disparo, entra en la nuca del conductor, que se derrumba a escasos metros del Land Rover.

- La operación queda cancelada por un ataque de la guerrilla – dice el hombre enfundando la pistola aun humeante -, existe una cláusula en el contrato – continua explicando -, en caso de ser atacados por una fuerza superior a lo previsto por lo acordado, estoy autorizado a cancelar la investigación y ordenar la evacuación del personal civil, sin merma alguna de nuestros emolumentos.

Frank y “marbellita” permanecen en silencio. Tampoco a mi se me ocurre que decir.

- Miradlo por el lado bueno – nos dice nuestro sonriente jefe -, acabamos de escapar con vida de una emboscada de la guerrilla y dentro de poco, estaremos celebrándolo lejos de este jodido lugar.

Los negocios son los negocios. Todos lo sabemos, todos sabemos como funciona esa mierda, pero me cuesta creer que seamos capaz de dejar suelta una mierda de ese calibre y a largarnos así como así.

- Si no paramos esto aquí – digo intentando mantener una calma que no siento en absoluto -, sólo dios sabe hasta donde puede extenderse.

La respuesta de Iván, suena dura y fría como el acero.

- Somos soldados de fortuna no una puta ONG. Nos pagan por garantizar la seguridad del personal occidental y eso es lo que haré. Esa mierda estaba aquí y aquí se quedará. Si el desierto acaba con ellos bien, pero si no es así.

Frank baja la mirada y “marbellita” se encoge de hombros. A nadie le gusta la idea, pero no tenemos medios para rastrear el desierto, no podemos recurrir a las autoridades y eso por no mencionar a la jodida mafia rusa.

- Esta es la última vez – es lo único que acierto a decir.

Montamos en el land rover. El desierto se ocupará de los cuerpos que dejamos atrás. Siempre lo hace.
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MensajeTema: Re: El Despertar   Jue Dic 04, 2008 3:17 pm

IX Ratonera

Cuando aparecemos con la historia del ataque por parte de la guerrilla y Iván anuncia que nos retiramos, los dos investigadores, son los únicos que se quejan. “Johnnosecuantos”, parece especialmente contrariado por tener que abandonar sus investigaciones y tiene que conformarse con realizar numerosas fotografías de las inscripciones que está investigando, cuando le comunicamos, que tampoco hay tiempo para llevarnos nada gran cosa con nosotros.

Leonid, que está examinando el vehículo en el que hemos llegado, me sonríe de un modo, que me hace estar más que seguro, de que no se ha tragado la historia del ataque por parte de la guerrilla. No me sorprende. No hace falta ser del CSI, para encontrar como mínimo sospechoso, que un vehículo regrese de una emboscada en la que resulta muerto su conductor, sin presentar un solo impacto de bala en su carrocería. Pero va a marcharse antes de lo previsto, sin merma de su salario y en este gremio, eso es lo que importa.

No nos molestamos en desmontar la tienda o recoger herramientas o siquiera los elementos de iluminación. Se trata de una evacuación rápida, de emergencia, que está retrasándose bastante, al no conseguir contactar con radio con la base, para que nos envíe los camiones. La situación es casi risible, aunque Iván no tuvo el menor problema en contactar mediante su teléfono vía satélite, con los peces gordos de Londres, que se mostraron totalmente a favor de la evacuación. Pero ni la radio ni el teléfono vía satélite, consiguieron comunicar con la base situada a escasos cuarenta quilómetros, así que la única solución, pasa por acercarse en el Land Rover. Como aquí no se me ha perdido nada, decido acompañar a Iván en el trayecto. El fornido mercenario, se pone al volante con una sonrisa satisfecha en su rostro. Supongo que no es para menos. Después de todo, el muy bastardo, acaba de atravesar el mar de mierda que amenazaba con ahogarle, emergiendo del mismo con una cuenta corriente mucho más abultada.

- Mañana celebraremos esto como es debido – dice sin apartar la vista de la pista que nos conduce de regreso -, creo que me he ganado unas semanas de vacaciones… quizás a Cuba.

Aunque una parte de mi, le desprecia por lo que dejamos atrás, no puedo evitar que este enorme cabronazo, siga cayéndome bien.

- ¿No sientes ni una pizca de remordimiento? - le pregunto a pesar de estar relativamente seguro de cual va a ser su respuesta.

- ¡Diablos no! – exclama -. África lleva mucho tiempo siendo la puta del primer mundo.

Lo cierto es que le comprendo perfectamente. Los recursos naturales de este continente, han sido explotados de un modo indiscriminado por empresas del primer mundo a bajo coste. El virus o lo que sea que provoca esa especie de rabia, ya estaba aquí, no lo trajimos nosotros y un par de muertes, poco significan después de todo lo que hemos visto y hecho por todo el mundo. Como bien dijo Iván, no somos ninguna ONG… pero a pesar de todo ello, no puedo deshacerme de una desagradable sensación de culpa. Quien sabe. Puede que por fin haya sido alcanzado por mis pecados o simplemente, puede que empiece a hacerme viejo.

- No te preocupes – continua Iván animadamente -, Sida, enfermedad del sueño, Fiebre Amarilla, rabia, malaria… ya no les viene de eso. Ya no les viene de eso.

Asiento con la cabeza, mientras botamos a causa de los baches. Iván empieza a explicar un sórdido chiste, sobre tres supervivientes de un accidente aéreo en una isla y por algún motivo, me pregunto como se encontrará Julie. La lingüista, debió ser evacuada en helicóptero ayer, así que ya debería estar en algún hospital. Pero mis pensamientos, vuelven abruptamente al presente, cuando una explosión, levanta un geiser de tierra y piedras a escasos metros del vehículo.

- Un lanzagranadas – me informa Iván mientras agacha la cabeza y pisa el acelerador.

Como si esa fuera la señal para iniciar el ataque, reconozco la lenta cadencia de varios Kalashnikov y un par de proyectiles, impactan en el vehículo.

- ¡ Acelera! – grito mientras agarro mi fusil de asalto -, ¡tenemos que llegar a la base!.

No respondo al fuego, ya que con el traqueteo del vehículo y sin tener un blanco claro, lo único que conseguiría, sería malgastar munición. Atravesamos la zona de la emboscada y estoy seguro de que vamos a conseguir escapar, cuando veo a un par de destartaladas camionetas, casi cómicamente abarrotadas de gente heterogéneamente armada, emerger de unas dunas próximas. No son tropas gubernamentales, lo cual es bueno, ya que cuentan con menos medios, pero si nos cogen, las temibles prisiones africanas nos parecerán un destino deseable.

- Creía que habías sobornado a esos cabrones – le reprocho.

Con su típica sonrisa de bastardo de vuelta de todo, Iván me responde a gritos para hacerse oír por encima de este guirigay.

- ¡ Nunca puedes sobornarlos a todos!.

Supongo que no, aunque me sorprende que este ataque se produzca precisamente ahora. Aun es demasiado pronto, como para que se hayan enterado del pastel… a menos que hayan estado vigilándonos.

La base no debe estar ya a más de media docena de quilómetros y nuestro vehículo empieza a ganar distancia.

- ¡Mierda! – exclama Iván.

Aunque aun está demasiado lejos para estar seguros, a ninguno nos cabe la menor duda, a quien pertenecen el camión y el land rover abandonados en medio de la pista.

- Eso complicará las cosas.

Iván no responde, pero los dos sabemos que esa merma en el parque móvil, ralentizará en el mejor de los casos la evacuación de personal. Empiezo a tener un mal presentimiento sobre lo que vamos a encontrar en la base.

Tenemos que salirnos de la pista, para no chocar contra los dos vehículos. Aunque no han incendiado los vehículos, se ve a simple vista que los han desvalijado a base de bien, dejando prácticamente un chasis sin ruedas ni motor. ¿Cuánto tiempo se necesita para hacer algo así?. En este continente muy poco. Aunque Iván trata de no atropellar uno de los cuerpos, que se encuentran tirados a los lados, una nube de moscas, se levanta cuando las ruedas tienen que pasar sobre las piernas despellejadas de uno de los cadáveres, para esquivar una roca de generosas dimensiones. Por lo que veo, no se han limitado a matarlos.

- Por eso odio este puto continente – digo mientras aparto la mirada de uno de los cuerpos, sin conseguir reconocerlo.

- En todas partes se cometen atrocidades – me responde Iván mientras gira rabiosamente el volante -, no es nada que no hayamos visto antes.

No le falta razón, mientras veo otro cuerpo degollado y desollado, junto a los restos de grasa y pellejo que se encuentran abandonados a su lado, a mi mente acuden otras imágenes similares, procedentes de otros conflictos en otros continentes. Lo que más obsceno me parece, es que incluso hayan robado sus ropas. Habría sido un desperdicio dejarlas, pero ahora, la única forma de identificar a quien pertenecen los cadáveres, es por su historial dental.

- En Afganistan – continua Iván -, allí se cargaron a mi hermano mayor y…

- ¡Lo sé! – le corto -, me has contado esa puerca historia, cada vez que…

Ahora soy yo el que soy cortado, cuando un guerrillero armado con un lanzagranadas RPG, se levanta del lugar donde había permanecido oculto tras uno de los vehículos atacados.

Nuestra velocidad es ahora tan baja, que es imposible que el bastardo falle el disparo. En una película de acción, ahora es cuando el protagonista salta del vehículo en marcha y se salva por los pelos, pero sé que no me daría tiempo y que voy a morir, disparo para llevarme a ese malnacido por delante. Las balas atraviesan el parabrisas, que se astilla, los ardientes casquillos me golpean la cara, luego una lluvia de cristales, nos hace llevarnos las manos a la cara y algo ardiente, pasa a toda velocidad sobre mi hombro. A través del boquete en el cristal, veo como envestimos al abrasado tipo antes de chocar contra el vehículo en el que se ocultaba, mientras algo explota a una decena de metros a nuestras espaldas.

Tardo un par de segundos en comprender lo que ha sucedido. La granada, ha atravesado el cristal agrietado por mis disparos, saliendo por la parte posterior del vehículo antes de explosionar. El bastardo que la disparó, no tuvo en cuenta el rebufo del lanzagranadas y al disparar, los ardientes gases posteriores, chocaron contra el chasis del vehículo y rebotaron hacia delante achicharrando al tirador, que luego ha sido atropellado, quedando atrapado entre nuestro land rover y el que se encontraba siniestrado a sus espaldas. El tipo aun con vida, se encuentra en shock por el brutal impacto que ha convertido en una especie de sangrienta hamburguesa cruda la parte posterior de su cuerpo y se limita a mirarnos con ojos desenfocados, mientras Iván introduce la marcha atrás. No me gusta un pelo como suena el motor y aunque vemos como se eleva algo de vapor, de la parte frontal, nos movemos.

- Este vehículo es casi tan duro como yo – se jacta Iván.

Por toda respuesta, arriesgo una mirada hacia la parte posterior. Las dos camionetas aun se encuentran lejos. Pero tal como está el motor, es probable que nos atrapen antes de que consigamos llegar a la base. Así que cuando Iván frena y se dispone a meter primera para volver a tomar la pista, abro la portezuela y bajo del vehículo.

- ¡ ¿Pero que coño estás haciendo?!- vocifera mi jefe.

Ignorando sus gritos, remato de un disparo limpio entre los ojos a la semi hamburguesa humana y cojo el lanzagranadas. Como suponía, tras el vehículo, encuentro una pequeña mochila con otro proyectil.

- Esta emboscada no está nada mal planteada – digo mientras introduzco el largo proyectil por la parte frontal del arma -, demasiado buena como para desperdiciarla.

Iván ríe y mueve a ambos lados la cabeza.

- ¿Y la segunda camioneta?.

- La necesitaremos.

Él asiente y vuelve a pisar el acelerador. En lugar de ocultarme en el interior del vehículo, me oculto tras él y cambio el cargador del arma en el suelo. Compruebo que las dos grandas de fragmentación están donde deben y me seco el sudor de la palma de las manos, mientras el sonido de los motores gana intensidad.

Ha llegado la hora, de que estos bastardos, sepan con quien se las juegan.
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MensajeTema: Re: El Despertar   Miér Dic 10, 2008 2:25 pm

X Emboscada

Mi corazón se acelera a medida que el lento vehículo conducido por Iván se aleja y las dos camionetas se aproximan. Sería como mínimo irónico, salir ileso de pura chiripa de la última emboscada, para morir ahora al improvisar una, pero así es la vida en este gremio. Por muy hábil que creas ser, al final la suerte o la falta de la misma, suele ser la que tiene la última palabra. La primera camioneta, pasa a baja velocidad a escasos metros, mientras Iván, detiene el Land Rover como si estuviera averiado a una distancia de unos trescientos metros de mi posición. La suerte está echada.

Los gritos de los ocupantes del vehículo, aumentan de volumen al ver que la captura de su presa es inminente. Les dejo pasar y a no tengo que esperar ni diez segundos, a la llegada del segundo vehículo perseguidor. El primero está entrando en la pista y el segundo está ahora pasando ahora a baja velocidad por delante de mi escondite. Mi corazón empieza a bombear a un ritmo salvaje. Me pongo en pie, sosteniendo el arma que en muchos países es conocido como “capullo de judio”, por su parecido con un pene circuncidado y utilizo el rudimentario elemento de puntería, para apuntar en medio del apiñado grupo de gente. La distancia que nos separa no es mucho mayor de una decena de metros. Aprieto el disparador, a sabiendas que mi posición no es todo lo estable que debiera ser. Me desequilibro pero no importa, el proyectil ya ha salido.

La granada explosiona en mitad del grupo de guerrilleros. No se produce ninguna bola de fuego, sino una pequeña explosión rojiza, compuesta por los pasajeros, al convertirse en un amasijo de metralla humana. Costillares, cabezas, articulaciones, se entremezclan y salen despedidos a varios metros de distancia, por suerte aunque varios pedazos pasan desagradablemente cerca, ninguno llega a impactarme.
La camioneta, sacudida por el fuerte impacto, empieza a perder velocidad. No es muy probable que en ese vehículo quede alguien capaz de causarme problemas, pero en este oficio, el suponer es peligroso. Así, que soltando el tubo, tomo una de las granadas de fragmentación, con la mano derecha, introduzco el dedo índice de la mano izquierda en la anilla del pasador de seguridad y dando un giro, la retiro. Echo el brazo hacia atrás y arrojo la granada en dirección al detenido vehículo. La distancia que nos separa es de casi veinte metros, demasiado para mi brazo. Pero confío en el rebote. La granada cae a una decena corta de metros y rebota por el suelo en dirección a la furgoneta antes de explotar sin consecuencias a algunos metros de la furgoneta. No se puede pedir todo.


Aunque oigo algunos gemidos lastimeros, mi atención ya se está dirigiendo a la camioneta que ya está frenando a una distancia de unos cien metros.

- Mala decisión – murmuro mientras me apoyo en el capó del vehículo tras el que estaba oculto y apunto con el fusil de asalto -, mala de cojones.

Los guerrilleros saltan a tierra y empiezan a desplegarse en un terreno que es poco más que un campo de tiro. Eso es lo que me gusta de esta gente. Su forma tan peliculera de combatir, sin molestarse en buscar cobertura. Son gente hasta cierto punto hábil a su manera y valerosos hasta la temeridad… pero su forma de combatir, no está pensada para preservar la vida del combatiente. Supongo que es lo que pasa cuando el número no es problema.

La cabeza del conductor, que no ha bajado del vehículo, es apenas un borroso punto en el punto de mira de mi arma. Un tiro fácil para alguien como Frank, aunque no tanto para mi. Por suerte, el viento apenas es perceptible y el objetivo está inmóvil, aunque si dejo que vuelva a ponerse en marcha, voy a necesitar mucha suerte. Bajo ligeramente el punto de mira, apuntando algo por debajo de la cabeza, disparo, reapunto ligeramente y disparo dos veces más. De ser soldados profesionales, los guerrilleros ya se estarían dispersando y haciendo cuerpo a tierra para convertirse en blancos lo más difíciles posibles, pero ellos se limitan a avanzar disparando con el arma a la cadera. Veo como uno de ellos cae sobre las rodillas al ser alcanzado en el vientre, lo que me indica que Iván a empezado a disparar.

Varios proyectiles se estrellan escalofriantemente cerca, supongo que más por suerte y número de armas que por puntería, ya que ni uno sólo, se acerca el arma a la cara para apuntar. Pero la situación es que ellos se encuentran mal desplegados, en territorio abierto, entre dos tiradores a cubierto. De estar dirigidos por alguien competente, son muchas las cosas que podrían haber hecho para ponernos las cosas difíciles o incluso acabar con uno o incluso con los dos. Pero en este caso, el valor y el número, no son rivales para la experiencia.

Disparo los tres últimos cartuchos del cargador contra él último de los guerrilleros que siguen en pie. Ninguno ha vivido lo suficiente como para acercarse a siquiera a cincuenta metros de mi posición y no he tenido ni que molestarme en cambiar de posición cada pocos disparos.

Dejo en el suelo el cargador vacío, introduzco otro lleno y maldigo mentalmente por no haber tomado más munición, al ver que es el último. Aunque una de las ventajas de utilizar armamento soviético, es la facilidad de encontrar munición, no me hace demasiada ilusión coger cargadores llenos de munición caducada hace díos sabe cuanto y revendida a bajo precio a esta gente.

Mi primera parada es el vehículo al que disparé la granada, que aunque no ha llegado a incendiarse, se encuentra demasiado maltrecho para funcionar. Varios tipos malheridos gimen lastimosamente y suplican algo en su para mi ininteligible idioma, aunque no me cuesta suponer, que me suplican que les remate.
Al recordar lo que les hicieron a mis compañeros, mi intención es dejarles aquí para que sean pasto de los animales de rapiña. Al llegar a la cabina, veo que el conductor, es apenas un chaval de poco más de trece o catorce años, con la cara acribillada por fragmentos de cristal procedentes del parabrisas. Aun se encuentra consciente, aunque veo regueros de sangre que le caen por los oídos y la boca, señal de que la onda expansiva, le ha destrozado los órganos internos. No me cabe duda, de que se está desangrando por graves hemorragias internas.

