Ultramundo

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 Extraños Relatos

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MensajeTema: Extraños Relatos   Extraños Relatos Icon_minitimeMar Jul 22, 2008 11:20 pm

¡Muy buenas a todos! Extraños relatos es el nombre que le he puesto a un conjunto de historias cortas que he escrito.
De vez en cuando añadiré una. Espero que os gusten (si no, no me pongáis verde jejeje).

-------------------------------

El armario

Los pasos resonaban por todo el portal. Estaba subiendo por las escaleras mientras sacaba las llaves. Llegó al piso tercero y abrió la puerta que correspondía a la letra ‘B’. Entró con paso lento y pesado, la jornada laboral había sido demasiado larga, y cerró la puerta. Anduvo un poco y tiró las llaves encima del taquillón que había a mitad de pasillo. Siguió caminando y entró en el comedor. La estancia no era muy grande pero estaba bien iluminada. Pasó directamente al pasillo que daba a las habitaciones y se metió en la suya. Se tumbó en la cama y se durmió.

Al final del pasillo había otra habitación más pequeña. De repente la puerta del armario se abrió y cerró bruscamente. El hombre se despertó y miró en esa dirección. Nada se movía allí. Se incorporó y se quedó sentado en la cama poniendo los pies en el suelo. Miró con cara extrañada y se puso en pie.
Caminó lentamente hacia la habitación pequeña y se detuvo en la entrada. No había nadie dentro. Siguió caminando y abrió la puerta del armario. Sólo había ropa en el interior. Apartó unas camisas colgadas en perchas pero no había nada.
Cerró la puerta del armario y salió al pasillo.
¡PUM! La puerta se abrió y cerró de nuevo. El hombre se detuvo en seco y giró sobre sus pies. Esta vez caminó más deprisa y abrió la puerta del armario de forma violenta.
Nada. No había nada salvo ¡la ropa! Una manga de chaqueta le envolvió el cuello e intentó arrastrarlo hacia adentro. Habían aparecido dos puntos luminosos dentro del armario que ahora parecía no tener fondo. Luchó con todas sus fuerzas, pero una masa de mangas le rodeó las piernas, los brazos, la cintura… Trató de gritar pidiendo auxilio pero se dio cuenta de que otra manga le había cubierto la boca, y lo único que pudo hacer fue dar un grito apagado que ni él mismo escuchó antes de ser absorbido por el armario.
La puerta se cerró de forma violenta.


FIN
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MensajeTema: Extraños Relatos   Extraños Relatos Icon_minitimeMar Jul 22, 2008 11:21 pm

Trofeos

Edu, el compañero de piso de Dani, siempre había sido un bicho raro, desde que lo conoció en el instituto. Era alto y delgado, de pelo largo y castaño, ojos verdes y vestía siempre un chándal. Dani era más bajo que Edu, tenía el pelo castaño y los ojos oscuros. Siempre iba en vaqueros.
Edu era un chico solitario. Evitaba cualquier tipo de contacto con el mundo y pasaba todas las tardes en su habitación. Él decía que tenía un hobby: coleccionar trofeos. Pero nunca dejaba que los vieran. Cada vez que Dani o Carlos (un amigo de los dos, alto, de pelo castaño y corto) intentaban verlos, él enloquecía y les echaba de la habitación a empujones. Luego cerraba con llave. Después de eso se podían escuchar todo tipo de maldiciones, blasfemias e insultos a través de la puerta.

Dani estaba viendo la tele mientras Carlos se hacía un bocadillo en la cocina. Edu estaba en su habitación como siempre inmerso en su hobby, con la puerta cerrada.
Carlos volvió de la cocina con un bocadillo enorme de chorizo en una mano y dos botes de Coca-Cola en la otra. Le dio uno a Dani y puso el otro en la mesa.
- Pero este tío está mal de la olla, ¿no? –preguntó Carlos.
- Eso parece, pero por lo menos paga su parte del piso siempre –respondió Dani.
- ¿Crees que nos dejará verlos?
- El qué, ¿los trofeos? No creo. Ya sabes lo que pasa si entramos.
- ¿Alguna vez te deja solo?
- Sí, pero da igual. Cierra su habitación con llave.
- ¡Joder, qué mierda!
Pasaron un rato hablando sobre qué tipo de cosas guardaría Edu en su habitación. Al final Dani se puso a dormir la siesta y Carlos fue a ver a Edu.

Dani se despertó dos horas después y se frotó los ojos. Vio que Carlos no estaba y que la luz del baño estaba encendida. Fue hacia allí.
Se encontró a Edu sentado sobre la taza del váter con el pelo revuelto y las manos en la cara. Se movía hacia delante y hacia atrás nerviosamente repitiendo una frase.
- Lo he hecho, lo he hecho…
Dani se quedó mirando extrañado, más porque la habitación de Edu estaba abierta que por verle en ese estado. “¡Guay!”, pensó Dani. “¡Ahora podré ver qué trofeos tiene! Aunque es una pena que Carlos no esté… bueno, ya le contaré”.

