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 Crítica de "Destino Woodstock" de Ang Lee

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Ricci

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MensajeTema: Crítica de "Destino Woodstock" de Ang Lee   Miér Sep 23, 2009 6:07 pm



Título: Destino Woodstock

Director: Ang Lee

Guión: James Schamus

Producción: James Schamus, Ang Lee y Celia Costas

Producción ejecutiva: Michael Ausman

Autor del libro: Elliot Tiber

Coautor del libro: Tom Monte

Director de fotografía: Eric Gautier, AFC

Diseño de producción: David Gropman

Montador: Tim Squires, ACE

Música: Danny Elfman.

Diseño de vestuario: Joseph G. Aulisi

Casting: Avy Kaufman, CSA

Supervisión musical: Joe Boyd

Actores: Demetri Martin, Dan Foggler, Henry Goodman, Jonathan Groof, Eugene Levy, Jeffrey Dean Morgan, Imelda Staunton, Paul Dani, Kelli Garner, Marie Gummer, Emile Hirsch, Liev Schrieber

Año: 2009

Duración: 121 minutos


Afirma Ang Lee, paradójicamente, que para el las drogas son sus películas; que a través de ella expresa sus temores o sus miedos, lo que viene a ser una válvula de escape en 35 milímetros, vaya.
El que haya visto Hulk, sabrá de lo que le hablo, aunque más que drogas era un mal viaje. Pero no le culpemos del todo. El que conoce su trayectoria someramente sabrá que es más de dramas intimistas estilo “Brokeback Mountain” o “Deseo, peligro” que del cine hipertrofiado y adrenalínico que fueron los primeros experimentos del cine superheroico tipo blockbuster.
Afortunadamente, Ang Lee vuelve a un terreno que le es de sobra conocido en esta película, la de contar una historia de personas que tratan de afrontar la vida de la mejor manera que saben y que, más que vivir se limitan a sobrevivir, más por conflictos internos que externos, ciertamente. Lo que se llamaría un quiero y no puedo extendido durante toda la duración de la película.




Sin embargo, para contar una historia así (que las hay) y de personajes que vuelven a su punto de partida (idem), no se debería de haber escogido un fenómeno como el que resultó ser Woodstock, que visto lo visto, tengo la suficiente fe como para creer que cambió la vida de todo aquel que estuvo relacionado con el de una manera u otra.


De hecho, da pena pensar que, 40 añazos después de aquel evento, las sensaciones que debieron de haber producido en la sociedad de entonces parecen haberse diluidos como una aspirina efervescente, salvo que puede que hayan evolucionado para sobrevivir al cambio de siglo, y se han compactado y transformado en, quizá, la supuestamente nueva era que se abre con la presidencia de Obama. Y ojo, que esto no lo digo yo, si no el propio Lee. Y el que estemos de acuerdo o no, ya es harina de otro costal, y no le quita calidad a la película, que es lo que en el fondo vengo a defender aquí.
Pero ¿Qué es lo que la película nos ofrece? Pues la trastienda de Woodstock, pero lejos del efecto documental. Para eso, ya está el excelente (y largo) documental de 1970 de Michael Wadleigh titulado sucintamente “Woodstock” y que se llevó alguno de esos Oscar que concede la Academia para que parezca que conocen el signo de los tiempos. Lee se refugia en, al menos la primera parte de la cinta, el descubrimiento de unos personajes a través de una serie de tareas autoimpuestas según que casos y que les lleva a conseguir hacer cosas para las que, sobre todo por su edad, no parecen adecuados.