Quizás sea por la mirada que me dedica, pero el caso es que tomo mi último granada de fragmentación y después de quitarle el pasador, la arrojo bajo el deposito de combustible del vehículo, antes de alejarme con una rápida carrera y arrojarme al suelo. Esta vez, el vehículo si explota y se incendia, llenando el lugar de hedor a gasolina, goma quemada y carne asada.

No pierdo de vista, los cuerpos de los tipos abatidos, mientras me aproximo a la segunda camioneta y disparo un par de veces contra uno que aun se mueve. Aunque su arma se encontraba a considerable distancia, es mejor no correr más riesgos de los necesarios.

Llego sin contratiempos hasta el vehículo y veo que aun conservo buena puntería. La bala entró por la parte posterior de la cabeza del conductor, haciendo un agujero no demasiado grande, en el punto de entrada. Lo mejor del asunto, es que la cabeza no presenta un boquete de salida, lo que me ahorra el tener que limpiar sus sesos del limpia parabrisas. Mientras oigo como Iván regresa pilotando el maltrecho land rover, aprovecho para apropiarme de dos cargadores del conductor, cuyo viejo y baqueteado Kalashnikov descansa junto al asiento del copiloto. Ese arma tiene aspecto de haber visto aun más guerra que yo, pero se le ve sorprendentemente limpia y siento una ligera punzada de remordimiento, cuando la arrojo fuera del vehículo, seguida de su ex propietario.

- ¿Algún problema? – pregunta Iván.

- Tú conduces.

El hombre asiente en un primer momento, para maldecir al ver el reguero de sangre y masa encefálica, que ha goteado en el asiento del conductor.

- ¡Maldito puerco! – exclama supongo que refiriéndose al conductor, pero mirando en mi dirección.

Sin muchas más ceremonias, el hombretón limpia lo más gordo con un pañuelo, que tira antes de sentarse sobre el pringoso asiento.

A pesar de su desastrado aspecto, el motor de la camioneta, suena de un modo satisfactorio cuando Iván la arranca. Este vehículo, nos llevará más lejos que el land rover.

- ¿Por qué nos atacarían precisamente ahora? – pregunto a Iván.

- El que esté sentado sobre sus sesos – me responde -, no significa que sepa lo que piensan.

Al mirar por la ventana y mientras arrancamos, cuento mentalmente los vehículos del atacado convoy y me doy cuenta, de algo.

- Falta un vehículo ligero – digo en voz alta.

- Puede que escapara – dice Iván.

Supongo que es una posibilidad.

- Si ha escapado, les encontraremos en la base.

No tardaremos mucho en llegar, pero tengo el presentimiento, de que no va a gustarme lo que encontraremos allí.
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MensajeTema: Re: El Despertar   Mar Dic 16, 2008 4:17 pm

XI Pateando el avispero

El pequeño pueblecito, nunca fue un hervidero de población. Pero ahora, parece siniestramente abandonado. Lo que encontramos frente a los edificios en los que nos hemos instalado, confirma mis oscuros presentimientos. El vehículo ligero que faltaba, se encuentra detenido frente a la clínica. Su carrocería presenta varios orificios de bala, supongo que adquiridos en la emboscada que acabó con el resto del convoy, pero lo peor, es el cuerpo derrumbado sobre el volante, que hace que el claxon no para de sonar produciendo un sonido de lo más desquiciante.

- Esto no pinta ni pizca de bien – afirmo mientras bajo de la furgoneta.

Mientras coloco el selector de disparo en posición de tiro semi automático, avanzo lentamente hacia el vehículo. Reconozco al conductor, un tipo de media edad y piel cetrina. El hombre ha recibido un balazo en el hombro, pero lo que ha terminado con su vida, es una herida de aspecto realmente fea en su garganta. El tamaño de la mordedura, concuerda con el de una boca humana. Pero le han arrancado incluso parte de la traquea… un ser humano no tiene tanta fuerza en la mandíbula.

Aparto el cuerpo y el claxon enmudece por fin, sólo para ser substituido por un grito femenino y algún tipo de furioso rugido.

- Pero que … - empiezo a decir, cuando mi visión periférica, capta un violento movimiento a mi derecha.

Vuelvo la cabeza y me encuentro con “Mr. Warred”, aun atado, cubierto de sangre y furioso. Pero él no ha podido ser… un rugido se aproxima por el lado contrario y Iván grita una advertencia. Me vuelvo y tengo una fugaz y aterradora visión de Valimir, que acaba de salir a la carrera por la puerta de la clínica. Todos los pelos se me ponen de punta, mientras el gigantesco y ensangrentado tipo, se lanza en mi dirección. Mi tenso cuerpo reacciona por instinto y le disparo dos veces. Las balas le impactan en el pecho y lo lanzan hacia atrás, como si le hubieran golpeado con un mazo, frenan en seco, cuando el tipo se encontraba apenas un par de metros de mí. El cabrón era rápido.

Iván, llega a tiempo de ver como el pobre cabrón, da sus últimos y agonizantes estertores en el suelo.

- Nunca me cayó demasiado bien – dice.

Varios gritos pidiendo auxilio, nos llegan desde el interior de la clínica.

- ¡Cuidado! – me advierte Iván.

Asiento con la cabeza, mientras avanzo hacia la entrada de la clínica. El interior se encuentra totalmente revuelto por lo que parecen evidentes signos de pelea, pero mi acelerado corazón, agradece el no llevarse más sobresaltos. Las voces proceden de la cerrada sala que hace funciones de consultorio. Iván se aproxima a la puerta y grita:

- ¡ Están a salvo!. ¡Ya pueden abrir la puerta!.

Oigo unos ininteligibles murmullos tras la puerta. Supongo que los que se han atrincherado tras ella, no acaban de fiarse, pero al cabo de unos segundos, oigo como se descorre el pestillo de la entrada y me encuentro con el Doctor Eric, que empuña una muleta a modo de cachiporra, con escasa convicción. Su rostro refleja un alivio considerable al vernos.

- Gracias a díos – dice -, al oír disparos, pensé que quizás eran…

Aunque no termina la frase, es obvio que se refiere a la guerrilla, lo que me hace pensar, que como mínimo sospecha, el motivo de su ataque. Tras él, se encuentra Alima, su guapa enfermera y Greg un estudiante de último curso del arqueólogo estirado, que debe andar haciendo funciones de “becario” o algo así, que al parecer se encontraba con fiebre.

- ¿Dónde está todo el mundo? – pregunta Iván, que parece genuinamente sorprendido por el aparente éxodo del pueblo.

Durante un par de minutos, el doctor nos hace un breve resumen de la situación, que todo sea dicho, no es demasiado halagüeña para nosotros. Los habitantes del poblado, a excepción de los más ancianos, han huido masivamente asustados por algún tipo de superstición local, que nos acusa de haber abierto el equivalente a la caja de Pandora. Lo peor del caso, es que el éxodo de habitantes, alertó a la guerrilla. No es difícil suponer, que alguno de ellos se acercara a echar un vistazo o que les llegara el rumor de alguien que nos vio cargando con máscaras antigas y equipos de protección NBQ. Son muchas las conclusiones a las que pueden haber llegado: que se nos ha escapado un agente biológico, que estamos experimentando sus efectos con la población local o peor aun, que estamos a sueldo del gobierno para exterminarles con ese tipo de métodos.

- Sea como sea – dice Iván -, será mejor largarse antes de que se nos echen encima. Será mejor que vaya llamando al helicóptero - pero el hombre no termina la frase, al ver la negativa del doctor.

- El helicóptero no vendrá – anuncia el doctor -. Llamé ayer para confirmar la llegada de Julie y por lo que sé, el gobierno ha puesto a toda la empresa en cuarentena. No sé que es lo que tiene esa muchacha, pero es algo realmente malo, malo y contagioso.

Iván maldice. Pero es una persona práctica, así que no pierde demasiado tiempo en lamentaciones. Sabe por experiencia, que eso no suele resolver gran cosa. Sobre la mesa del consultorio, extiende un mapa de la zona.

- Tendremos que hacerlo por tierra – comenta quizás más para si mismo que para los demás -, no puede decirse que nos sobren las alternativas.

Su dedo índice, se mueve sobre la gran franja oscura, que representa el desierto.

- No tenemos muchas alternativas – dice -, huir por tierra hacia el norte con la esperanza de llegar a la costa…


Muevo la cabeza negativamente. Eso llevaría demasiado tiempo y en cuanto la guerrilla se nos eche encima, no será de tiempo precisamente de lo que andaremos sobrados.
- ¿No puedes organizar una extracción aérea?.

Iván se encoje de hombros.

- Si esto fuera Tanzania sin duda – responde -, pero Tanzania está demasiado lejos, tendré que hacer algunas llamadas.

- ¡ Pues hazlas! – digo mientras me dirijo de nuevo hacia la puerta -, tenemos que estar listos para partir en menos de dos horas… suponiendo que tengamos dos horas.

El hombre asiente, mientras dice casi para si mismo:

- Sé de un par de tipos que podrían echarnos una mano…

Por alguna razón que no soy capaz de definir, ese último comentario no me ha dado ni pizca de buena espina. Puede que se deba a la expresión de Iván al decirlo o puede que tenga algo que ver, el que desde ayer todo lo parece estar convirtiéndose en mierda a nuestro alrededor. Pero si van a sacarnos de aquí, me importa un bledo que quien lo haga sea la mafia, traficantes de armas o cualquiera de los sórdidos contactos de Iván.

- ¿A dónde va usted? – me pregunta el doctor Eric.

- A Recoger a nuestra gente de la zona de trabajo – respondo -, no podemos dejarles allí.

¿No podemos?. Probablemente, lo más inteligente que podría hacer ahora mismo, es llenar la camioneta con todo el agua y combustible que pueda cargar y salir pitando hacia el norte, con la esperanza de llegar a la costa. Pero no estaría aquí, de ser una persona acostumbrada a hacer lo más inteligente.
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MensajeTema: Re: El Despertar   Jue Dic 18, 2008 4:02 pm

XII Recadero

No es que queden demasiados vehículos para escoger. El parque móvil, después de los últimos incidentes, se encuentra reducido a un pequeño camión, dos baqueteados land rovers y la camioneta en la que hemos llegado hasta aquí. El camión es sin duda la opción más sensata. Pero nunca he conducido uno y no creo que este sea un buen momento para aprender, la camioneta necesitaría ser repostada y aparte, no me apetece sentarme sobre los sesos resecas de su conductor, por lo que tendremos que apañarnos con el Land Rover. Saco de su interior una de las dos petacas de agua potable, varias cajas llenas de comida deshidratada y dos de las tres ruedas de repuesto que se encuentran en la parte posterior, para dejar más espacio.

- ¿Necesita ayuda?.

Me vuelvo hacia el origen de la voz. Se trata del doctor Eric, unos metros a su espalda.

- ¿Sabe conducir? – pregunto aun a sabiendas, que la respuesta es afirmativa.

El hombre asiente con la cabeza no demasiado convencido. Se ve a la legua, que no le entusiasma la idea de acompañarme y tampoco es que en una situación normal, le involucrara en un asunto tan potencialmente apestoso como este, pero con los dos vehículos, la recogida será mucho más cómoda y rápida, así que le entrego mi fusil de asalto.

- ¿Sabe utilizar esto?.

El doctor mira mi arma como si fuera una serpiente venenosa y durante un par de segundos, estoy seguro de que va a rechazarla. Pero esto es África y los dos sabemos que no está el horno para bollos, así que el tipo la toma mientras asiente con la cabeza.

- ¿Y usted? – pregunta el médico.

Me quito el porta cargadores, que también le entrego.

- No se preocupe por mi – respondo -, salimos en cinco minutos.

El hombre asiente con la cabeza y me cruzo con Alima, mientras me dirijo al contenedor de armamento. No miro hacia atrás, pero no me cuesta imaginar por la furibunda mirada que la enfermera me dedica, lo que opina al respecto de todo este asunto.

Abro la puerta del contenedor metálico. y tomo un Aks-74U, una versión más corta y compacta del AKS-74. Normalmente suelo preferir el viejo Aks-47, con culata plegable de mayor calibre y alcance. Pero tal como está el percal, prefiero optar por algo más ligero. Me coloco cuatro porta cargadores dobles con ocho cargadores de treinta cartuchos y dos granadas. No me molesto en cerrar la puerta del contenedor al salir. El doctor parece enzarzado en algún tipo de aparatosa discusión con la enfermera.

- Nos vamos – anuncio en voz alta.

El hombre le dice algo a la muchacha, pero mueve ceñudamente la cabeza, antes de introducirse en el vehículo. Está claro que ha decidido acompañarnos sí o sí. El doctor me mira con desesperación, supongo que buscando mi apoyo, pero los cinco minutos ya han pasado, así que limito a encogerme de hombros y montar en el primer land rover. Este no es lugar ni momento para discusiones de pareja.

Pongo en marcha el vehículo y entro en la polvorienta pista de tierra. Se me ocurre, que debí avisarle al doctor de lo que va a encontrarse cuando lleguemos a la zona de la emboscada. Pero lo hecho, hecho está, así que acelero mientras compruebo con una mirada de soslayo, que soy seguido por el segundo vehículo.

Mi corazón se acelera, a medida que nos acercamos a la zona del último tiroteo. Se trataba de un grupito de muchachos con más pelotas que cabeza. Pero si de algo estoy seguro, es de que hay muchos más en el lugar del que procedían esos, de que no tardaran en averiguar lo sucedido aquí y que cuando lo hagan, vendrán a por nosotros. No se trata de una posibilidad, sino de una certeza y la única variable al respecto, es el tiempo en que tardarán en hacerlo y lo lejos que conseguiremos estar nosotros, cuando eso ocurra.

Los animales carroñeros, apenas nos prestan atención cuando pasamos por la zona. Hoy es un gran día para hienas, perros y buitres. No me cuesta suponer, lo que estará pasando ahora mismo por la cabeza de los ocupantes del vehículo posterior. Una cosa, es saber que han matado a gente que conocías y otra muy distinta, ver como sus cuerpos demasiado rotos como para identificarlos, están sirviendo de pitanza a la fauna local.

Pero aparte del hedor y la desagradable visión, salimos del lugar sin el menor contratiempo. Por un lado eso es bueno, pero no me engaño al respecto. Sé que cuanto más despacio se muevan, más numerosos serán cuando lleguen. No me atrevo a imaginar siquiera, la magnitud de fuerzas que se estarán reuniendo para aplastarnos. Tampoco nos irá mucho mejor si caemos en las manos del ejército.

Tal como están marchando las cosas, no me sorprendería el encontrar la zona de la excavación bajo ataque, pero para mi alegría, veo el land rover que se encontraba patrullando la zona, al que ya daba por perdido, aparcado cerca de la tienda de entrada.

Al aparcar junto al vehículo de patrullo, veo varios impactos de bala en su carrocería. Del interior de la tienda, emergen Frank y “arni”. No es que “arni” se llame realmente así, pero su impronunciable apellido lleno de consonantes y su parecido con el actor Arnold Schwarzenegger, en la época en la que hacía películas de acción, le hizo acreedor de ese mote.

- Las cosas no están bien – dice Arni con su característico acento germánico -. Nos tirotearon.

Asiento con la cabeza. Al acercarme más, veo un cuerpo tendido en la parte posterior del tiroteado vehículo.

- ¿Cómo está…? – dejo la frase en suspenso ya que soy incapaz de recordar quien le acompañaba y para verle la cara, tendría que asomarme al interior.

- Muerto – me corta “arni” -, ni siquiera lo vio venir.

Mientras el doctor y su enfermera se aproximan a nosotros, levanto el toldo posterior y me asomo al interior del vehículo. Reconozco el pálido rostro, pero sigo sin recordar su nombre. Supongo que poco importa ahora.

- ¿Cuántos fueron? – pregunto -¿a que distancia?.

- No llegue a verles – responde “arni” -, pero no creo que fueran más de media docena. Aun no pueden haber ido lejos, si nos damos prisa…

Veo que aun no ha descubierto la profundidad de la mierda en la que nos hemos metido.

- ¡Olvidalo! – le corto -, ¡ somos nosotros los que tenemos que largarnos ¡.

De la tienda, han salido ahora “marbellita”, Leonid y “Johnnosecuantos”. Sus expresiones muestran una curiosa variedad de expresiones entre las que destacan la curiosidad, el temor y incluso la indignación.

- ¡¿Y dejarles marcharse de rositas?! – me espeta “arni” -. ¡ Han matado a uno de los nuestros!.

- Eres tú el que no lo entiende – le explico -, la guerrilla piensa que hemos estado realizando experimentos con armas químicas.

- ¡ Pero eso es absurdo! – se queja “Johnnosecuantos” -. ¡ Aberrante!.

- Pruebe a explicárselo a ellos – continuo -, emboscaron el convoy hace unas horas.

El lingüista se lleva las manos a las cabezas con más fastidio, incredulidad y indignación que miedo.

- No ha habido supervivientes – continua el doctor Eric -, y no pararán hasta acabar con el último de nosotros.

Ahora “Johnnosecuantos”, se queda con quieto y aparentemente mudo con la boca muy abierta. Como si todo esto fuera algo demasiado terrible como para poder asimilarlo. “Marbellita”, con el sexto sentido que uno termina desarrollando en el oficio, para reconocer las situaciones jodidas, me pregunta:

- ¿Pero aun hay más verdad?.

Asiento con la cabeza antes de decir:

- El gobierno nos ha puesto en cuarentena y por lo que la extracción aérea no es una opción y si nos echan el guante…

Dejo la frase en suspenso, pero el que más y el que menos, conoce las condiciones de esos pozos de locura e infección, a las que aquí consideran instituciones penales.

- ¿Alternativas? – pregunta ahora el ex legionario.

- Iván va a mover algunos hilos – respondo -, en el mejor de los casos, podremos pagar a algún traficante para que nos saque de esta.

- ¿Y en el peor? – vuelve a preguntar “marbellita”.

- Tendremos que llegar hasta la costa.

“Johnnosecuantos”, que por lo que parece, acaba de recuperar el don del habla, explota con indignación:

- ¡ Esto es inaceptable!, ¡soy un ciudadano británico!, ¡ mi gobierno!...

- Si tiene un plan mejor – le corto -, le invito a que lo siga.