Dani entró en la habitación de Edu. Una puerta del armario estaba entreabierta y algo colgaba desde dentro. Dani abrió la puerta. Se le descompuso la cara.
Dentro del armario estaba la cabeza de Carlos junto con otras más. Lo que colgaba era un pedazo de carne del cuello de una cabeza que Dani reconoció al instante, ¡Era de la profesora de ética del instituto! Dani permaneció quieto un largo rato mirando con repugnancia las cabezas. Luego cerró la puerta del armario.
Salió de la habitación con cara de asco, aguantando las arcadas. No se había dado cuenta de que Edu se había callado.

La luz del baño seguía encendida. Dani se asomó pero Edu ya no estaba. Salió del baño y se lo encontró delante de él. Las facciones de su cara se habían torcido formando una sonrisa siniestra. Sus ojos estaban tan abiertos que podían habérsele salido de las órbitas con un pequeño movimiento. En la mano derecha llevaba un cuchillo de unos treinta centímetros que brillaba con la luz que salía del baño. Dani se quedó petrificado y Edu dijo:
- ¡Otro trofeo!
Un haz de luz surcó el aire y la cabeza de Dani se separó de su tronco emitiendo un sonido repugnante.


FIN
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MensajeTema: Extraños Relatos   Extraños Relatos Icon_minitimeMar Jul 22, 2008 11:22 pm

Metafísica

Dormía tranquilamente tumbado en el sofá de su casa. Estaba tomando la siesta como cualquier persona después de la comida. Se llamaba Carlos y era alto, tenía el pelo castaño y corto y usaba gafas. Su compañero de piso estaba en la habitación usando el ordenador. Eduardo era su nombre y era alto y delgado, con el pelo castaño y largo.

¡PANG! Algo sonó en una de las habitaciones. Carlos se despertó exaltado y mirando de un lado a otro. Tras restregarse los ojos, bostezar y sacudirse la ropa, se levantó torpemente del sofá con los ojos entrecerrados y caminó lentamente hasta el pasillo que daba a las habitaciones. Había tres en total, dos de ellas una en cada extremo del pasillo y la otra a la mitad. Entró en la habitación del extremo derecho y no vio nada extraño. Su amigo no estaba ahí. Seguidamente entró en la habitación que estaba situada a mitad del pasillo. Nuevamente no encontró nada, pero ya sabía donde estaba su amigo e iría a preguntarle algo, no sin antes despejarse.

El baño no era muy grande y estaba mal iluminado. Carlos entró y sacó un peine de un pequeño armario con puerta de espejo. Lo dejó sobre el lavabo. Acto seguido se lavó la cara, se secó con una toalla y se peinó. Volvió a dejar el peine en el armario y la toalla en su sitio. Salió del baño y apagó la luz.

− ¡Eh, tío! ¡Que me has despertado! ¿Qué cojones estás hac...?
La frase quedó suspendida en el aire. La imagen lo dejó petrificado. Su amigo estaba sentado en la silla del ordenador mirando la puerta, peri sin ningún signo de vida. Una delgada línea roja salía de su boca y llegaba hasta su barbilla. De pie a su lado había un hombre de mediana edad con pelo estrambótico y ropas informales. Llevaba una pistola en la mano. Sonreía de forma siniestra.
Carlos se giró hacia la puerta respirando entrecortadamente, pero algo detuvo su huída. Su amigo, que unos segundos antes estaba sentado en la silla y sin vida, ahora estaba tendido en el suelo en medio del pasillo mirándolo fijamente. Volvió a girar para entrar en la habitación. Edu volvía a estar sentado en la silla. No había rastro del otro individuo. La silla giró hasta que la vista de los dos amigos se cruzó.
− ¿Pero qué es esto? –preguntó Carlos.
Volvió a girar para salir corriendo aprovechando que no estaba el hombre armado. Se lo encontró frente a él con una sonrisa maliciosa, apuntándole directamente a la cabeza.
Carlos cogió aire por última vez antes de sentir el aliento de la bala.


FIN
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MensajeTema: Extraños Relatos   Extraños Relatos Icon_minitimeMiér Jul 23, 2008 12:19 pm

¿Tienes un clinex?