Pero así es el espíritu humano de impredecible, aspecto que se deja entrever en todo lo que es capaz de levantar un grupo de personas que creen en un proyecto con poco tiempo y la oposición de una buena parte de la fauna y flora locales. En realidad, se nota como poco a poco el proyecto va haciéndose tan grande que es como tratar de poner puertas al campo, por lo que rápidamente la intención de Lee bascula en usar el festival como excusa para mostrar lo que es capaz de producir, a mostrar los cambios profundos que se pueden llegar a dar si uno se deja llevar por su instinto y la situación, muy a pesar de que todo parezca en contra, sobre todo parte de la sociedad misma.
Esta situación de rebeldía de los personajes es esencial para definir su compromiso con Woodstock. No es que a la mayor parte de ellos le importe que toquen The Grateful Dead, The Doors, Jefferson Airplane, Country Joe and the Fish. . . . si no que más bien despertaron a los tiempos de cambio que por aquel entonces empezaban a soplar.
En realidad, Woodstock fue la excusa perfecta para concretar todos esos esfuerzos de cambio en un lugar y una fecha determinados, y para dejar tocados por ellos a todos los que pudieron vivirlo de una u otra manera. Pero esto ya lo he dicho antes. Y si lo repito es por que creo que ese es el mensaje que Lee quiere recalcar, aunque el ejercicio de pasar de los particular a lo general, lo debe de hacer el propio espectador, aunque támpoco le costará tanto si se deja impregnar por la atmósfera con la que lee dibuja todos los límites formales de los personajes, que pronto parecen empequeñecidos con la magnitud de lo que son capaces de hacer, cuando se apoyan los unos a los otros.






Sin embargo, el proceso de cambio del personaje principal, Elliot Teichberg, derrapa cuando este quiere ser uno más de todos los que disfrutan Woodstock, cuando se nota que no es uno de ellos; no al menos en estilo de vida, si que en cuanto a la manera de verla, como demuestra en su primer encuentro con Vilma, germen que luego le permitirá descubrirse y aceptarse tal y como es, y lo que es más importante, descubrir como son sus padres en realidad. Pero tranquilos, que Lee no emborrona la relación entre ellos con la típica escena pasada de vueltas y algo empalagosa, si no que se limita a dejar la cámara para que seamos testigos de la natural evolución de la relación no entre unos padres y su hijo, si no entre tres adultos que se tienen afecto.




Mientras tanto, el festival campa por sus anchas durante buena parte de la película, y esta vez Lee sabe sacar partido de la pantalla partida para dar lugar a un fresco que nos muestra con bastante exactitud como era la vida en Woodstock durante aquellos días, o al menos no deja que el festival quede como una mera excusa para poner titulo al film, si no que es igualmente estudiado también desde, y aquí viene lo importante, el punto de vista de los participantes anónimos y de los detractores, aunque si bien estos últimos támpoco pudieron hacer nada por evitar la marea humana y de nuevas ideas que les invadió durante esos tres días de Agosto de 1969.


En realidad, hacer una película de este estilo siempre va a dejar a algún estudioso con las ganas de que se hubiera tratado más extensamente cualquier punto de vista de los que se muestran en el film, pero no olvidemos que no se trata de un documental, si no de la bandera que ondearon las nuevas ideas y las personas, tanto las que las traían como las que no se acorazaron ante ellas, y que de eso trata la película; de cómo las nuevas ideas pueden llegar a cambiar razones y corazones, y de cómo estas deben de renovarse en cada generación para permitir que la siguiente aprenda de la anterior.
Pero por desgracia, tan sólo ha habido dos Woodstocks hasta la fecha. Y del segundo, nadie creo que quiera hacer una película, por que incluso con el merchandising y el apoyo mediático, resultó bastante insulso, al menos a nivel ideológico, al igual que todos los macrofestivales que pululan por nuestra geografía cada vez que el sol se decide a pasar una temporadita por aquí.
En resumen, que hacen falta más Woodstocks, pero no más festivales musicales. Y no creo que sea bueno que esta generación y las venideras se queden con la visión parcial, por aquello de la falta de tiempo, aunque muy recomendable, de Ang Lee. Peor, corremos el peligro de que, al provenir de un director considerado “de culto” y “para minorías”, se pierda en cineclubes y cines de versión original subtitulada. Si dejamos que eso ocurra, que no nos extrañe que un día de estos, una producción de los Wachowsky o de Bruckenheimer sea considerada como icono de su generación.
Avisados quedaís.
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