Frank y “arni” bajan el cadáver de nuestro compañero caído. No tiene sentido pasear un fiambre y el que tu cuerpo termine abandonado en un lugar como este, es lo que podemos considerar un riesgo laboral. “Johnnosecuantos” sale corriendo en dirección a la excavación y reaparece con Alfred que camina hacia nosotros, como si le hubieran metido el palo de una escoba por el ojete. Algo que probablemente termine por ocurrirle, si me toca demasiado los cojones.
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MensajeTema: Re: El Despertar   Mar Dic 23, 2008 2:25 pm

XIII El Precio

El pequeño convoy formado por los tres vehículos, hubiera tardado un tiempo record en formarse, de no ser por la estupidez, de los miembros presuntamente más sesudos y laureados de la expedición.

Alfred (para nosotros señor Wallace), con esa sensación de invulnerabilidad, que da el estar seguro de que nadie osará ponerte la mano encima por ser quien eres, se niega en un principio a abandonar el gran hallazgo arqueológico.

- Por mi como si se la machaca con dos piedras – le respondo.

Su rostro refleja la incredulidad del que no está acostumbrado a este tipo de respuestas, pero no tarda en recuperarse y enrojeciendo como un tomate, empieza a gritarme:

- ¡Esto es increíble!, ¡ una violación del contrato!, ¡ son unos impresentables !, ¡unos incompetentes!, ¡unos piratas!.

El tipo se detiene para tomar aire, mientras ignorándole por completo, organizo la carga y la disposición de los vehículos.

- ¡ No se atreva a darme la espalda ! – grita el arqueólogo, agarrándome por el hombro - ¡no sabe con…!.

No puede terminar, la frase. Me vuelvo violentamente y con la rapidez que da la práctica, le agarro de la mano con mi mano derecha y de la muñeca con la izquierda, practicándole un movimiento de torsión, que le provoca una dolorosa luxación.

- No – le digo haciendo acopio de mis últimas reservas de paciencia -, es usted el que no sabe en la mierda en la que está metido. Si quiere quedarse me parece perfecto, si quiere gritar, por mi puede hacerlo hasta reventar, pero no se atreva a hacerme perder más tiempo.

Le suelto y Alfred, parece darse cuenta por vez primera, que todo su prestigio, poder y dinero, no van a servirle de nada en este puerco rincón del planeta. Como si acabara de despertar en medio de una pesadilla, ve como los escasos trabajadores contratados, cargando con agua y comida, prefieren marcharse a pie por su cuenta y riesgo. Saben por experiencia, que somos imanes de balas. No puedo culparles, como suele decirse: esta no es su guerra y esto sobrepasa con creces, la cantidad de riesgos laborales, que están dispuestos a asumir. También sé, que no dudaran un segundo en delatarnos a la guerrilla en cuanto topen con ellos, si a cambio pueden salvar su pellejo. Así han sido siempre las cosas y así seguirán.

Mientras “Johnnosecuantos”, acompaña al prestigioso arqueólogo a la parte posterior del segundo vehículo, el land rover conducido por el doctor Eric donde Alima conserva el puesto de copiloto, Leonid consigue acomodar su pesada ametralladora en la ventana del copiloto del tercer vehículo, que será pilotado por “Arni”. Por mi parte, le cedo el volante a “Marbellita”, sentándome en el asiento del copiloto del vehículo que abrirá la marcha, en el que Frank se instala a sus anchas en la parte posterior.

Nos movemos manteniendo una velocidad que rara vez pasa de los cincuenta quilómetros por hora y temiendo constantemente, caer en una emboscada, pero aunque me llevo un sobresalto, cada vez que detecto el menor brillo en el horizonte, el temido ataque, no llega a producirse.

- No van a organizarse tan rápido – me dice “marbellita” -, sus campamentos están apartados y dispersos, para evitar que el ejército pueda barrerles de un solo plumazo.

Asiento con la cabeza, a pesar de que el hombre absorto en la conducción por el pedregoso camino, difícilmente puede darse cuenta de ello. Así que estoy a punto de decirle que probablemente esta en lo cierto, cuando les vemos aparecer.

- ¡ Joder !.

“Marbellita” da un volantazo y derrapamos hacia la derecha. Tal como acordamos antes de salir, el segundo vehículo, conducido por el buen doctor, se coloca ladeado más o menos a nuestra derecha, aunque no lo compruebo, sé que el tercero se habrá colocado ladeado en la parte trasera, con lo que formamos una especie de perímetro defensivo. Bajo del vehículo y apunto en dirección al pequeño grupo de guerrilleros, que se mueven de un modo aparentemente despreocupado y tambaleante en nuestra dirección.

- Se mueven como … - dice “marbellita” -, ya sabes.

Lo sé. Frank que ya ha saltado a tierra y está apuntando a través del visor telescópico de su arma, nos lo confirma.

- Esos cabrones están muy jodidos.

Bajo el arma y vuelvo al land rover donde busco hasta dar con los prismáticos.

- ¿Abrimos fuego? – me pregunta Leonid , que se ha movido hasta la vanguardia.

Miro a través de las lentes de aumento. Se trata casi de chavales. Uno sufre terribles quemaduras que rezuman un líquido que parece demasiado claro para ser pus, el segundo presenta varios impactos de bala en los puntos donde le disparé, aparte de faltarle la mayor parte del rostro, donde los animales de rapiña, que nunca desprecian las partes especialmente tiernas, se han estado cebando. El resto de cuerpos hirvientes de moscas, tampoco presentan mucho mejor aspecto, aunque quizás el más espeluznante, es uno de los cuerpos desollados, que sin duda había sido uno de los nuestros. El polvo se ha pegado a los tejidos, dándole un grotesco aspecto a caballo entre un maniquí de anatomía y una croqueta.

- No disparéis – ordeno sin atreverme a levantar demasiado la voz -, ya están muertos, sólo que no parecen haberse dado cuenta aún.

- Son putos zombis tío – confirma Frank -, como los de las películas sólo que en peor.

Sé a lo que se refiere. El resto están demasiado lejos como para poder apreciarlo, pero tanto Frank a través de su mira de doce aumentos como yo a través de los prismáticos, veo esos ojos tan fríos como implacables. Los seres avanzan de un modo que parece casi mecánico como si tuvieran todo el tiempo del mundo para perseguirnos y atraparnos y sé, que a pesar de todos los horrores que he visto a lo largo de los años, esa mirada va a tener un lugar de honor entre mis peores recuerdos.

- Vámonos.

Subimos a los vehículos y cruzamos por la zona de la emboscada, ahora convertida en lo que parece una macabra atracción de feria, en la que todos los cuerpos, caminan, se arrastran o agitan mecánicamente. Los seres, se vuelven en dirección a nuestros vehículos cuando pasamos entre ellos, pero se mueven con demasiada torpeza y lentitud, como para suponer un problema que los conductores no puedan esquivar. No veo ni rastro de los animales carroñeros que se estaban alimentando de los cuerpos durante el viaje de ida.

No sé en el resto de vehículos. Pero en el nuestro, nadie habla sobre lo sucedido. Frank fuma un cigarrillo tras otro con la mano diestra, sin sosteniendo con la zurda su preciada arma, de forma que protege con el cuerpo el visor de cualquier golpe que pudiera llevarse al pasar sobre algún bache. En la mayoría de los casos, los mercenarios somos tipos supersticiosos y en este caso, su arma, un carísimo Heckler & Koch PGS-1 de origen alemán, del que no se ha separado durante los últimos años, es su fetiche.
La mayoría, no nos complicamos, viajamos en vuelos comerciales y al llegar a la zona, la empresa nos proporciona lo que necesitamos. En otros casos más raros, algunos compran al llegar a la zona, determinado modelo de arma con el que están especialmente familiarizados y por último, los más sibaritas, generalmente los tiradores de élite, suelen gastarse un dinero, en hacerse enviar su arma a la zona. Frank, es uno de ellos.

“Marbellita”, se dedica a tararear en voz baja, una cantinela, que habla de una cabra y de una tal Asunción, mientras conduce con los ojos perdidos en el horizonte.

Pero a pesar de la tensión, no sufrimos más sobresaltos. Llegamos a la silenciosa base de operaciones, donde encontramos a Greg saludándonos nerviosamente. El delgado joven que por lo que veo ha entrado en el deposito de armamento, se ha colgado una pistolera del cinturón, en la que descansa una Tokarev TT-33. El enorme arma de calibre 7,62, le confiere cierto aire cómico.

- ¿Sabes usar eso? – le pregunto en cuanto bajo del land rover.

Por su mirada de temor, esta claro que teme que se la quite. Puede que sepa utilizarla, pero sin duda le hace sentirse más seguro.

- Soy un hacha en el counter strike – responde con nerviosismo.

- Si no has disparado nunca – le recomiendo -, quizás sería mejor que escogieras una nueve milímetros, pero haz lo que quieras.

- Gracias – responde con alivio evidente.

- Sólo asegúrate de no dispararte en el pie – le advierto -, ¿Dónde está Iván?.

Greg señala el interior de la clínica y hacia allí me encamino, mientras el resto se encargan de repostar los vehículos.

Encuentro a Iván inclinado sobre uno de los improvisados mapas de la zona. Se encuentra tan absorto, que incluso se sobresalta ligeramente cuando doy unos golpecitos en la puerta abierta para anunciar mi presencia.

- ¿Cómo va el asunto de la evacuación jefe? – le pregunto con fingido buen humor.

- Tengo buenas noticias –responde.

Pero le conozco lo suficiente, como para saber que está a punto de intentar colarme un sándwich de mierda como si fuera paté francés.

- No me importa quien ni como, mientras nos saquen de esta.

- Está todo arreglado – afirma con una sonrisa más falsa que un billete de treinta euros -, no será fácil, pero puede hacerse, si llegamos a un aeródromo abandonado, nos llevarán en avión a baja altura hasta Tanzania y desde allí…

- Desde allí se encargaran tus contactos de llevarnos a Europa.

La cosa no pinta tan mal como pensaba.

- Pero hay una condición.

Ese es el sándwich. No tengo la menor idea de cual va a ser esa condición, pero no me cabe la menor duda, de que no va a gustarme un pelo.

- ¿Qué coño piden?.

Iván no responde, parece estar meditando sobre el mejor modo de soltarlo, lo que no hace sino empeorar mis temores.

- ¡Suéltalo de una vez joder!.

- Quieren a Malik.

- ¡Joder!.

- Preferiblemente vivo.

Me equivoqué, no es un sándwich de mierda, lo que intenta colarme, sino una pastel de mierda, relleno de cuchillas de afeitar.
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MensajeTema: Re: El Despertar   Mar Ene 13, 2009 10:51 am

XIV Consecuencias


Ni por un momento, había esperado que fueran a sacarnos de esta mierda así sin más. Pero el que Iván pretenda que capturemos a Malik, después de lo de esta mañana, más que absurdo, me parece obsceno.

- ¡¿Ahora?! – pregunto con más indignación que incredulidad –después de asesinar a aquel desgraciado y decir que no era nuestro problema, ¿pretendes que salgamos a capturarle?. ¡ Ahora sería más fácil encontrar una jodida aguja, en un puto pajar lleno de escorpiones, minas y suministros médicos infecciosos joder!.

Pero lejos de inmutarse, Iván se vuelve hacia el mapa y me señala un círculo que abarca dos cuadrículas. El equivalente a un par de quilómetros cuadrados.

- Pero es que ahora – comenta como si fuera lo más normal del mundo -, sabemos donde se encuentra exactamente.

Esto ya es el colmo.

- ¿Y como cojones puedes saberlo?. ¿Es que ahora eres adivino?.

- ¡ Te pago para que obedezcas mis putas órdenes! – explota por fin, levantando la voz -, esto es lo que hay y si quieres salvar el pellejo, ya estás tardando en…

- Te juro por dios – le corto hablando en voz baja -, que si durante los próximos cinco minutos, no me convences para hacer otra cosa. Me subo a un land rover y intento llegar a la costa por mi cuenta y riesgo.

Iván no responde enseguida. Está claro que me está ocultando algo. Pero ya estoy harto de secretos y él debería conocerme lo suficiente, como para saber que estoy hablando en serio.

- Cuando te marchaste – dice por fin -, hice algunas llamadas. La cosa, es mucho peor de lo que pensamos.

- ¿Cómo de peor?.

Tarda algo más de cinco minutos. Mi jefe se toma su tiempo, para resumir lo que a el le llevó varias llamadas telefónicas descubrir.

Ayer tarde, el estado de salud de Julie, se resintió, sin que los doctores del hospital, fueran capaces de identificar la infección que la consumía. Temiendo que se tratara de algún tipo de enfermedad infecciosa nueva, la pusieron en cuarentena, pero el director del museo, movió los hilos suficientes, para arreglar su traslado a Estocolmo. Al ECDE, el Centro Europeo para la Prevención y el Control de las Enfermedades Infecciosas.

Pero algo falló. Antes del traslado, la muchacha enloqueció y rompió la zona de cuarentena (que probablemente no sería muy allá), atacando a varias personas. Julie, termino siendo abatida a tiros por el personal de seguridad. Cuando el equipo médico, enviado desde Europa, llego al anochecer, se encontró con el cuerpo metido en una bolsa de plástico para cadáveres. En cualquier caso, el viaje ya estaba hecho, así que metieron el cuerpo en una especie de ataúd metálico estanco y se llevaron el cuerpo de Julie al ECDE, para su estudio.

Esta misma mañana, la flor y nada del ECDE, se reunió con sus trajes de protección bacteriológica en una aséptica sala en la que abrieron el ataúd de la muchacha, para proceder a la autopsia del cuerpo. Ese grupo de curtidos investigadores, creía haber visto ya de todo. Pero cuando el presunto cadáver, se incorporó y le arrancó media cara a uno de los eminentes doctores y varios dedos a otro cuando trató de ayudarle. Los sesudos investigadores, descubrieron que habían dado con algo, que hizo que se dispararan todas las alarmas.

Así que, el continente entero está ahora en cuarentena y no hay nadie que vaya a mover un dedo por sacarnos… a menos que tengamos algo realmente valioso con lo que negociar. Iván no sabe quien es, ni a quien representa. Pero la cuestión, es que alguien de arriba, se ha puesto en contacto con él. Alguien, que tiene los medios necesarios como para disponer de satélites de vigilancia y que ha prometido sacarnos de aquí, si le conseguimos al paciente cero, es decir, a Malik.

No me gusta. Este asunto, apesta al tipo de mierda ultrasecreta, en la que terminan matando a todos los implicados. Pero no es que tengamos muchas opciones. Así que me acerco al mapa y me fijo en las cuadrículas señaladas. No la zona no estaría demasiado alejada en condiciones normales.

- Muy bien – acepto no del todo convencido -, supongamos que conseguimos llegar a la zona, que encontramos a Malik y que conseguimos apresarlo. ¿Cómo nos sacan?.

Iván retira la vista cuando señala el teléfono vía satélite y me señala el mapa.

- Dijeron que llamarían para proporcionarnos una zona de extracción. Sé que es un trato de mierda… pero es lo mejor… lo único que he podido conseguir.

No sé porque, pero estoy seguro de que no me está diciendo toda la verdad. Por otro lado, ¿qué puedo hacer?. No tengo ni idea, de que es esta mierda que parece enloquecer a las personas y levantar a los muertos como en una mala película de terror. Pero sea lo que sea, se está extendiendo. Si me largo ahora, puede que consiga escurrirme hasta alguna población y pasar desapercibido durante un tiempo. Pero ya dejé escapar la ocasión de acabar con esto cuando tuve la ocasión. Esta mañana, Iván hizo que desperdiciáramos la ocasión por segunda vez y si dejo escapar esta tercera… tengo el presentimiento de que no habrá una tercera.

- Está bien, te traeré a ese cabrón – accedo finalmente-, pero será mejor que no haya más sorpresas.

Iván asiente y vuelve al mapa.

- No podemos quedarnos aquí esperando – dice mientras su dedo se dirige a una lejana cuadrícula -, llévate a “Frank” y “Marbellita”, nosotros os esperaremos aquí.

El dedo de Iván señala en el mapa, una zona en la que puede verse una mancha azul. No figura nombre alguna, pero según el mapa, allí hay agua todo el año y donde puede encontrarse agua, es posible encontrar algún tipo de asentamiento. Sospecho, que la elección del lugar no ha sido casual, pero supongo que es un lugar tan malo como cualquier otro. Calculo la distancia entre la llegada al punto donde presuntamente se encuentra Malik y el punto de encuentro, la distancia no excede la autonomía del todo terreno, si llenamos ambos depósitos… siempre que no nos perdamos o topemos con la guerrilla claro está.

- Te juro que si salgo de esta… - pero no termino la frase.

Iván asiente con la cabeza, supongo que no es difícil suponer como me siento en este momento. Pero el futuro es ahora mismo algo demasiado oscuro e incierto como para pensar en él.

- Recuerda que lo necesitamos vivo – me dice el mercenario a modo de despedida.

- Dijiste preferiblemente vivo – respondo remarcando la palabra preferiblemente, mientras anoto en una pequeña libreta, las coordenadas del centro de círculo pintado en el mapa.

Cierro la puerta a mi espalda al salir y me dirijo hacia el exterior. Por lo que veo, ya han terminado de repostar los vehículos y andan enzarzados en algún tipo de violenta discusión.

- ¿Cuál es el problema? – pregunto a “marbellita”.

- Estos idiotas – el hombre señala a Alfred para dejar claro de a quien se dirige -, pretenden que nos llevemos a Warred.

¡Mr Warred!. Lo cierto es que me había olvidado por completo de él.

- Olvídalo, no es nuestro problema, nosotros tenemos algo que hacer.

“Marbellita” entorna ligeramente los ojos.

- ¿Algo aparte de largarnos?.

Resumo la situación ante el atónito grupo. Cuando termino, nadie abre la boca en varios segundos. Frank, se limita a encogerse de hombros, aceptando la situación con su habitual estoicismo. En cuanto a “marbellita”, se dedica a proferir sonoras maldiciones durante un rato. Pero no tarda en llegar a la misma conclusión que yo: todo este asunto apesta, a ninguno de nosotros nos contrataron para esta mierda. Pero no es que tengamos muchas alternativas.

- Yo también voy – dice la voz de Greg -… es decir, si me permiten acompañarles.