Caminaba con paso decidido hacia el coche y con la pistola en ristre. Iba con una chaqueta de camuflaje y gafas de sol.
En el coche había dos personas discutiendo.
− ¡Pero que lo has dicho antes! –dijo uno.
− ¡Que no, joder! –dijo el otro.
− ¡Que sí, coño!
− ¡Que te repito que no!
− ¡Venga hombre, vete a tomar por cu…! –no terminó la frase. Vio que se acercaba alguien con una pistola en la mano. –Arranca, vamos…
− ¡Pero que dices! –respondió el otro. -¿Se te ha olvidado que estamos esperando a alguien?
− Joder, arranca… que viene un tío… -señaló fuera del coche. El otro se giró y vio demasiado tarde que el tío con la pistola en la mano estaba al lado del coche.
Se agachó y apoyó los codos en el hueco de la ventanilla, pues ésta estaba bajada, y preguntó:
− ¿Tienes un clinex?
Su voz era grave y mortuoria. Su expresión era seria.
− S… s… sí –dijo el que estaba al volante y sacó un paquete de la guantera. Extrajo uno y se lo dio. El hombre lo cogió y su expresión cambió.
− ¡Gracias! –dijo con una sonrisa en la cara. –Era para limpiar la pistola.
Se fue andando limpiando la pistola. Los dos amigos se miraron. El conductor subió la ventanilla y arrancó el motor.


FIN
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MensajeTema: Extraños Relatos   Extraños Relatos Icon_minitimeMiér Jul 23, 2008 12:20 pm

Tarde de tormenta

La lluvia repiqueteaba sobre las ventanas de la cocina mientras enormes lenguas de luz surcaban el cielo iluminando todos los rincones de la estancia. Después, el estruendo hacía vibrar el piso entero. Eduardo estaba preparándose una cena a base de huevos y patatas. Era un chico alto y delgado con el pelo largo y castaño. Llevaba unas gafas rojas que distorsionaban sus ojos haciéndolos más pequeños de los que realmente eran. Le conferían un aspecto cómico.

Creyó oír un ruido en el baño y fue a mirar. La ducha estaba encendida y caía agua. Bajó la palanca que accionaba la ducha y miró al peluche que colgaba de la pared. Tenía forma de cangrejo, era de color azul, tenía una sonrisa cosida con hilo rojo y como ojos tenía dos grandes círculos negros.
− No me vuelvas a encender la ducha, ¿eh? –dijo bromeando.
El peluche lo miraba con su sonrisa cosida sin decir nada. Eduardo abandonó el baño y fue al comedor a cenar.

Al día siguiente, nada más llegar del trabajo, se encontró la ducha encendida y al peluche en la bañera. Accionó la palanca y la ducha dejó de expulsar agua. Colocó al peluche en su sitio y se quedó mirando un largo rato.

Estaba preparándose la merienda y miró por la ventana.
− Otra vez lloviendo –dijo.
De repente sonó un golpe y de nuevo el repiqueteo del agua de la ducha contra el mármol de la bañera. Esta vez se dirigió al baño mirando desconfiado a todas partes. Se creía que alguno de sus amigos le estaba gastando una broma. Una broma pesada.
Llegó al baño y vio la alcachofa de la ducha tirada en la bañera echando agua. El peluche seguía en su sitio pero juraría que había cambiado de posición. Apagó la ducha y miró en todas las habitaciones de la casa esperando que saliese uno de sus amigos y se riera en su cara, pero no había nadie más en la casa.
Salió al comedor pasando por delante del baño sin percatarse de que el peluche tenía una expresión malvada.
Nada más entrar en el comedor una masa azul le atacó...


FIN
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MensajeTema: Re: Extraños Relatos   Extraños Relatos Icon_minitimeMiér Jul 23, 2008 12:21 pm

Después de la tormenta

La puerta de la calle se abrió de repente y un hombre con ganzúas y una linterna entró en el piso y cerró la puerta. No había ningún signo de luz en la casa. El ladrón se quedó pensativo y dijo: “necesito un cuchillo”. Fue hacia la cocina y registró un cajón pero no encontró nada. Abrió otro cajón y allí estaban los cuchillos. Cogió el más grande y cerró el cajón.
Salió de la cocina, porque no encontró nada de valor, y atravesó al pasillo hasta llegar al salón. Después de registrarlo a conciencia no encontró nada, excepto un billete de cinco mil pesetas y unas gafas rojas (que empequeñecían los objetos) al lado de un peluche con forma de cangrejo. Giró y le pareció ver algo moviéndose en el suelo, pero no había nada.
Se fue hacia el otro pasillo, que daba a las habitaciones. Había tres, una en cada extremo y otra a mitad del pasillo. También estaba el baño. Después de mirar en todas las habitaciones sin encontrar nada de valor y apuñalar en una cama lo que creía que era alguien (pero resultó ser un montón de ropa y un peluche azul con forma de cangrejo), se metió en el baño.
− Pues vaya una mierda de casa, no hay nada que robar –dijo el ladrón y miró hacia la ducha. Lo único que había allí era un peluche azul con forma de cangrejo–. Y otra vez ese jodido peluche de mierda. ¿Cuántos tienen?
Salió del baño y fue al salón.
− A ver si en la casa de al lado encuentro algo.

La ducha se encendió de repente y el ladrón se giró. La linterna se le escurrió de los dedos cuando algo le golpeó la nuca. Se estrelló sin vida contra el suelo y delante de la linterna cayó un peluche azul.


FIN
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