Me vuelvo sorprendido ante el joven, cuya decidida expresión contrasta con el pálido rictus que exhibe el rostro de Alfred. El doctor Eric, también parece a punto de ofrecerse, pero su mirada se desvía involuntariamente hacia su guapa enfermera y permanece en silencio, mientras El lingüista y el arqueólogo, tratan de disuadir al joven.

- Esto no va a ser una excursión chico – dice el francotirador.

Greg asiente con la cabeza. ¿Trata de demostrar algo?, ¿quiere vivir una aventura?, ¿trata de impresionar a la enfermera?, ¿está como un cencerro?. No me queda nada claro, que es lo que pretende y no me cabe duda de que puede ser más un estorbo que una ayuda, pero sin duda los tiene bien puestos, así que muevo afirmativamente la cabeza.

- Sube al vehículo – le indico señalando al primer land rover.

“Marbellita” me mira como si no me reconociera. Está claro, que no aprueba el nuevo fichaje, pero se limita a comprobar el seguro de su arma antes de sentarse tras el volante. Frank se acomoda en la parte trasera, junto a Greg, mientras yo me siento en el lugar del copiloto y saco el pequeño mapa. Para bien o para mal, allá vamos.
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MensajeTema: Re: El Despertar   Mar Ene 13, 2009 3:36 pm

XV El Pastor


Tal como están las cosas, es lógico que no cantemos canciones, pero el tenso silencio que mantenemos, es como mínimo incómodo. “Marbellita”, visiblemente molesto, conduce con la expresión del que calla por no empezar a “rajar” y “maldecir” de todo lo que se menea, Frank, siempre ha sido un tipo parco en palabras, lo que suele estar muy bien y Greg, a pesar de ser habitualmente un tipo optimista y hablador, parece demasiado acojonado como para decir nada, como si temiera que fuésemos a matarle por abrir la boca. Así que, en parte para tranquilizarle y en parte para intentar distender un poco el ambiente, me vuelvo hacia atrás y le pregunto:

- Dime chaval, ¿como es que te has apuntado a este marrón?.

Juraría, que a “marbellita” se le ha escapado algún tipo de maldición/murmuración en voz baja. No es un secreto, que no aprueba la inclusión del joven becario en esta misión, pero hago caso omiso en espera de la respuesta del muchacho, que parece algo vacilante, así que añado:

- ¿Te gusta la enfermera y querías impresionarla?, pierdes el tiempo, su chocho y todo lo que está pegado a él, le pertenece al buen doctor.

El joven enrojece ligeramente, por lo que supongo que si no he dado de lleno, por lo menos he rozado el objetivo. Frank incluso se permite un amago de sonrisa. Greg levanta la vista y responde con una voz un tanto trémula:

- En realidad, pensé que estaría más seguro aquí.

La sonrisa de Frank se convierte ya en un amago de risas, “marbellita” bufa algo que suena remotamente parecido a “jodido gilipollas”.

- ¿Más seguro chaval? – respondo con genuina incredulidad, - me parece que no sabes donde te has metido.

Callo justo antes de explicárselo. Después de todo, no tiene sentido acojonarle y menos ahora, cuando ya es demasiado tarde para volver atrás.

- Es que pensé – continua Greg algo más animado -, que en su pellejo, nos consideraría… - vuelve a vacilar -, es decir a nosotros… ya saben una carga y que quizás esto fuera algún tipo de artimaña para dejarnos atrás.

- ¡ Coño! – exclama “marbellita”.

La verdad, es que “el chaval”, tiene la mentalidad apropiada. Desde luego, en el caso de estar en lo cierto, la hubiera cagado igual, ya que de ser nuestra intención largarnos por nuestra cuenta y riesgo, ya hace rato que nos hubiéramos librado del exceso de equipaje. Pero esa respuesta, dice mucho de él, ya que implica que a diferencia de sus jefes, ha sabido valorar apropiadamente la situación en la que se encuentra y que además, de tener las agallas necesarias para tomar una decisión arriesgada, también ha contado con la suficiente falta de escrúpulos, como para hacerlo sin importarle dejar a los otros atrás. Ahora comprendo, que el leve rubor, no es porque pensara en impresionar a Alima, sino por haberla dejado atrás.

- Bueno chaval – exclamo tendiendo la mano -, permíteme ser el primero en darte la bienvenida al grupo, realmente tienes madera de…

Soy interrumpido por el brusco frenazo del vehículo. Al estar de espaldas, ignoro el motivo, pero a priori, soy pesimista.

- ¿Que coño? – empiezo a preguntar.

No hace falta que prosiga, “marbellita” señala hacia el frente, donde prácticamente todo el horizonte, está cubierto de siluetas.

- No nos están disparando – dice Frank.

- Puede que aún no nos hayan visto – aventura Greg.

Tomo los prismáticos y bajo del vehículo. No me sorprende reconocer a algunos de los fiambres andantes, a través de las lentes de aumento. Más sorprendente, me parece el que su número haya aumentado tanto y el que ahora, parezcan moverse de un modo mucho más coordinado.

- Un tipo los dirige – dice Frank a mis espaldas -, por la parte de atrás, a la derecha.

Muevo los prismáticos con incredulidad y en efecto, veo a un joven cargado de armas, cuyos movimientos, nada tienen que ver, con los lentos y mecánicos de los seres que le rodean. El vello se me eriza, cuando veo que fija en mí su mirada.

- Esto no me gusta un pelo – dice “marbellita” desde el asiento del conductor.

- Ahora son muchos más – digo sin dirigirme a nadie en concreto -, no entiendo como habrán podido acabar con …

- No lo han hecho – responde Frank mirando a través del visor de su arma -, muchos están amortajados.

Es cierto, aunque con el polvo y suciedad que les envuelve, es difícil de percibir, pero ahora que sé que es lo que estoy buscando, detecto varios cuerpos de color casi azulado, medio desnudos a parte de los restos de lo que podrían ser sus mortajas. Las implicaciones de lo que estoy viendo, son como mínimo inquietantes en un lugar con tantos cementerios y cadáveres.

- Vienen hacia nosotros – continua Frank -, podría ser buena idea cargarse al que los dirige.

Aunque no estoy seguro, de que el joven guerrillero les esté dirigiendo realmente, pero después de todo, no andamos escasos de municiones así que.

- Hazlo.

Frank se toma su tiempo antes de realizar un único disparo y el joven se derrumba de rodillas en el suelo. Sus macabros acompañantes, primero frenan el paso, como si no recordaran el lugar hacia el que pensaban dirigirse. Luego, los más próximos al cadáver, varían su rumbo y aceleran en dirección al cuerpo caído.

- Sí – reconozco -, supongo que si ejercía algún tipo de control entre ellos.

Las hordas de no muertos o como mínimo de no enterrados, inician un brutal pero corto festín con los restos del guerrillero.

- Esto me recuerda a esa mierda vudú – dice Frak -, sólo que allí no están realmente muertos y no son violentos, sólo mano de obra barata... y luego está el tema del canibalismo…

- Toda esa mierda parece muy interesante – nos interrumpe “marbellita” -, pero será mejor que aprovechemos para largarnos.

Tiene toda la razón. Regresamos al vehiculo sin decir una palabra, pero una cosa está clara: este asunto se está volviendo más raro y aunque no tengo la menor prueba al respecto, tengo la corazonada, de que toda esta mierda, procede de la excavación. Toda esta historia, me recuerda a las maldiciones de los profanadores de tumbas.

- Esto parece el Apocalipsis – dice Greg -, el final de los tiempos predicho en tantas religiones, cuando los muertos se levantaran y serán juzgados por…

- ¡ Basta ya de esa mierda! – le corta “marbellita” -, las religiones no son más que un engañabobos para comernos la cabeza.

Ninguno de los presentes osa replicarle. Supongo que ninguno de nosotros es un tipo especialmente religioso. Probablemente, la ciencia encuentre algún día una explicación para todo esto. Hace apena unos cuantos cientos de años, algo como un teléfono móvil, un avión o incluso una radiografía, hubieran sido considerados prácticamente como ciencia ficción. El que yo no sea capaz de explicar el funcionamiento de un televisor, no lo convierte en algo sobrenatural, así que será mejor no romperse la cabeza con ello y concentrarme en la misión que tenemos entre manos. Según el mapa y suponiendo que no se haya movido más allá de un par de cuadrículas desde el momento en el que le pasaron su ubicación a Iván, la distancia que nos separa, no debería ser mayor de treinta quilómetros desde nuestra ubicación actual. Así que si no pasa nada raro, no deberíamos tardar demasiado en dar con él… o por lo menos, con alguna pista que nos permita dar con él y cuando lo hagamos… bueno, me preocuparé por eso cuando llegue el momento.
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MensajeTema: Re: El Despertar   Miér Ene 21, 2009 2:27 pm

XVI El Bosque


Podrán decirse muchas cosas del malnacido de Malik, pero desde luego, nadie podrá acusarle de ser un tipo discreto. Aunque no le encontramos muy alejado de la cuadrícula que nos indicaron, tampoco creo que hubiéramos sufrido excesivos problemas para localizarle, dado el gigantesco tamaño del grupo de seres que le acompaña: caravaneros, guerrilleros, trabajadores civiles… un montón de gente que no se hubiera puesto de acuerdo ni sobre la cantidad de mugre que les cubre, ahora se tambalean juntos en comandita.

- ¿Cómo podrá soportar esa peste? – pregunta Frank.

Esa es otra. Aunque caminen, muchos o puede que incluso todos los cuerpos, se estén pudriendo en un proceso químico, brutalmente acelerado por este clima infernal. Desde nuestra posición situada a una distancia más que prudencial del numeroso grupo, ya el hedor es casi intolerable, por lo que no quiero ni imaginar su intensidad en medio de ese nutrido grupo de carroñas andantes.

No me cuesta localizar a nuestro objetivo. Malik camina en solitario en el centro del grupo y a diferencia de las hordas que le rodean, se mueve con normalidad. Lo que me trae inmediatamente a la memoria, el caso del joven que parecía guiar un rebaño de fiambres… aunque a una escala mucho mayor.

- Bueno aquí está – dice “marbellita” - ¿ahora como lo hacemos?.

Esa es una buena pregunta. Rodeado por esa masa de zombis, no sería muy complicado eliminarle gracias a la puntería de Frank. Pero cogerlo con vida… eso ya va a ser otro cantar.

- Quizás podríamos organizar una distracción – aventura Greg.

Eso suena bien y para ser sinceros, casi tenemos en cuenta su idea durante los cerca de cinco minutos, que dedicamos a la planificación, donde en lo único en lo que nos ponemos de acuerdo, es en utilizar las máscaras antigas, tanto por si a Malik le da por utilizar algún tipo de arma química, como por mitigar el terrible hedor.

Por lo demás, ante la imposibilidad de encontrar una estratagema medio viable, el plan se limita a dividirnos en dos grupos. Por un lado, Frank se encargará de cubrirnos desde una posición elevada, en compañía de Greg, cuya misión consistirá básicamente en cubrirle las espaldas y sobretodo, conservar el pellejo intacto.

El otro grupo, obviamente, lo formamos “marbellita” y yo mismo. Que pronto nos encontramos reforzando la parte delantera del land rover con unos bidones, cuerda, sirgas y unos pulpos. No es que seamos tan estúpidos como para intentar utilizar el vehículo como un ariete, pero somos conscientes, de que nos guste o no, en algún momento, terminaremos atropellando a más de un fiambre y si jodemos el motor del land rover con el choque, estaremos de mierda hasta los ojos. De haber sido previsores, hubiéramos utilizado dos vehículos, pero esto es lo que hay y con esto nos tendremos que apañar.

El sol está ya próximo a volver a encontrarse con la tierra en el horizonte, cuando todo está listo. “Marbellita”, a los mandos del vehículo, ni siquiera me mira cuando dice:

- ¿Eres consciente de que este plan es una mierda no?.

- Si tienes una idea mejor – respondo mientras compruebo los cargadores de mi fúsil de asalto y el de “marbellita” que dudo que el pueda utilizar -, soy todo orejas.

El conductor mueve a los lados la cabeza.

- Hacer planes nunca ha sido lo mío.

- Tampoco lo mío – respondo -, pero el tiempo juega en nuestra contra. Esto es lo que hay.

Eso es dolorosamente cierto. Anochecerá en menos de dos horas y entonces, encontrar a Malik, será muchísimo más complicado. Por otro lado, cuanto más tiempo transcurra, más probabilidades hay de que la cosa empeore. Así que si vamos a hacerlo, cuanto antes mejor.

Es cierto que como plan, es una mierda. Nuestra única ventaja es la velocidad y el poder de fuego, ya que aunque algunos de esos monigotes de carne, aun van armados, dudo que sean capaces de utilizar esas armas como algo más que mero atrezzo. Pero a pesar de ello, son muchos y si el vehículo se avería en medio de ellos…será mejor no pensarlo.

- Vamos.

“Marbellita” suspira y pone en marcha el motor, mientras mi corazón se acelera. Los bidones amarrados en la parte frontal del vehículo, me limitan considerablemente la visión, pero lo que veo, hace que se me encojan los cojones. Según nos acercamos a la zona, me doy cuenta de la enorme cantidad de fiambres que rodean a nuestro objetivo. Estoy pensando seriamente, en la posibilidad de abandonar el intento y pensar cualquier plan durante la noche, para volver a intentarlo por la mañana, cuando sucede la última puta cosa que podíamos esperar. Los cuerpos empiezan a apartarse, formando un pasillo.

- Esto no me gusta – dice “marbellita”, con la voz distorsionada por la máscara antigas.

El efecto es como mínimo inquietante. Pero a la vez, es nuestra mejor oportunidad… por lo menos de ida, pero en el peor de los casos, tendremos la mitad del camino hecho. Pero el conductor para el vehículo.

- No pienso entrar - anuncia mi compañero de desventuras.

No puedo decir que le culpe. Los cuerpos se han detenido y el ancho pasillo continúa abierto como una clara invitación entre ellos. Pero la situación es más o menos la misma, que si tuviera que meter la mano en una picadora de carne industrial, para sacar algo de su interior, mientras un chimpancé juega con el botón de encendido.

- Hace unos segundos, íbamos a intentarlo por las malas – le recuerdo.


Lo que supongo es una maldición ahogada por la máscara, es todo lo que mi interlocutor me dedica antes de volver a pisar el acelerador.

El land rover, avanza no mucho más rápido, de lo que lo haría un tipo trotando. En medio del horripilante pasillo, intento fijar mi vista al frente, ignorando la pesadilla que nos acecha con sus fríos ojos de tiburón y que puede cerrarse sobre nosotros de un momento a otro. Intento concentrarme en mi objetivo, mientras tengo la desagradable sensación, de estar internándome en un bosque de carne, al fondo del cual, hay un claro de apenas una decena de metros, donde nos espera Malik. Si lo que pretendía era impresionarnos, por lo menos en mi caso, lo ha conseguido.
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MensajeTema: Re: El Despertar   Mar Ene 27, 2009 11:06 am

XVII Robustez y Fiabilidad


“Marbellita” se detiene a apenas un par de metros de Malik, que nos espera con los brazos cruzados sobre el pecho. No me cuesta imaginar lo sorprendido que estará Frank mientras nos observa a través de la mira de su rifle y supongo que a diferencia de mi, no le gustaría intercambiar su pellejo por el mío.

- ¿Y ahora que ? – pregunta “marbellita” visiblemente nervioso.

Se supone que tendría que bajar del vehículo, dejar inconsciente a ese malnacido, subirlo al land rover y salir de aquí. Pero aunque el claro en mitad de esta marea de carne, se mantiene, veo con horror que el pasillo se ha cerrado, rodeándonos de una compacta pared de carne muerta. La trampa se ha cerrado y estamos en el centro de la misma. ¿Podrá el land rover abrirse camino por las bravas?. Estos vehículos, tienen fama de duros y los bidones algo deberían amortiguar… pero son tantos los cuerpos que nos rodean… no, esto no ha sido buena idea en absoluto.

- Ya que estamos aquí, supongo que tendré que bajar a parlamentar – digo con mucha más convicción de la que siento realmente.

“Marbellita” se encoje de hombros, pero por su expresión, está claro que no piensa bajar del vehículo ni apagar el motor. Abro la puerta y pongo el pie en tierra. Aunque llevo mi arma en la mano, la apunto hacia el suelo, ya que no creo sea buena idea precipitar los acontecimientos.

Malik, tiene un aspecto extraño. Por un lado, su cuerpo tiene un aspecto enfermizo y demacrado, que nada tiene que ver con la divertida expresión de su cara. El muy cabrón sonríe satisfecho, como un crío en medio de su fiesta de cumpleaños. No me cabe la menor duda, de que el tipo ha perdido completamente la chaveta. El tipo permanece silencioso y expectante, soy consciente de que debería decir algo… pero, la verdad es que no se me ocurre nada. Así que sigo caminando hasta quedar a un metro escaso de Malik y a unos tres del vehículo. Los fiambres más próximos, parecen congelados y mantienen la distancia a una docena de metros, con respecto al vehículo. ¿Cuánto tardarán en recorrerla?. Desde luego no son rápidos, pero teniendo en cuenta que nos rodean... dejo de pensar en ello. Malik sigue a la expectativa, como si el tiempo no fuera problema. ¿Qué se dice en estos casos?. ¿Opto por un clásico “esto tiene que terminar”?, ¿le amenazo?, ¿le pregunto de que va todo esto?.

- No está en ti – dice Malik, con una voz que suena totalmente distinta a la que estaba acostumbrado.

- ¿Qué?.

No sé que es lo que esperaba que dijera, pero su paciencia parece haber llegado a su fin. Los cuerpos putrefactos se ponen de nuevo en marcha, levanto el arma y le encañono en la cara.

- ¡Haz que paren ! – grito con más desesperación que seguridad.

Pero el muy bastardo sonríe.

- Dispara si quieres – me dice tan pancho -, este recipiente ya ha cumplido.

- ¿Pero que cojones?.

El conocido tableteo de un arma disparando a ráfagas, hace que me deje de cavilaciones. De un rápido movimiento, golpeo con mi arma en la cara de Malik dejándolo inconsciente. Apenas media docena de metros, es todo lo que separa a los podridos más cercanos de mi persona. Me cargo a cuestas al bastardo inconsciente que pesa tanto como parece y recorro lo más rápidamente posible, la escasa distancia que me separa del land rover.

“Marbellita” no para de maldecir, mientras dispara a ráfaga un segundo cargador, pero el resultado debe ser similar al de intentar combatir un incendio con una pistola de agua. Simplemente, son demasiados. Introduzco al inconsciente bastardo en la parte trasera del land rover, donde tengo que saltar también yo. Los fiambres ya nos rodean.

- ¡Arranca!.

Sin dejar de maldecir, aunque si de disparar al agotar su segundo cargador, “marbellita” que no había apagado el motor, acelera y se produce el choque. Durante un escalofriante segundo, estoy seguro, tengo la sensación de que no podremos atravesar la pared de carne, pero aunque la velocidad disminuye, no nos detenemos. Inmovilizo y por si acaso amordazo al inconsciente Malik, mientras decenas de manos, se estrellan contra los laterales del vehículo. Un crío rebozado en lo que supongo es una costra de sangre, consigue encaramarse a la parte posterior y tengo que apearle de un patadón en la cara, pero media docena de manos (algunas con más dedos que otras) y caras ocupan su lugar, disparo y pateo con frenesí y algunos casquillos ardientes me golpean la cara.

- ¡Acelera! – grito desesperado -, sácanos de esta mierda.

Si “marbellita” responde algo, soy incapaz de oírlo, pero si soy consciente del sonido de cristales rotos, cuando algún monstruo, consigue hacer brecha en una de las ventanas laterales, a base de estrellar su cabeza contra el cristal. Un par de brazos se despellejan al abrirse paso por el roto cristal, pero tienen que salir a medida que el vehículo prosigue su marcha. Si los cuerpos ejercieran presión sólo por un costado, ya nos habrían volcado, pero al hacerlo por ambos lados, las fuerzas se equilibran.

Hay tantos cuerpos delante, que es imposible orientarse y podríamos estar moviéndonos perfectamente en círculo, en el interior de esta multitud. Se agota el cargador, pero no los aspirantes a polizón cuya torpeza, junto al hecho de que aunque lentos, no paramos de avanzar, es lo único que evita que aun no hayan conseguido subir. El land rover no para de bambolearse arriba y abajo, mientras atropellamos un cuerpo tras otro, como si avanzásemos por una pista forestal plagada de enormes baches. En uno de los bamboleos, el cargador que intentaba cambiar, escapa de mis manos y desaparece votando en el exterior.

- Mierda.

Unas manos se cierran alrededor de mi bota izquierda, mientras pateo, luego otras y empiezan a tirar de mi hacia el exterior… pateo con desesperación con la pierna derecha mientras agarro la pistola y empiezo a disparar, pero los bamboleos tampoco ayudan a la hora de apuntar y a punto estoy de pegarme un tiro en el pie. Algunos dientes tratan de atravesar sin éxito la piel de mis votas, pero si me arrastran unos centímetros más, sin duda si podrán morderme las piernas. La idea de ser arrastrado fuera del vehículo y devorado por docenas de fiambres, hace que agarre una granada de fragmentación. Sin dejar de patalear, quito el pasador de seguridad y la palanca salta volando. La arrojo hacia el exterior y me agarro a las barras metálicas del techo. Unos dientes muerden por la parte superior de la caña de la bota, el próximo mordisco puede ser en mis piernas.

- ¡Acelera! – grito con desesperación.

La granada explota y soy salpicado por una ligera llovizna de color rojizo. Mis pies son liberados de repente y puedo volver a introducirme por completo en el vehículo. Una mirada hacia atrás y veo que los fiambres parecen desorientados y tambaleantes, supongo que por la onda expansiva. Debería introducir un nuevo cargador en la pistola o recoger el fusil de asalto, pero me estoy ahogando con la máscara, así que me la quito de un tirón y respiro aceleradamente un aire tan hediondo, que apunto estoy de vomitar. “Marbellita” cambia de marcha con un raspante sonido que no creo que indique nada bueno, pero por lo menos aumenta la velocidad. Aventuro una mirada al frente y veo que sobre el parabrisas se estrella un cuerpo que astilla el grueso cristal. No me cuesta imaginar que tal cantidad de golpes, aunque amortiguada por los bidones, terminará por afectar al motor, pero si no salimos pronto de en medio de esta masa de carne, eso será lo de menos. Tomo otra granada mientras grito a pleno pulmón:

- ¡Sácanos de aquí!.

Quito el pasador, hecho el brazo atrás y a punto está al granada de caérseme a los pies, cuando el land rover da un violento brinco y mi cabeza golpea con la lona superior, por suerte la palanca de seguridad se mantiene bien sujeta y arrojo el explosivo al exterior, donde no tarda en rebotar contra un cuerpo de piel oscura y desaparecer de mi vista.

Me cubro la cara con los brazos, para evitar las salpicaduras, que en efecto, se producen después de la explosión. Con aprensión, reconozco lo que parece carne picada y restos de hueso, que por suerte no han salido volando con fuerza suficiente como para atravesar la ropa. Puede que la infección sólo se transmita por saliva, pero prefiero no comprobarlo y menos en mis carnes.

Estoy planteándome si arriesgarme con una tercera granada, cuando “marbellita”, profiere un extraño ruido a través de la máscara, remotamente parecido a un grito de triunfo.

Vuelvo la cabeza y veo que, de alguna forma, hemos conseguido abrirnos paso a través de ese muro de carne. Por extraño que parezca, yo me siento demasiado agotado como para cualquier tipo de celebración. No se trata de una sensación desconocida. Me consta, que el escapar por los pelos de la muerte, siempre ha sido una sensación agotadora. En las películas el héroe de turno, ahora estaría dando gritos de júbilo y abrazándose a la pechugona de turno, pero en mi caso, me limito a mirarme las temblorosas palmas de las manos.

- ¡ A funcionado! – grita “marbellita” que debe haberse desembarazado también de la máscara antigas -, ha sido jodido pero está hecho, ¡ tenemos a ese cabrón!.

Muevo afirmativamente la cabeza y dominando los temblores de mis manos, recojo la pistola, recargándola con movimientos que me parecen extremadamente lentos.

El conductor se vuelve en mi dirección y pregunta:

- ¿Te encuentras bien? – con un tono de voz más alarmado añade - ¿te han mordido?.

- Estoy bien – respondo -, pero ha faltado muy poco.

- Quizás deberías atar y amordazar a ese puto, antes de que se despierte.

Asiento con la cabeza, mientras utilizo unas bridas de plástico para unir las muñecas del inconsciente Malik a su espalda. Luego utilizo dos más para unir sus tobillos y como soy un tipo precavido, con un grueso rollo de cinta aislante, rodeo su boca, no vaya a ser que le dé por morder.

El sol está ocultándose ya por el horizonte, pero supongo, que ya ha pasado lo peor.
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MensajeTema: Re: El Despertar   Miér Feb 04, 2009 2:10 pm

XVIII Preguntas


Otra de las grandes jodiendas de este desgraciado rincón del planeta, es que después de asarte de calor durante el día, te toca pelarte el trasero de frío por la noche y tal como están las cosas, ni se nos pasa por la cabeza la posibilidad de encender una hoguera. Así que tenemos que conformarnos con unas mantas de emergencia de aluminio, en las que nos envolvemos con cierto aspecto de bocadillo. Mientras Greg custodia a nuestro prisionero, Frank, “marbellita” y yo mismo, inclinados alrededor del mapa y cubiertos con una lona para que la luz no delate nuestra posición, intentamos trazar un plan de acción.

- No llegaremos ni de coña – dice “marbellita” ante el arrugado mapa-, por lo menos no en el land rover.
El vehículo, no sólo perdió una de las petacas metálicas de veinte litros de combustible y otra de agua, cuando nos abrimos paso entre una horda de fiambres andantes, su motor y su transmisión, quedaron muy dañados. Aún se mueve, pero tiene una fisura en el radiador, que aunque “marbellita” ha intentado taponar, volverá a abrirse en cuanto se recaliente… lo que no tardará en suceder a poco que aumentemos la velocidad.

- Podemos conseguir más agua y combustible en la base – aventura Frank.

- Y también un soldador para apañar el radiador – añado esperanzado.

Pero el hombre mueve la cabeza a ambos lados.

- Tendremos que movernos a saltos y sin pasar de segunda, parando continuamente para evitar el recalentamiento y como deberíais de saber, el arrancar un vehículo y las marchas cortas, son lo que más aumenta el consumo de combustible.

Lo cierto, es que no tengo la menor idea de motores, todo lo que vaya más allá de purgar de aire el circuito o cambiar una rueda.

- Eso por no mencionar – continua “marbellita” -, con que seguramente, el lugar habrá sido ya saqueado.

De eso ya no estoy tan seguro. Me consta, que los indígenas del lugar, parecen contar con una especie de sexto sentido, que les indica cuando un lugar ha sido abandonado y en apenas unas pocas horas, son capaces de llegar y deshuesarlo de todo lo que les parezca mínimamente útil. Pero tal como están ahora las cosas, dudo mucho que nadie se haya acercado por allí. De hecho, por lo que vi, me consta que se están alejando todo lo posible.

- Pues no veo ninguna población cercana en el mapa – dice Frank.

La idea se me ocurre de un modo tan repentino, que me sorprende no haber pensado antes en ella.

- ¡Pero eso no significa una mierda! – exclamo esperanzado -, ¿no visteis cuantos fiambres rodeaban a ese bastardo?, está claro que tiene que haber aldeas por aquí, en los mapas sólo aparecen las grandes ciudades.

- Supongo que tienes razón – reconoce “marbellita” -, pero ninguno de nosotros sabe donde está ninguna de esas aldeas.

- Nosotros no – admito -, pero Malik si.

Puede que Malik no nos diga por las buenas lo que queremos saber, pero como suele decirse, “cagar y torturar, todo es empezar”. En las películas, es muy habitual encontrar a un tipo que se mantiene firme sin soltar prenda ante la tortura. Puede que exista alguien así en la vida real, pero yo nunca lo he visto. La única diferencia, está en el tiempo que tardas en hacerles hablar. Después de todo, tenemos que entregar a Malik vivo… pero no necesariamente intacto.
- ¿Quién se encargará? – pregunta Frank.

Todos sabemos a lo que se refiere. Torturar no es algo fácil ni agradable. Como si se hubieran puesto de acuerdo, los dos mercenarios me miran a mi. La mirada de “Marbellita” parece querer decir “tú nos metiste en esto y será mejor que nos saques”. No digo nada, por lo que todos entendemos que acepto la ingrata labor.

Greg, se sobresalta ligeramente al vernos llegar.

- ¿Pasa algo? – pregunta.

Por la expresión de su rostro, está claro que la verdadera pregunta es “si pasa algo malo”.

- Ve a descansar un poco – le aconsejo.

El joven da un par de tímidos pasos, hacia nuestra espalda, con la mano sobre la culata de la pistola que aún no ha tenido ocasión de utilizar, pero como realmente no tiene hacia donde, así que oigo como sus pasos se detienen después de caminar unos pocos metros en medio de la amenazante oscuridad que nos rodea. Probablemente no le apetezca asistir a un “interrogatorio sin restricciones”, pero la posibilidad de alejarse a solas en medio de la noche africana, es aún más disuasoria.

Pero yo voy a lo mío. Lo cierto es que no me sobra experiencia en sacar información y este cabrón, si está tan majareta como supongo, puede ser un hueso realmente duro de roer. Lo habitual en estos casos, suele ser mantener al tipo encapuchado, es un hecho probado, que la privación sensorial es un poderoso aliado de cualquier “interrogador”, pero un malnacido capaz de rodearse de un ejército de despojos andantes, supongo que estará a otro nivel, así que retiro el saco que le cubre la cabeza y reconozco que me sorprende lo que encuentro. Malik tiene el pálido rostro de lo que podríamos denominar “tipo acojonado que te cagas estándar”. Unos ininteligibles murmullos, es todo lo que dejan escapar su amordazada boca. Es un inicio prometedor, pero aún es pronto para cantar victoria.

- Escucha – le digo con un tono de voz firme pero pausada -, ahora te quitaré la mordaza y te haré unas preguntas.

Retiro la mordaza sin demasiada dificultad y la cinta aislante con algo más de cuidado, ya que no me apetece acercar los dedos a su boca.

- Ya no está en mi – se apresura a decir Malik -, me está buscado.

Lo normal en estos casos, sería hacerle callar y decirle que aún no le he preguntado nada. Pero la verdad sea dicha, me interesa todo lo que pueda arrojar algo de luz sobre este asunto, así que decido seguirle el juego… al menos por el momento.

- ¿Quién?.

Frank y “marbellita” me dedican una mirada de fastidio. Está claro, que sea lo que sea lo que Malik está contando, no les interesa.
- No es de este mundo – nos cuenta con ojos desorbitados -, no se le puede matar, lo traicionaron y encerraron en…

- ¡Ya basta de gilipolleces!- le interrumpe “marbellita” -, este cabrón sólo nos está contando un montón de mierdas y salvo que ahora las mierdas traigan ruedas, no van a sacarnos de aquí.

Frank asiente silenciosamente y Greg nos observa con una mezcla de terror y fascinación, sin atreverse a decir “esta boca es mía”. Pero en el fondo, no le falta razón.

- Escucha Malik – digo centrando de nuevo su atención -, todos esos … - vacilo a punto de pronunciar la palabra zombis – tipos que te acompañaban.

- ¡No fue culpa mía! – grita él, de un modo muy poco prudente.

Así que vuelvo a introducirle el asqueroso trapo en la boca para hacerle callar.

- Escucha Malik – esta vez endurezco mi voz, para que sepa que no vamos a andarnos con tonterías -, guárdate las explicaciones y justificaciones, para aquellos a los que les interese. Lo único que nos importa, es saber de donde procedían, en el mapa no aparece las poblaciones pequeñas.

No le retiro la amordaza en el acto, dejo que transcurran unos segundos para que piense en mis palabras.

- ¿Lo has entendido?.

El hombre mueve afirmativamente la cabeza arriba y abajo, así que retiro de nuevo el trapo de su boca.

Hay dos aldeas pequeñas, una quizás a unos diez o doce quilómetros y otra algo más lejos.

- ¿Había vehículos?.

El hombre mueve negativamente la cabeza.

- En el primero seguro que no, era apenas una aldea de nómadas, apenas tenían algún animal de tiro.

- Genial – murmura “marbellita” con amargura -, llegaremos montados a lomo de una vaca.

Frank le dedica una helada sonrisa, a la que yo denomino “sonrisa de asesino”, que hace que Malik palidezca aún más. La verdad sea dicha, probablemente también lo haría yo de estar en su pellejo.

- ¿Y en la otra aldea?.

Malik guarda silencio unos segundos. Puede que piense que le mataremos en cuanto diga lo que nos interesa… o que esté maquinando la mejor forma de conducirnos a una trampa.

- Quizás – responde por fin -… era algo más grande… - el hombre parece hacer esfuerzos por intentar forzar su memoria -, había un camión… pero parecía muy destartalado.

Podría tratarse del típico vehículo para abastecimiento de la aldea, que también realiza funciones de autobús. También es posible, que se trate sólo de chatarra… pero si hubo un camión, probablemente encontraremos combustible.

- Tendrá que servir – digo casi para mi mismo -, más vale eso que nada.

No es que sea gran cosa, pero por endeble, halitoso y sifilítico que pueda parecer un plan, la experiencia me dice que el más endeble de ellos, es preferible a nada, sobretodo cuando las cosas andan tan jodidas como ahora.
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MensajeTema: Re: El Despertar   Mar Feb 10, 2009 2:16 pm

XIX Trasnochando

Aunque “marbellita” hubiera querido ponerse en camino cuanto antes, Malik no supo o no quiso saber orientarse lo suficiente en el mapa, como para indicarnos la dirección. Así que tendrá que guiarnos Malik y como encender los focos del land rover no es una opción (de hecho no lo sería aunque los conservara intactos), no nos quedó más remedio que establecer unos turnos de guardia, mientras esperamos a que amanezca.

El frío, siempre es mucho más intenso cuando tienes miedo y en este caso, no me faltan motivos para tenerlo. Mi turno es el tercero. No dormí mucho durante el de “marbellita” y Frank no tuvo ni que tocarme, para sacarme del estado de duermevela, que fue lo más parecido al sueño, que pude conseguir.

Así, que aquí me encuentro ahora. Abrazado a mi fusil, envuelto en una manta y apoyado en el land rover, pero sin atreverme a sentarme para no quedarme dormido. He visto a demasiados tipos que decían no tener sueño quedarse dormidos por ponerse demasiado cómodos durante su turno de guardia.

Aunque mis pupilas ya se han dilatado, evito mirar directamente a nada y me concentro en el sentido del oído.

Son muchas las cosas temibles que pululan aquí fuera. La guerrilla, animales salvajes, bandidos, muertos vivientes… si Malik ejerce algún tipo de control sobre esos pobres cabrones, este sería el mejor momento para hacer su jugada. Quizás ese fue el motivo por el que no fue capaz de orientarse ante el plano.

El inconfundible sonido de unos pasos, atrae mi atención, pero no tardo en ver que se trata de Greg, que se acerca con las manos en alto.

- No puedo dormir – explica.

La verdad es que le entiendo muy bien, a pesar de que me siento cansado, dolorido y que pocas cosas me gustarían más que poder acostarme un rato, dudo mucho que fuera capaz de conciliar el sueño.

- Si en esa aldea – continua Greg en voz baja -, no encontramos otro vehículo o el modo de reparar el nuestro, ¿qué opciones no quedarán?.

El joven parece mantener la calma, pero no me cuesta suponer como se siente. Después de todo, él no es “del gremio” y esta situación debe resultar realmente espeluznante para él. Durante unos segundos, me pregunto si lo que realmente quiere es que le diga la verdad, o simplemente que calme sus temores.

- A las malas – explico -, haremos acopio de agua, seguiremos en el land rover hasta donde pueda llevarnos y luego continuaremos a pie, hasta que consigamos otro medio de locomoción.

- Ojala encontremos algún vehículo, no soy muy bueno caminando.

- El truco está en poner un pie delante del otro – bromeo.

Greg fuerza una sonrisa, que casi consigue enmascarar el miedo.

- ¿Ellos nos esperaran?.

- Por cojones chico – respondo señalando hacia el tipo atado y amordazado en la parte trasera del land rover -, ese cabrón de ahí atrás es nuestro billete de salida.

- ¿Y si tiene razón?.

La verdad es que no tengo ni idea de a lo que se refiere.

- ¿Si tiene razón quien?.

- Ya sabes – el joven mueve las manos antes de señalar tímidamente hacia Malik -, lo de que es algo de otro mundo que le poseyó.

- No podía importarme menos.

Mi respuesta le deja tan sorprendido como escandalizado.

- ¡Pero entregarías a un inocente!.

Después de indicarle por gestos que baje la voz y sólo cuando veo que se ha decido responder.

- En mi mundo, no existen buenos y malos, culpables y inocentes, sólo intereses.

El joven abre la boca para responder, pero le impongo silencio con un gesto.

- En el tuyo ocurre lo mismo – continuo -, sólo que el gobierno y los medios os ocultan la verdad. Sois como el niño que come unos deliciosos muslos de pollo sin pensar en el animalito que ha muerto. La gasolina que mueve los coches, el coltan del que se fabrican los teléfonos móviles, el gas natural… todos eso tiene un precio.

- ¡ No es lo mismo! – protesta Greg.

- Para mi si lo es – respondo encogiéndome de hombros -, queremos salir de este continente y quien puede sacarnos, nos ha pedido algo a cambio.

- ¿Y que pasa si el hombre tiene razón y ese ser ya está dentro de otro cuerpo?.

En circunstancias normales, ni me plantearía responder a semejante pregunta. Pero he visto las suficientes cosas raras durante durante las últimas horas, como para creérmelo casi todo. Así que encogiéndome de hombros respondo:

- Ese no es mi problema. Puede que los tipos a los que le entreguemos, tengan los medios para ocuparse de ese asunto.

- Si eso es cierto – continua mi indignado y alarmado interlocutor-, nada le impediría entrar por ejemplo en nosotros o en alguien que esté en Europa o América y extender esta mierda fuera de África.

- Si fuera tan fácil – respondo -, ¿no crees que ya lo habría hecho en lugar de ponerse a arrasar poblados de mala muerte en el culo de África?.

Pero en el fondo, sé que no le falta razón. Sea lo que sea, esta mierda ya ha dado sobradas muestras de ser capaz de propagarse a una velocidad alarmante. El enorme grupo de infectados del que escapé por los pelos, se dispersó en varias direcciones, formando decenas de grupos más pequeños. No son rápidos, pero son implacables y es probable que puedan caminar quilómetros y quilómetros sin necesidad de comer ni beber.

- ¡Puede estar haciéndolo ahora mismo!.

Pienso en Julie. Sea lo que sea lo que ocurrió en Estocolmo, fue algo lo bastante malo como para disparar la madre de todas las cuarentenas y lo bastante gordo, como para que alguien con medios y contactos, pusiera su ojo sobre nosotros. Eso… suponiendo que Iván diga la verdad. Todo este tinglado, está construido sobre un entramado de mentiras. Me consta que Iván es capaz de todo: engañar, matar ¿traicionar?.

- Ve a intentar dormir un poco – respondo finalmente.

Está claro que este asunto no está nada claro. Pero por el momento no cuento con demasiadas alternativas y con Malik en mi poder, supongo que cuento con una pequeña ventaja. Con un poco de suerte, puede que consigamos reparar el land rover en esa aldea y si no surgen contratiempos, podemos reunirnos con el resto para el atardecer y ver hasta donde llegan los contactos de Iván.


Última edición por calvo el Dom Sep 27, 2009 11:56 am, editado 1 vez
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MensajeTema: Re: El Despertar   Miér Feb 18, 2009 1:19 pm

XX Turismo de Riesgo


Nos ponemos en marcha con las primeras y rojizas luces del día. “Marbellita” se sienta tras el volante con cara de llevar puestos unos calzoncillos de esparto. A su lado, se sienta Malik, con las manos y los tobillos unidos por bridas de plástico, que va indicando el camino, o eso espero, hacia la última aldea atacada. En la parte trasera, nos encontramos Frank, Gred y yo mismo. En condiciones normales, este debería ser un viaje corto, pero entre lo fácil que es reventar una rueda en este terreno y el rápido recalentamiento del motor, hacen que nos movamos con desesperante lentitud. Aunque nadie lo menciona, es obvio que nos encontramos en una posición terriblemente vulnerable. No sólo carecemos de velocidad para escapar, sino que el combustible y el agua descienden a ritmo alarmante. Si como sospecha “marbellita”, Malik se está dedicando a pasearnos arriba y abajo hasta dejarnos secos, no tardaremos en convertirnos en peatones y entonces… las cosas podrían ponerse feas de verdad. Después de varias paradas y de dos cambios de neumático, “marbellita” detiene de nuevo el land rover.

- Esto es una mierda – dice.

- No es culpa mía – responde nuestro temeroso prisionero -, ¡ todo me parece igual!.

- ¡Pues bien que te orientaste cuando te interesó!.

- ¡Ese no era yo!.

- Si seguimos haciéndole caso a este hijoputa – dice “marbellita” -, terminaremos perdidos en mitad de la nada sin agua ni combustible.

Puede que tenga razón. Pero eso no cambia el hecho de que le necesitamos con vida, si aspiramos a tener alguna probabilidad de salir de aquí. Así que tomando los prismáticos, bajo del vehículo y empiezo a escudriñar el horizonte con mis prismáticos.

No me sorprende lo más mínimo, que Malik tenga dificultades para orientarse. El paisaje es monótonamente parecido. Allí hacia donde mire, No veo más que piedras, arbustos y unas pequeñas colinas que se parecen entre si, como la teta izquierda a la derecha. Pero en dirección hacia el oeste, veo una importante acumulación de pajarracos. Puede tratarse incluso de un animal agonizante, pero sea lo que sea, aún está con vida y en cualquier caso, es una dirección tan mala como cualquier otra.

Media hora más tarde y bajo un sol que está empezando a mostrar de lo que es capaz, encontramos que (o mejor dicho quien) está atrayendo al atención de las aves de rapiña. Se trata de una muchacha de entre diez y doce años. Se encuentra inconsciente y aparte de moretones y magulladuras, su cuerpo no presenta ninguna herida grave. Probablemente, su estado se deba al agotamiento y la deshidratación… aunque ninguno de nosotros, parece tener especial interés en acercarse demasiado a ella para comprobar su estado.

- De algún lado habrá salido – afirmo -, como mínimo podrá guiarnos hasta su aldea.

Frank señala hacia un par de viejos y sucios porta cargadores que cuelgan vacíos de su cintura.

- Es una desertora.

Probablemente tiene razón. Aunque no veo ningún arma, si puedo ver que viste unas viejas y sucias botas militares. Eso explicaría el origen de los golpes. En mi oficio, el que más y el que menos, puede contar historias sobre sargentos que te hacen sudar sangre durante la fase de instrucción, pero las peores de esas historias, se quedan en cuentos de niños, comparado al infierno de golpes, violaciones y drogas a los que las guerrillas someten a estos niños. El resultado, lejos de esa brutalidad, lejos de convertirles en eficaces combatientes, les transforma en desequilibradas máquinas de matar, impulsadas por el miedo y por los abusos.

En fin, el que no se arriesga no gana. Así que tomo la cantimplora y con cierto temor, me inclino a su lado. Por si las moscas, Frank le coloca una mano sobre la frente, como si quisiera comprobar su temperatura, pero supongo, que en realidad, lo que pretende es sujetarle la cabeza para evitar que pueda morderme si resulta estar infectada. La muchacha abre unos ojos oscuros que me hacen pensar en un cervatillo asustado, pero no reacciona con violencia. Buena señal.

Después de hacerle beber unos sorbos de agua, la muchacha parecerse recuperarse algo. Aunque sabemos que es improbable que hablé nuestro idioma, probamos a comunicarnos en inglés, francés y castellano, pero o no asistió a ninguna escuela de esas que gestionan los misioneros o las ONG o sigue demasiado traumatizada.

- Creo que tendremos que recurrir al socorrido mensaje de signos y señas – comento.

En el momento en el que vuelvo la cabeza, para mirar hacia mis compañeros, soy consciente de reojo, del fugaz movimiento de la muchacha, que sorprendente rapidez, echa mano a mi pistola. Por suerte, no soy tan estúpido como para llevarla con una bala metida en recámara y sin seguro, así que me basta con sujetar el arma por la corredera. Le dedico una dura mirada, que le hace saber, que le pasará algo muy desagradable si sigue por ese camino.

- Da gracias a que no ha cogido el cuchillo de combate – dice “marbellita-, esta perra nos dará problemas.

Ciertamente, las probabilidades de que termine resultando un purulento grano en el trasero, son bastante grandes y no vamos sobrados de agua.

- Si no va a guiarnos no nos sirve – le apoya Frank.

- ¡No podemos dejarla aquí! – Greg, muestra un arrebato de genuina indignación -, ¡eso sería un asesinato!.

¿Asesinato?. Preocuparse aquí y ahora por eso, es como hablar sobre multas por exceso de velocidad en un circuito de fórmula 1.

- ¡Pues corre a denunciarnos! – le espeta “marbellita” -. Ya estamos bastante jodidos como para andar con…

“Marbellita” se interrumpe, cuando a todos nos llega el sonido del land rover poniéndose en marcha. Al parecer, Malik al que hemos tenido la feliz idea de dejar a solas, ha conseguido liberarse y piensa montarse una excursión en solitario. Todos corremos en dirección al vehículo, pero aunque no se mueve demasiado rápido, está claro, que no tardará en dejarnos atrás. Frank levanta su arma llevándoselo hacia la cara.

- ¡No! – le grito -, lo necesitamos con vida.

- ¡Hijoputa! – se desgañita “marbellita”.

- No tengo ángulo para darle al bloque del motor – dice Frank.

- Dispara a la petaca de combustible – ordeno.

Frank aprieta el disparador y aún le da tiempo de reventar una rueda con su siguiente disparo, pero aunque durante unos segundos, parece que perderá el control, no tarda en alejarse.

- ¡Genial! – “marbellita” está ahora totalmente fuera de si y se dirige hacia Greg - ¿no se suponía que tenías que vigilarlo!.

- Estaba atado – se defiende un muchacho al que no le faltan razones para estar asustado.

Durante un par de segundos, estoy dispuesto a dejar que “marbellita” se cargue al becario. Después de todo, esta ha sido una buena cagada y quizás eso aplaque al ex legionario. Pero en el último momento, me interpongo y trato de aplacarle.

- Tranquilo, no irá lejos – digo mientras me le indico por señas a Greg que se aparte -, sin combustible, el radiador jodido y una rueda pinchada…

- ¡Pero si ese cabrón sabe donde está la aldea! – me grita el desquiciado mercenario -, ¡ llegará antes que nosotros !.

Las posibilidades, son realmente aterradoras. Reparar el land rover, es una tarea que puede llevarle mucho tiempo incluso si consigue los medios apropiados, pero si allí consigue encontrar otro, probablemente le perderemos para siempre.

Como suele ocurrirse en estos casos, los que tienen más motivos para temor, se agrupan y así, no me sorprende ver a Greg junto a la muchacha, dedicándole unas palabras amables que dudo que entienda, mientras esta le mira con ojos de pantera.

- Bueno – digo con una calma que no siento en absoluto -, para empezar, dudo mucho que sea capaz de orientarse mejor que nosotros, con el land rover a esa velocidad y espoleado por el miedo, probablemente le quemará el motor convirtiéndose pronto en peatón y aunque nos llevará ventaja… todo el agua que queda es la que tenemos en nuestras cantimploras.

Esas palabras, parecen calmar un poco los ánimos. Pero lo que no menciono en ningún momento, es que el agua no va a durarnos mucho si tenemos que caminar bajo este sol. Si esperamos hasta que refresque, perderemos el rastro, así que aunque en el mejor de los casos, consigamos encontrar a Malik, seguiremos sin agua y sin vehículo, por lo que no duraremos mucho, a no ser que encontremos agua pronto.


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MensajeTema: Re: El Despertar   Miér Feb 25, 2009 12:09 pm

XXI Escuela de Calor


No tardamos mucho más de dos horas, en dar con el vehículo. Como supuse, ese estúpido de Malik, debió recorrer toda la distancia que pudo, hasta que el motor dijo basta. Probablemente, ni siquiera llegó a terminar el combustible del depósito. En cualquier caso, ahora todos somos peatones.
Habremos caminado entre doce y quince quilómetros bajo un sol de justicia y ya estamos completamente empapados de sudor. Sorprendentemente, la deshidratada joven que encontremos inconsciente, es la que mejor lo lleva. Aunque aún no ha abierto la boca para pronunciar palabra, camina de un modo maquinal, con una implacable mirada en los ojos. A su lado, camina Greg, que a pesar de su espíritu aventurero, no deja de ser un urbanita poco habituado a este tipo de desventuras. Aunque no expresa la menor queja y de vez en cuando, trata de comunicarse con la muchacha, suda a chorros y empieza a cojear. “Marbellita”, camina con pasos largos y elásticos a la izquierda de nuestro avance, con una ceñuda expresión en la cara. Está claro que está cabreado y que es mejor no tocarle los cojones. Frank se lo toma con más filosofía, mientras avanza escudriñando el horizonte a nuestra derecha. Yo camino en vanguardia, en la dirección que creemos puede haber seguido Malik, ya que no hemos encontrado el menor rastro de huellas, pero descartando la dirección por la que llegamos nosotros y dando por hecho, que no es tan estúpido como para caminar en dirección al sol, así que sólo nos queda dos direcciones y puestos a escoger, lo hacemos con el sol a nuestra espalda… por lo menos durante unas horas. El chaleco antibalas me pesa como si estuviera relleno de placas de plomo en lugar de cerámica. Me siento más que tentado de deshacerme de él, al igual que del fusil de asalto y los cargadores. Si no encontramos agua pronto, tendremos que empezar con el desagradable proceso de mear sobre alguna prenda y luego escurrirla sobre la boca.

Mis oscuras cavilaciones, son interrumpidas por un característico sonido, que todos los mercenarios reconocemos al instante. Ese estampido que hace pensar en una tabla golpeando sobre el agua, sólo puede proceder de un fusil de asalto sovietico (o más probablemente, de una barata versión fabricada en China).

Como suele ocurrir en estos casos, no terminamos de estar seguros de la dirección de procedencia del disparo. Así que nos detenemos y permanecemos atentos a la expectativa del siguiente, pero por desgracia, este no llega a producirse.

- Estoy casi seguro de que no procedía de mi lado – afirma rotundo “marbellita”.

Frank se encoge de hombros. El disparo sonaba lejano. Entre cuatro y seis quilómetros. Esa puede ser perfectamente la ventaja que nos lleva Malik, suponiendo que no nos hayamos equivocado demasiado a la hora de escoger la dirección de marcha. Un disparo suele ser sinónimo de problemas, pero tal como están ahora mismo las cosas, la situación no puede ser mucho peor, así que viramos hacia la derecha a la vez que aceleramos el paso, hasta convertirlo en una especie de trote.

Los que nos dedicamos a esto, podríamos recorrer una distancia de media docena de quilómetros en poco menos de una hora, la muchacha probablemente podría conseguirlo en menos tiempo que nosotros, suponiendo que le interesara hacerlo, pero dudo mucho que Greg, a pesar de ir mucho menos cargado que nosotros, soporte el durísimo ritmo de marcha. Eso sería malo para él, porque aunque el becario me cae bien, no dudaré en dejarlo atrás si nos retrasa. Así es como están las cosas aquí y ahora.

Llevaremos unos quince minutos corriendo, cuando miro hacia atrás por vez primera. Veo a Fran y algo más atrás a “marbellita”. Como me temía, Greg se ha quedado atrás. La muchacha probablemente habrá escogido su propio camino. Si no se topa con problemas, el joven becario no debería tener grandes problemas para dar con nosotros. Me arde la garganta, me duelen los dientes y noto un amargo sabor en la boca, pero me las apaño para mantener el ritmo, con la certeza de que si me detengo, probablemente no sea capaz de volver a arrancar. Así continuo adelante zancada tras zancada, sin estar seguro de cuanto terreno debemos haber recorrido ya ¿cuatro quilómetros?, seis a lo sumo. Estoy empezando a temer, que hemos equivocado la dirección, cuando llega con total claridad, un grito hasta mis oídos. Nos detenemos sudorosos y jadeantes, tratando de recuperar el aliento. Suena otro grito y estoy relativamente seguro, de que se trata de Malik.

- Espero … - empieza a decir “marbellita” casi sin aliento -, que le estén rompiendo el culo… a ese cabrón.

Si Malik nunca ha gozado de mi simpatía, después de esta deslomante carrera, ha pasado a encabezar la lista de personas a las que mataría gratis. Pero el caso, es que nos guste o no, es nuestro ticket de salida de este putrido agujero, así que será mejor que movamos el culo.

- Vamos – indico.

Ahora nos movemos con cuidado en dirección hacia los gritos. El saber que avanzamos en la dirección correcta, hace que mi corazón se acelere y yo aprieto el paso, con la certeza de que a menos de que me de un infarto, voy a poder ajustarle muy pronto las cuentas a ese puerco malnacido.

- Ese cabrón grita como una guinea – se las apaña para comentar Frank.

No estoy para malgastar el poco aliento que me queda, pero ¡que cojones!, no me gustaría morir quedándome con la dudda.

- ¿Qué coño …? - me interrumpo falto de aliento, pero tengo que saberlo - ¿que es una guinea?.

Frank sigue corriendo sin ser capaz o sin querer responder durante un buen rato. Ya estoy pensando en volver a preguntar, cuando dice:

- Una especie de … perro.

Me detengo y me tiro al suelo casi en plancha, cuando en el horizonte, veo la silueta de un par de vehículos. Si jugamos bien nuestras cartas, estaremos salvados. No tengo para mirar, para saber que Frank y “marbellita” me han imitado y ahora los tres estamos aplastados contra el suelo. Recuperamos el aliento durante unos segundos, antes de empezar a reptar/gatear lentamente hacia los vehículos, ya que no veo ninguna roca, arbusto o elemento alguno, que nos pueda servir para escondernos a la vista.

- Va a estar muy jodido – dice Frank mientras mira el panorama a través de la mira telescópica de su arma -, estos son veteranos.

Arriesgándome a delatar nuestra posición con el brillo de los prismáticos, me permito una ojeada del grupo. Veo a unos diez hombres, entre los dos destartalados vehículos ligeros. Sobre uno de ellos, un tipo con un una sucia gorra de un color parecido al rojo y gafas de sol, vigila con las manos en la empuñadura de una ametralladora media montada sobre un afuste.

Algo más a la derecha, un tipo se mueve cojeando en dirección hacia donde otros dos, están teniendo sus más y sus menos, con un tipo que sólo puede ser Malik. Los gritos me confirman su identidad, cuando uno de esos tipos, un hombre grasiento de unos cuarenta años, le arranca una uña de los dedos de los pies con algún tipo de herramienta multiuso. Calculo que estamos a unos 250 o 300 metros. Sin duda Frank podría eliminar a varios desde aquí, pero con mi arma, yo sólo conseguiría quemar munición y lo que es peor, no tenemos lugar alguno en el que ponernos a cubierto.

Estoy empezando a pergueñar un plan, cuando el tipo de la ametralladora, mueve el arma violentamente hasta nuestra dirección.

- ¡ Joder! – exclamo.

Ha debido ver el brillo de mis prismáticos o de la mira del francotirador. En cualquier caso, el conocido estampido del arma de Frank, anuncia que sea lo que sea lo delató nuestra presencia, será lo último que vea.

- ¡Mierda!- grita “marbellita”.

En el campamento se produce una conmoción y Frank saca partido de su precisa arma semi automática disparando dos veces más. Pero estos tipos son curtidos veteranos, por lo que varios ya se han puesto a correr en dirección hacia la ametralladora media. Como mi arma no es la más apropiada para tiroteos a esta distancia, tomo los prismáticos para dirigir el fuego de Frank. A través de las lentes, veo como el que estaba “interrogando” a Malik, que permanece en el suelo hecho un ovillo, se da la vuelta levantando el arma.

- ¡ A la derecha ! – indico – van a ejecutar a Malik.

No puedo decir que no se lo merezca, pero en cualquier caso, respiro aliviado, cuando la bala de punta hueca de Frank, volatiliza prácticamente la mandíbula del tipo. No ha sido un disparo muy limpio y el jodido cabrón aún está vivo, pero el dispararle a nadie, ya es la última de sus preocupaciones. Los disparos de “marbellita”, levantan el polvo por el suelo, relativamente cerca de nuestros enemigos, pero aunque su arma es más apropiada que la mía, la distancia también excesiva para él, algunas balas empiezan a levantar polvo a unos metros de nuestra posición. Está claro, que la distancia también es demasiado grande para ellos, aunque siempre existe la posibilidad de que alguien tenga suerte. Después de todo, el que la distancia sea excesiva para apuntar con un mínimo de precisión, no hace que las balas sean menos letales, sólo menos precisas. Uno de los tipos, aparta a un lado el cuerpo del tipo con gafas de sol y se pone a los mandos de la ametralladora.

- ¡ La ametralladora!.

Una ráfaga pasa escalofriantemente cerca. No es un arma muy precisa, pero a esa distancia y mediante fuego de saturación, seguro que terminará por cazarnos. Frank dispara y cesa el fuego del arma.

- ¡Cargador vacio! – grita Frank.

Maldición. Aunque su arma admite cargadores de veinte cartuchos de capacidad, por alguna razón, (sospecho que el peso) siempre utiliza los de cinco disparos.

Otro guerrillero se pone casi inmediatamente a los mandos del arma y del suelo brotan varios geisers de tierra. “Marbellita” grita y maldice cuando los ojos se le llenan de polvo. Frank, que ya ha terminado de cambiar el cargador, vuelve a disparar y el arma automática, vuelve a enmudecer.

Transcurren entonces varios segundos, sin que suene disparo alguno.

- ¿Qué coño pasa? – pregunta “marbellita” mientras se frota los ojos - ¿están ya todos muertos?.
- No – responde Frank -, quedan cuatro o cinco, pero están a cubierto detrás de los vehículos.

¡ Joder!. Son lo bastante listos como para no asomar la cabeza. Ellos tienen agua y sombra y nosotros no. Por no mencionar el hecho, de que pueden recibir refuerzos de un momento a otro. Ellos pueden permitirse esperar, pero nosotros no.

- Necesitamos esos vehículos – digo -, así que vamos a tener que asaltar.

- ¡Joder!.

A mi tampoco me entusiasma la idea. Pero si queremos salir de aquí, esto es lo que hay.


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MensajeTema: Re: El Despertar   Mar Mar 03, 2009 12:43 pm

XXII Intercambio Cultural


La idea de correr más de trescientos metros, por una galería de tiro, es ya de por si, tan atractiva como un enema de salfuman, pero si a eso le sumamos, que nos encontramos en inferioridad numérica, cansados, deshidratados y sin la posibilidad de utilizar granadas de mano, para no dañar los vehículos, la cosa se convierte en directamente en algo casi suicida.

- Échale un vistazo a las ruedas – le indico a Frank, que es el único que se quedará atrás para cubrir nuestro avance -, si yo fuera ellos, me colocaría bajo el vehículo para disparar desde allí.

- Lo haré – responde el interpelado.

Tanto “marbellita” como yo, nos desprendemos de todo el equipo no necesario, para poder movernos con mayor rapidez. Para nuestra sorpresa, Frank nos ofrece una granada cegadora, que toma mi compañero de asalto.

Pongo el selector de disparo del arma en fuego semi automático y intento mentalizarme. Aún con la cobertura de Frank, la cosa pinta muy mal.

- ¿Preparado? – pregunto a “marbellita”.

El mercenario asiente con un movimiento de cabeza.

- Hagámoslo de una vez.

Me levanto y corro desplazándome diagonalmente hacia la derecha, mientras “marbellita” hace lo propio hacia la izquierda, después de unos metros, zigzagueo corriendo ahora hacia la izquierda, para no apartarme demasiado del objetivo. Aún no se produce disparo alguno, o aún no se han dado cuenta, o son lo bastante listos, como para esperar a que nos acerquemos más. Sigo corriendo, calculo que ya estamos a unos doscientos metros. La distancia ya es peligrosa. Veo un brillo en un lateral, supongo que están utilizando un espejo, para ver lo que está ocurriendo sin tener que asomar la cabeza.

Calculo que estoy ya a unos ciento cincuenta metros, cuando de repente, son varias las cabezas que emergen casi simultáneamente. De tras los vehículos. Me tiro en plancha hacia el suelo, cuando empieza el tableteo de disparos, que cesa en cuanto truena el arma de Frank a nuestras espaldas. Sin mirar a “marbellita”, le grito:

- ¡Empieza tú!.

Esta parte del asalto, habrá que hacerla a saltos alternativos, es decir, uno avanzará unos metros en una rápida carrera, mientras el otro le cubre. Apunto cuidadosamente hacia uno de los dos vehículos, mientras “marbellita”, se pone en pie de un salto y corre cerca de diez metros, antes de volver a tirarse a tierra. Un fusil de asalto se asoma por encima del motor de uno de los vehículos y dispara todo un cargador a ráfaga, en una dirección remotamente próxima a “marbellita”. No respondo al fuego, ya que no tengo un blanco claro y me expondría a dañar el motor.

Llega mi turno. Dejo el arma plano en el suelo, la agarro y apoyándome sobre ella, me impulso poniéndome en pie. Sobrepaso a “marbellita”, doy otra media docena de pasos y vuelvo a saltar al suelo. Suena otro disparo del arma de Frank y oímos claramente un grito. Ya estamos a menos de la mitad de camino. Mientras cubro a mi compañero de asalto, aprovecho para recuperar el aliento. Poco más de cien metros, nos separan ahora de nuestro objetivo, pero a un ritmo de entre diez y quince metros de avance por salto, eso significa entre ocho y diez saltos más y ya me siento agotado.

Veo asomar otra cabeza fugazmente y disparo, pero vuelve ocultarse con tanta rapidez, que ya se ha ocultado cuando estoy presionando el disparador.

- ¡Mierda!.

“Marbellita” está ya en posición de cubrirme, así que vuelvo repito la agotadora operación de volver a ponerme en pie y correr hacia delante.

Varias armas tabletean y las balas pasan tan cerca de mi, que oigo el silbido característico y tengo que saltar hasta el suelo, antes de llegar a “marbellita”, lo que significa, que voy a tener que volver a saltar. El agotamiento y el miedo, agotan con rapidez mis últimas energías. Así que recurro a todo mi autocontrol, para intentar respirar con normalidad. Apunto en dirección a los vehículos tras los que se parapetan esos cabrones, pero estoy demasiado agotado para hacerlo con precisión. Así que me limito a apuntar un poco por encima del vehículo y a disparar para que por lo menos mantengan la cabeza agachada.

Cuando el cargador se termina, lo cambio rápidamente por otro y con satisfacción, veo como una cabeza, que pretendía asomarse fugazmente, se lleva un disparo de Frank. Supongo que debió cometer el error de asomarse por el mismo punto dos veces seguidas o quizás el francotirador, simplemente tuvo suerte y acertó al apuntar hacia donde supuso que una cabeza terminaría emergiendo tarde o temprano. En cualquier caso, un tipo menos. ¿Cuántos quedan?. No pueden ser muchos, pero uno sólo, ya sería capaz de darle un disgusto a mi compañía de seguros… de haber conseguido que alguna aceptara hacerme una póliza para esta mierda.

Por fin, recupero el suficiente resuello, para dar el siguiente salto, al que le siguen otros dos bastante largos, durante los cuales, nadie osa asomar la cabeza, sólo un espejo y un par de fusiles que disparan prácticamente a ciegas sin exponerse. Apenas cincuenta metros nos separan ahora de la pareja de vehículos y tras ellos no pueden parapetarse más de dos o tres enemigos. Si recortamos la distancia unos cuantos metros más, “marbellita” podrá utilizar la granada cegadora.

Doy otro salto. Nadie me dispara. Sobrepaso a “marbelita” y sigo corriendo, cinco metros… diez, abajo. Apunto. Veo asomar el espejo y le disparo haciéndolo añicos. Si quieren saber lo que pasa, tendrán que asomar el melón.

“Marbellita” me sobrepasa. También el parece tener ganas de terminar con esto de una puta vez, ya que después de sobrepasarme, continua corriendo hasta quedarse a unos quince metros del vehículo. Distancia de Asalto.

Me levanto y corro hasta tumbarme junto a “marbellita”. Este toma la granada cegadora, pero antes de poder lanzarla, vemos como un par de objetos que bien podrían pasar por piedras, salen volando desde los parapetos.

- ¡Joder!.

Los dos nos pegamos al suelo como lapas, mientras nos cubrimos la cabeza con las manos y mantenemos la boca abierta, para evitar que nos revienten los tímpanos. Las granadas explotan llenándolo todo de polvo, por suerte, no era una de esas granadas de cubierta metálica que lo llenan todo de metralla. “Marbellita” quita el pasador de su granada cegadora y la lanza por detrás de los vehículos. No tarda en producirse un ensordecedor estallido y un estallido de luz remotamente parecido al del flash de una cámara de fotos, que esperamos, habrá cegado y aturdido a nuestros enemigos.

No hay tiempo que perder, así que nos incorporamos y esprintamos los últimos metros, hasta rodear los vehículos. No nos andamos con tonterías. Le descerrajo dos disparos por la espalda a un grasiento tipo de sangra por los oídos, mientras “marbellita” hace lo propio con otro que se encontraba al otro lado. El lugar apesta a sangre y el zumbido de las moscas, es lo único que llega a nuestros oídos.

- Despejado – confirmo.

Mi compañero de asalto, está haciendo señales a Frank para que se aproxime, cuando algo se mueve bajo uno de los cuerpos y veo el cañón de un arma. Levanto la mia, para disparar, pero aunque mis reflejos son buenos, soy plenamente consciente, de que no voy a ser lo bastante rápido. Oigo un tableteo, mientras siento como si una mula me coceara en el pecho y soy despedido hacia atrás, mientras mis pulmones se vacían de aire. Boqueo en el suelo como un pez fuera del agua. Aunque soy consciente de más disparos, lo único que me importa, aparte del terrible dolor de mi pecho, es en intentar respirar.

Veo el rostro de “marbellita”, que se esfuerza por inmovilizarme.

- Tranquilo – dice -, ha dado en las placas del chaleco… ese canijo cabrón se escondió bajo uno de los cuerpos.

Mi sensación de ahogo, mejora cuando separa los velcros de mi chaleco antibalas.

- Las balas no han atravesado las placas – continua -, pero han atravesado el kevlar y deformado las placas, puede que tengas alguna costilla rota. Pero por suerte, todos los impactos son el mismo lado, así que dentro de lo malo…

Por como me duele al respirar, no me cabe la menor duda de que tengo un par de costillas rotas. El correr y ano es una opción para mi. “Marbellita” me pasa una cantimplora.

- Bebe y escupe.

Lo hago, no veo sangre, eso es bueno. Significa, que por lo menos no tengo lesiones internas en los pulmones.

Frank llega hasta nosotros.

- ¿Todo bien? – pregunta al verme.

- Sobreviviré – me las apaño para responder.

Tomo un par de analgésicos y casi me contagio de la euforia que sienten mis compañeros, al haberse solucionado nuestros problemas. Incluso Malik, del que confieso, que casi me había olvidado, parece ligeramente animado al vernos.

- Con un poco de suerte – dice “marbellita” -, en unas pocas horas, dejaremos atrás toda esta mierda y todo gracias a ti – da unos palmetazos en la cabeza del ahora atado y amordazado Malik -, supongo que tendría que agradecértelo.

Me siento más ligero después de haberme librado del pesado chaleco y los analgésicos, están empezando a hacer efecto, así que tomo los prismáticos y escruto el horizonte, pero no veo ni rastro de Greg. Ha pasado un buen rato ya, incluso andando, debería habernos alcanzado ya… siempre que haya seguido nuestro rastro.

- Deberíamos ponernos en marcha – dice Frank -, puede que estos tipos tuvieran amigos.

No le falta razón, pero si nos marchamos ahora, será como condenar a muerte al joven becario.

- ¿No deberíamos recoger a Greg? – suelto como quien no quiere la cosa -, no debería suponernos mucho tiempo ahora que volvemos a disponer de ruedas.

Frank se encoge de hombros. Está claro que el tema se la trae al pairo. El rostro de “marbellita”, no hace el menor intento por disimular su disgusto ante esa posibilidad.

- ¿Estas de coña? – pregunta supongo que retóricamente -. ¡Este cabrón! – señala hacia nuestro amordazado prisionero -, se escapó por su culpa.

Esa hubiera sido una gran cagada, de dedicarse a nuestro negocio. Pero después de todo, sólo es un universitario tratando de subir nota y tirarse a alguna enfermera de buen ver a ser posible, sin terminar con su cipote en un cabestrillo. Pero sé por experiencia, que eso no hará cambiar de opinión a “marbellita”.

- Tienes razón – admito -, haremos una cosa, tenemos dos vehículos, coged al prisionero y adelantaros al punto de reunión, yo os alcanzaré en seguida.

Ahora “marbellita” se lleva las manos a la cabeza. Está claro que esta, tampoco le parece una idea brillante.

- ¿En tu estado?.

- En realidad no duele tanto – miento -, y sólo tendré que conducir un poco. Probablemente, os alcanzaré en quince minutos.

Frank tampoco parece verlo claro, pero se limita a guardar silencio, mientras me las apaño para sentarme tras el volante del primer vehículo.

- No os preocupéis – grito poniendo en marcha el motor -, seguramente será cuestión de un momento.

Espero no equivocarme.


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MensajeTema: Re: El Despertar   Mar Mar 24, 2009 2:41 pm

XXIII Hospitalidad y hospitalización


Cada uno de los malditos baches del camino, hace que mis doloridas costillas, pongan a prueba los poderes de los analgésicos que me he tomado, haciéndome meditar muy seriamente, sobre la posibilidad de dar la vuelta y dirigirme directamente hacia el punto de extracción. Pero después de todo lo que hemos pasado durante las últimas horas, el chaval se merece una oportunidad. Si no ha llegado hasta nosotros por sus propios medios, lo único que se me ocurre, es o bien que se haya extraviado a la hora de seguir nuestro rastro, que se haya quedado atrás confiando en que volvamos a por él o que le haya ocurrido algo… y ese “algo” aquí y ahora, es una variable que ofrece una amplia gama de posibilidades a cual peor, sobre las que no me apetece pensar demasiado.

No tardo en llegar hasta la zona aproximada, en la que él se quedó rezagado. Detengo el vehículo y empleando casi tantos esfuerzos como doloridas maldiciones, consigo subirme sobre el capó y desde allí, me propongo efectuar un barrido con los prismáticos. Aunque no me hace falta utilizarlos, para ver una columna de humo que se alza en el horizonte. Su dirección, no está ni remotamente en la dirección que nosotros tomamos, aunque cuando uno anda perdido y todo el paisaje te parece similar, lo lógico suele ser caminar hacia algún punto de referencia fijo.

Vuelvo a colocarme tras los mandos del vehículo y tardo menos de diez minutos, en divisar la silueta de los dos jóvenes en el horizonte. Aunque el becario, se alegra visiblemente de verme, su ceñuda acompañante, no parece demasiado contenta con mi motorizada aparición.

Después de los saludos de rigor y de unos más que generosos tragos de agua, Greg me cuenta atropelladamente, que en cuanto vio la columna de humo, la joven se puso a chapurrear en su ininteligible idioma y que por lo que le pareció entender, podría tratarse de la aldea a la que se dirigía, cuando la encontramos.

- Bueno – le corto -, todo eso suena muy interesante. Ahora sube, que vamos con retraso.

El becario, me mira por unos ojos desorbitados por la sorpresa, la incredulidad o una mezcla de ambas.

- Pero, ¡no podemos dejar a Mosi aquí!. Con el land rover podemos acercarla a su casa en un plis plas.

Supongo que Mosi, es el nombre de su acompañante. Debo reconocer, que el chaval ha hecho progresos con ella, pero esa, es la típica actitud bienintencionada, que tantas comidas ha proporcionado a la fauna local.

- Puede que pienses – intento que mi tono de voz suene razonable, pero el dolor de mis costillas, no ayuda demasiado -, que esa columna de humo, pertenece a una puta barbacoa, pero eso significa problemas y de los gordos.

- ¡ Con más motivo tenemos que acompañarla entonces!.

Durante un par de segundos, acaricio la idea de poner en marcha el vehículo y abandonarlos de nuevo a su suerte. Aunque en el fondo sé, que no voy a poder hacerlo.

- Esta bien – accedo -, la dejamos allí y nos marchamos.

El muchacho se dirige alegremente hacia el asiento del copiloto, pero su acompañante, no parece demasiado convencida. Por mi parte, la desconfianza es mutua, pero finalmente y ante los gestos de Greg, se encarama en la parte posterior del vehículo.

Pongo de nuevo el destartalado cacharro en movimiento y acelero con suavidad. No me apetece ponerme a cambiar ruedas, pero intentar esquivar las piedras en medio de este terreno, es como intentar apartar los pelos del potorro de una peli porno de los setenta.

- ¿Duele mucho? – me pregunta Greg.

- Sólo cuando respiro – miento.

Sigo pensando en las tetas blanquecinas y en potorros sin depilar de películas como Garganta Projunda, para distraer mi mente del dolor. La aguja que debería indicar la velocidad, no funciona, aunque calculo que circulamos a unos cuarenta quilómetros por hora como mucho. Pero tengo la sensación, de que la columna de humo, se mantiene continuamente a la misma distancia.

- ¡ Mire un …!.

Greg deja la frase en suspenso, a medida que reconocemos inconfundibles andares de un muerto viviente. Esta mierda se está extendiendo con rapidez.

- ¿Crees que toda la aldea? …– pregunta mi copiloto -… ya sabes…

- Es lo más probable.

Llegamos junto al cuerpo, se trata de una mujer joven, que avanza semi desnuda, cubierta de polvo y suciedad, que nos dedica una mirada tan vacía como inquietante. La pasajera, dice algo en una jerga, que a mi me suena a chapurreo de pájaros, pero por lo menos no hace ninguna tontería.

A lo lejos, empezamos a distinguir los primeros y toscos edificios de la aldea, mientras empiezo a tener que afanarme por esquivar los torpes y macabros peatones, que hacen gesto de intentar atrapar el vehículo. Ya me imagino a papa zombi, aleccionando al pequeñín, diciéndole “eso es como el marisco, lo que se come es lo de dentro”. Finalmente, encuentro una zona medio despejada a unos escasos treinta metros del poblado, donde detengo el vehículo.

- Bueno, ¿va bien aquí?.

Greg me mira horrorizado.

- Pero…

- ¿Pero que? – respondo bastante irritado -. ¿Qué cojones esperabas encontrar?, ¿una bárbacoa y una banda de musica?.

- Yo…

- ¿Unas jodidas majorettes?.

La mirada del joven, se debate entre la tristeza, el horror y la incredulidad. Pero esta, es una lección muy necesaria para su educación. Si quiere conservar el pellejo en su sitio, será mejor que empiece a pensar de modo realista.

Estoy a punto de proseguir con el aleccionamiento de mi atónito copiloto, cuando con creciente horror, ve como la muchacha salta a tierra y se adentra a la carrera dentro de esa necrópolis que es ahora el poblado.

- ¡ Espera! – grita Greg.

Estoy a punto de ponernos de nuevo en marcha, cuando el joven, comete una nueva estupidez y abriendo la puerta, sale del vehículo en pos de la joven. Me consta que a esas edad y más cuando se tiene una generosa cantidad de lefa retenida, uno suele cometer todo tipo de gilipolleces. Pero esta, es digna de entrar en un hipotético “top ten” que de no existir, algún aburrido bastardo, debería crear.

- ¡Vuelve aquí estúpido bastardo! – le grito.

Pero de sobras sé que es inútil. Debo reconocer que los tiene bien puestos… aunque por ese camino, tiene más probabilidades de que le mastiquen los cojones, que de que le chupen la poya. Ahora, es a mi a quien me toca decidir entre dejarlos a su suerte o cometer otra estupidez.

Acelero suavemente, mientras empiezo a girar el volante. Nadie podrá reprocharme nada. He vuelto atrás a por él y incluso ha desperdiciado un tiempo precioso en acercarles hasta aquí. Pero no soy el jodido canguro de nadie. Termino de dar la vuelta del vehículo, mientras los fiambres, se las apañan para cercar el vehículo de un modo relativamente efectivo. Oigo un par de disparos de pistola. Parece que el becario, finalmente va a tener ocasión de utilizarla. Si es listo, guardará la última bala para él.




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MensajeTema: Re: El Despertar   Miér Abr 01, 2009 10:10 am

XXIV Garantía Adicional

Introduzco la marcha atrás para separarme de los fiambres andantes, que me cierran el paso. Es una auténtica jodienda, que esto termine así para Greg. Sobretodo, teniendo en cuenta el tiempo que me ha hecho perder. Detengo el vehículo y vuelvo a introducir primera, avanzo mientras giro el volante, pero los cadáveres, se las apañan para bloquear la pequeña obertura que había localizado. Posiblemente podría abrirme paso atropellándoles, pero mi última experiencia en ese sentido, me disuade. Este vehículo, está ya bastante destartalado. Vuelvo a frenar y a introducir la marcha atrás. No sé como, pero de alguna forma, los fiambres andantes, se están coordinando para cerrarme el paso. Recuerdo el caso de aquel joven que caminaba entre una horda de fiambres. ¿Les está dirigiendo alguien?. No he visto a nadie que parezca vivo por los alrededores. Freno, introduzco primera y giro el volante hacia la derecha, meto segunda sin dejar de girar, acelero, atravieso un bache y mis doloridas costillas, hacen que murmure una maldición, entre dientes. Acelero un poco más. Giro para intentar esquivar el cuerpo de un tipo fornido, pero le golpeo con un lateral y el vehículo se desvía ligeramente mientras aprieto los dientes.

- ¡Joder!.

Como las jodiendas gustan de la compañía, un neumático revienta sonoramente al pasar sobre algún pedrusco, pero no creo que este sea el mejor momento para cambiarlo. Giro y acelero con suavidad, quizás si me limito a empujar los cuerpos, estos terminen apartándose. Freno ligeramente disminuyendo la velocidad y mi corazón da un vuelco cuando el vehículo se detiene a pesar de que el motor sigue en marcha.

- Mierda.

Piso el acelerador, pero no puedo decir que me sorprenda, cuando mi destartalado todo terreno, se niega a moverse. He perdido tracción. ¿Tendrá esta carraca un sistema para activar la tracción de las cuatro ruedas?. Sé que suele consistir en una especie de palanca que generalmente se encuentra a la derecha. Varias manos insensibles y muertas, golpean contra el parabrisas.

Mierda, si sigo aquí dentro, van a destrozar el vehículo y entonces, ya puedo irme olivando de llegar hasta el punto de extracción.

Agarro el fusil de asalto y intento abrir la puerta, pero la red de carne muerta ya se ha cerrado y no van a soltar a su presa así como así. No deja de parecerme sorprendente, el hecho de que por un lado, hayan sido capaces de cercarme con tanta eficacia, sobretodo, teniendo en cuenta, que el tipo que manotea contra el parabrisas, tiene una cuenca ocular vacía en un lado y un pingajo blancuzco que cuelga desde lo que supongo es el nervio óptico en la otra. Es materialmente imposible, que pueda verme, claro que, también lo es el que los muertos caminen.

Tratando de apartar los extraños pensamientos y el lacerante dolor de mi mente, me concentro en salir de aquí, me desplazo agónicamente hacia la parte trasera del vehículo. El retroceso del arma, me tortura cuando abro fuego para despejar la salida, pero ese dolor, no es nada, con el que siento cuando salto a tierra. Noto un sabor salobre en la boca y se me humedecen los ojos, pero una mezcla de miedo y odio, hace que en lugar de soltar el arma y doblarme sobre mi mismo por el dolor, dispare un par de veces más.

En el caso de poder correr, estaría a salvo en cuestión de un minuto, pero el respirar, es ahora una horrorosa tortura. Pero aún y así, puedo moverme con mayor rapidez que esos aspirantes a granja de gusanos. Si no me dejo vencer por el pánico y no continuo en movimiento, puedo conseguirlo.

Camino con relativa rapidez apartándome del vehículo y de alguna forma, incluso el tipo sin ojos, empieza a seguirme. Sabe que estoy aquí incluso sin ojos… ¿a que distancia pueden detectarme?, ¿Cómo se coordinan?. Son lentos, pero cuando esta mierda se extienda, no tendrán que perseguirme, estarán por todas partes y sólo tendrán que esperarte. Sí. Estos cabrones a la larga, serán un peligro, sobretodo cuando llegue la noche.

Tropiezo con algo. El choque contra el suelo, es brutal. El arma escapa de mis manos, mientras me doblo sobre mi mismo por el dolor y pierdo el poco resuello que me quedaba. Boqueo como un pez fuera del agua. Soy levemente consciente, de que si no me pongo en pie, voy a morir de un modo atroz, pero sé que es inútil. Ha llegado mi hora y observo extrañamente fascinado, como la horda de cuerpos delgados, sucios y mutilados, se aproxima como si tuviera todo el tiempo del mundo. Sobre la frente del más próximo, una niña vestida únicamente con un pequeño pantaloncito de deporte de color naranja, se abre un pequeño agujero que apenas sangra. Unas manos se cierran sobre mis hombros y empujan.

- ¡Vamos levanta!.
Greg me coje por los hombros y tira hacia arriba de mi, pero yo sigo como si fuera un mero espectador, incapaz de moverme. Veo como la muchacha, Mosi creo recordar que se llamaba, estrella un rungu, una especie de porra de madera, contra la cabeza de una muchacha que extiende un muñón en su dirección.

- ¡Arriba! – repite Greg.

Y como una burbuja que revienta, salgo de mi aturdimiento. Profiriendo algo a caballo entre gruñido y maldición, me incorporo.

Llegar al vehículo es ya misión imposible. Todos los cuerpos que a nuestra llegada, no debí ver porque estarían tirados por el suelo, se han incorporado.

- ¿Cómo está el interior de la aldea?.

Tengo la sensación, de que Greg palidece aún más, suponiendo que eso sea posible, lo que me da una ligera idea, de las cosas que puede haber visto allí.

- Peor – responde.

Una mano muerta, agarra el bastón de Mosi, la muchacha, lo suelta, se tira por el suelo y toma el fusil de asalto que a mi se me había caído al suelo. La pequeña lo dispara de forma precisa y eficiente, segando con fuego semi automático, dos hileras de fiambres. Una vez en pie, empiezo a recuperar el resuello y mi mano derecha, se cierra alrededor de la empuñadura de mi pistola.

- ¿Nos abrimos paso a tiros hasta el coche? – pregunta Greg.

Muevo negativamente la cabeza.

- Está atascando y conseguiríamos que lo destrocen – después de hacer una pausa para tomar aire, prosigo -, les alejaremos, luego volvemos, lo sacamos del hoyo y nos marchamos de una puta vez.

Lo malo, es que en cuanto miro hacía atrás, veo otra horda de muertos andantes de enormes dimensiones saliendo de la aldea. Está claro que tenemos que salir de aquí, pero ahora la pregunta es : ¿hacia donde?.


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MensajeTema: Re: El Despertar   Dom Mayo 17, 2009 2:02 pm


XXV Intervención divina



La entrada de la pequeña aldea, vomita una olorosa procesión de cuerpos tambaleantes. ¿De donde rayos deben salir?, dudo mucho que el lugar estuviera tan densamente poblado. Unos van semi desnudos, otros visten polvorientas prendas de colores y incluso veo a varios con ropa mimetizada. Puede que una horda haya llegado mientras los paramilitares hacían una operación de castigo o incluso un reclutamiento, pero salgan de donde salgan, lo que ahora importa, es que aunque quizás fuesen enemigos irreconciliables en vida, ahora están cercándonos en comandita con una eficacia, que no sería posible de no ser capaces de coordinarse entre si de alguna forma. No podemos volver al vehículo ni internarnos en la aldea, así que nos abrimos paso por la única zona más o menos despejada. Se agoto el cargador del fusil de asalto que ahora empuña Mosi y la muchacha retrocede para tomar los dos que quedan en mi porta cargadores. En la pistola se encuentra mi último cargador y ignoro cuanta munición llevará para la suya Greg. El efecto de los calmantes debe estar disipándose, pero el miedo y la adrenalina, se combinan para espolearme como a un jamelgo al que unos gitanos hubiesen metido una descomunal guindilla por el ojete.

La buena noticia, es que la inexpresiva marea de cuerpos animados, ignora por completo el vehículo, centrándose en nuestra implacable persecución. La mala, es que el land rover está atascado en el fango y que una legión de lentos y putrefactos muertes ambulantes, lo convierten en un objetivo casi tan inalcanzable como la luna. Esto pinta mal lo mire como lo mire. Sé que tiene que haber un modo de dirigir a estos seres. Aún recuerdo a aquel joven que parecía controlarlos como si de un rebaño se tratara o a ese puto demente de Malik. ¿Realmente había sido poseído por algún tipo de espíritu maligno?, ¿es un chalado con personalidad múltiple?.

- Vamos, ¡aguanta un poco más! – dice Greg -, ya casi estamos llegando.

No consigo reunir el suficiente aliento como para preguntar a donde, pero al levantar la vista, veo una especie de construcción, que poco tiene que ver con los edificios de la aldea. El lento tableteo del arma de asalto cesa cuando la muchacha agota otro cargador y introduce el último. Aunque tiene puntería y está claro que sabe utilizarlo, está derrochando la munición, nuestros perseguidores no suponen un peligro inmediato. Querría decirle que racionara la munición y abriera fuego sólo cuando fuera estrictamente necesario, pero ni creo que ella me entendiera ni tengo fuerzas para otra cosa que no sea seguir dando un paso tras otro.

El suelo parece temblar bajo mis pies, durante unos segundos, estoy casi seguro de que se trata de un temblor de tierra, pero cuando yo soy el único que termina derrumbándose en el suelo, me doy cuenta de que se trata de un mareo. Greg tira de mi, pero cuando intento incorporarme, soy consciente de que no voy a poder llegar. Es inútil, hasta aquí he llegado.

- ¡ Vamos arriba! – grita el joven becario.

Ahora es cuando tendría que decirle heroicamente que me dejen aquí, pero ni de coña me resigno a ser devorado vivo, así que aprieto los dientes, cierro los ojos y apoyando una mano en el suelo, para mitigar en lo posible la sensación de mareo, intento incorporarme con todas las fuerzas que consigo reunir. Lo consigo, doy dos tambaleantes pasos apoyado en Greg, luego tropiezo y ambos nos derrumbamos de nuevo en el suelo. La boca se me llena de algo amargo que vomito violentamente. Soy vagamente consciente, de que Mosi está gritando algo en un idioma inteligible, mientras abre fuego. Pero la poca ventaja que teníamos, debe estar reduciéndose al mismo ritmo que la munición.

Me tiendo de espaldas y abro los ojos. Sorprendentemente no veo buitres, supongo que hasta esos cabrones con plumas, deben de haberse encontrado desbordados. Tomo la pistola dispuesto a volarme la cabeza de una puta vez, pero Greg me desarma de una patada.

- ¡¿Qué coño haces?! – pregunta entre sorprendido e indignado.

- ¡Lárgate de una puta vez! – escupo más que digo -, estoy acabado.

- Ya casi está aquí.

Supongo que se refiere a los cadáveres que van a darse un festín, hasta que oigo por encima de las detonaciones del arma, el inconfundible sonido de un motor.

- Pero que cojones… - levanto la cabeza y el mundo da vueltas caóticamente como si un montón de enanos cabrones, me hubieran colocado sobre una descomunal ruleta que se dedicarán a hacer girar.

Mis arcadas empeoran, mientras Greg dispara con su pistola o quizás con la mía, lo único que puedo ver, es el cielo africano, que será todo lo limpio y bello que quieran, pero que cambiaría ahora mismo por el plomizo cielo de una contaminada ciudad industrial.

El sonido del motor ya está muy cerca. Dejo de oír el tableteo del arma de Mosi, por lo que supongo que se ha quedado sin munición. No más exorcismo de cuproníquel contra el demonio del terror por una muerte horrible. Nunca he sido optimista, de hecho, me considero un pesimista por elección fruto de la experiencia, pero si salgo de esta, prometo plantearme el cambiar eso. El vehículo se detiene junto a nosotros, girando la cabeza hacia mi derecha, veo el land rover de aspecto más destartalado que pueda recordar, se trata de un vehículo que en algún momento lejano, alguien debió pintar de un color remotamente parecido al blanco y sobre el que el polvo y la suciedad, compiten por cubrir unas letras que cuyo significado no acierto a descifrar, una voz de marcado acento portugués, nos grita que subamos, antes de que lo que suena como un cañonazo, me impida escuchar mucho más. Entre Greg y Mosi, que ya se ha deshecho de mi arma, se las apañan para arrastrarme como fuera un saco, en dirección al vehículo, en el que un tipo barbudo, delgado y de aspecto correoso, con aspecto de traficante disfrazado de sacerdote, dispara lo que parece un rifle para cazar elefantes, que parece tan baqueteado como letal.

Soy acomodado con la misma delicadeza que un campesino cargaría un saco de estiércol en su carro, lo que no contribuye a mejorar mi mareado estado.

El tipo del rifle, acciona el pesado cerrojo de su arma y se produce otro cañonazo mientras farfulla algo sobre la eterna condenación en lagos de azufre.

El motor ruge como un león tuberculoso, al acelerar y mis arcadas empeoran cuando todo empieza a botar por los baches, por suerte para el suelo del destartalado vehículo, mi estómago ya no tiene nada que evacuar. Cierro los ojos y hago lo que puedo por pensar en cualquier otra cosa que no tenga que ver con el torturante dolor de mis costillas, el estruendo que me rodea, parece ir perdiendo volumen, pero aún alcanzo a oír al extraño tipo de acento portugués preguntando:

- ¿Por fin la ONU se ha decidido a intervenir?.

Si el sucio tipo de la cruz de madera y la canana de municiones, nos ha tomado por cascos azules, no quiero ni pensar en la graduación de su vino de misa.




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